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¿Ha capitulado Banxico ante la inflación? El debate sobre la neutralidad

Con la tasa de referencia en 6.5%, surge la pregunta incómoda: ¿el banco central mexicano abandonó la batalla contra los precios, o simplemente reconoce una realidad económica ineludible?
¿Ha capitulado Banxico ante la inflación? El debate sobre la neutralidad

¿Ha capitulado Banxico ante la inflación? El debate sobre la neutralidad

La pregunta que algunos analistas lanzan con cierta dramaticidad—¿tiró Banxico la toalla?—refleja una tensión profunda en el debate económico contemporáneo. Cuando la tasa de referencia se estabiliza en 6.5 por ciento, dentro de lo que los especialistas denominan el rango neutral, no estamos ante un fracaso técnico, sino ante un reconocimiento de los límites de la política monetaria.

Hay que ser claro: esto no es capitulación. Es algo más complejo y, en cierto sentido, más honesto que pretender controles absolutos que la realidad no permite.

La inflación es un fenómeno multifactorial

Durante los últimos años, la inflación en México ha sido impulsada por factores que rebasan el alcance de cualquier banco central. Los choques en cadenas de suministro globales, la volatilidad de precios energéticos, las presiones cambiarias derivadas de la política monetaria estadounidense, y las dinámicas propias de una economía tan integrada al comercio internacional crean un escenario donde los instrumentos tradicionales tienen capacidad limitada.

Banxico, como la mayoría de autoridades monetarias en América Latina, se encuentra en una posición incómoda: responsabilizado por la inflación pero con herramientas que tocan apenas una parte del problema. Las críticas que recibe cuando los precios suben vertiginosamente olvidan este matiz fundamental.

¿Qué significa realmente la «neutralidad»?

La noción de una tasa neutral no es un invento de este sexenio ni de esta administración. Es un concepto económico establecido: aquella tasa de interés que ni estimula ni contrae la economía, permitiendo que crezca a su ritmo potencial sin presiones inflacionarias adicionales.

Si Banxico sitúa su tasa de referencia en 6.5 por ciento dentro de este rango, lo que está diciendo es: «Hemos subido tasas lo suficiente; continuar elevándolas más podría generar daños mayores a la economía real sin necesariamente resolver el problema inflacionario que nos aqueja». Esta es una decisión de política económica legítima, aunque incómoda para quienes esperaban más agresividad.

El costo de seguir apretando

Aquí está lo que muchos comentaristas no mencionan con suficiencia: continuar aumentando tasas cuando ya se está en territorio neutral conlleva costos reales. Empresas que invierten menos, personas que posponen compas de vivienda, proyectos que se cancelan porque el financiamiento se vuelve prohibitivo. En una economía como la mexicana, con crecimiento vulnerable y desempleo persistente, esto importa.

Otros bancos centrales en la región—en Brasil, Chile, Perú—enfrentaron dilemas similares. La mayoría llegó a conclusiones parecidas: hay un punto donde subir más tasas genera más problemas que soluciones.

La pregunta que deberíamos hacer

En lugar de preguntar si Banxico «tiró la toalla», quizá deberíamos interrogar por qué esperamos que un solo instrumento resuelva un problema multicausal. La inflación sostenida requiere respuestas en múltiples frentes: política fiscal responsable, inversión en infraestructura que reduzca cuellos de botella, regulación que aumente competencia en sectores concentrados.

El banco central puede controlar dinero. No puede gobernar el clima, ni las decisiones de Trump sobre aranceles, ni los choques de oferta global. Aceptar estos límites no es debilidad; es realismo.

Un dilema sin soluciones perfectas

La verdad incómoda es que Banxico está atrapado entre la exigencia de controlar precios y la necesidad de no destrozar una economía ya frágil. La tasa en 6.5 por ciento es un punto de equilibrio, no una victoria ni una derrota, sino un reconocimiento de que en economía casi nunca ganamos completamente.

Lo que sí podríamos exigir es transparencia sobre estas decisiones y coherencia de los gobiernos en no presionar a los bancos centrales para que resuelvan lo que ellos mismos no están dispuestos a enfrentar. Eso, al menos, sería un comienzo honesto.

Información basada en reportes de: El Financiero

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