Lunes, 7 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Amecameca entrega certificados agrarios a cientos de familiasÉxito rotundo del primer encuentro de gastronomía mexiquense en OcoyoacacA días del tercer informe: números vs. realidad en el Estado de MéxicoAzucena Cisneros respalda a Sheinbaum en defensa de la soberanía nacionalLa Paz realiza Mega Jornada de limpieza en paradero del MetroPolicía de Ecatepec localiza a tres menores desaparecidos en 24 horasNezahualcóyotl intensifica jornadas de limpieza en avenidas principalesGolpe a la tala clandestina: aseguran maquinaria y madera en XalatlacoAmecameca entrega certificados agrarios a cientos de familiasÉxito rotundo del primer encuentro de gastronomía mexiquense en OcoyoacacA días del tercer informe: números vs. realidad en el Estado de MéxicoAzucena Cisneros respalda a Sheinbaum en defensa de la soberanía nacionalLa Paz realiza Mega Jornada de limpieza en paradero del MetroPolicía de Ecatepec localiza a tres menores desaparecidos en 24 horasNezahualcóyotl intensifica jornadas de limpieza en avenidas principalesGolpe a la tala clandestina: aseguran maquinaria y madera en Xalatlaco

Gobierno y prensa: una relación tóxica que debilita la narrativa oficial

Análisis sobre el deterioro de la relación entre poder y medios en México, donde la censura velada y los conflictos exponen las grietas de una administración que pierde el control de su discurso.
Gobierno y prensa: una relación tóxica que debilita la narrativa oficial

Gobierno y prensa: una relación tóxica que debilita la narrativa oficial

La tensión entre el gobierno y los medios de comunicación en México ha llegado a un punto de quiebre que expone las fragilidades de la actual administración. Lejos de ser un conflicto nuevo, esta confrontación tiene raíces profundas en la historia política del país y refleja un problema estructural: la incapacidad del poder para tolerar la crítica.

El presidente Enrique Peña Nieto alguna vez dijo a los periodistas: «¡Ah! Ustedes no aplauden». Y tenía razón, aunque no en el sentido que pretendía. Los periodistas no están para aplaudir; están para señalar, criticar y analizar. Sin embargo, esta verdad fundamental ha sido sistemáticamente erosionada por una perversión mutua: los gobiernos han buscado controlar la información, y los medios han aceptado convertirla en un producto comercializable.

Cuando la comercialización corrompió la profesión

El deterioro de la relación prensa-gobierno no es accidental. Comenzó cuando Luis Echeverría, desde la Secretaría de Gobernación, impulsó la creación de direcciones de comunicación social diseñadas específicamente para centralizar la narrativa estatal. Un mecanismo de control que se consolidó cuando llegó a la presidencia y que sentó el precedente para gobiernos posteriores.

Los dueños de los medios descubrieron la rentabilidad de la información. Los periodistas, por su parte, aceptaron que su oficio se convirtiera en negocio. En esta transacción, ambos perdieron: el periodismo perdió su función crítica e investigadora; el gobierno ganó temporalmente el control de la narrativa, pero a costa de legitimidad.

Como señaló López Portillo: «No les pago para que me peguen». La frase captura la esencia de esta relación corrupta donde el dinero reemplaza a la verdad. Pero el amor pagado nunca es amor; solo es negocio, y los negocios terminan cuando dejan de ser rentables.

La actual administración pierde el control

La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta hoy las consecuencias de esta dinámica. Los conflictos recientes —desde la lista de Luisa María Alcalde, consejera jurídica, que buscaba «quemar» a medios críticos, hasta la desafortunada carta de Andy López Beltrán a Donald Trump— han logrado lo opuesto a lo pretendido: reunir a los periodistas contra el gobierno.

Estos eventos exponen un debilitamiento narrativo evidente. La tecnología y las redes sociales han eliminado la posibilidad de esconderse o desmentir hechos comprobables. Nadie puede ocultar sus actos ni sus incoherencias. El gobierno y sus actores políticos enfrentan una visibilidad sin precedentes, y cualquier contradicción entre el discurso y la realidad se magnifica instantáneamente.

Las contradicciones que exponen la debilidad

Cuando la administración acusa a Estados Unidos de interferencia por retirar visas a personajes cercanos al expresidente López Obrador, olvida que cada nación tiene derecho a decidir quién entra en su territorio. Invocar la soberanía en este caso es una falacia política que busca visibilidad mediática, no soluciones reales.

Más grave aún es que estos mismos actores políticos no convocan a reuniones urgentes para buscar a desaparecidos, exigir seguridad, mejorar educación o atender la creciente violencia. La hipocresía política utiliza ciertos hechos para obtener visibilidad mediática mientras ignora las crisis que afectan a millones.

Un mensaje a la presidencia: controla tu gabinete

Con amigos como los que rodean a la presidenta Sheinbaum, los enemigos sobran. Si desea recuperar narrativa y credibilidad, debe ejercer control efectivo sobre su gabinete. Las iniciativas descoordinadas, las cartas desafortunadas de familiares de políticos y las listas destinadas a censurar medios solo confirman lo que se dice de su administración: que funciona sin rumbo claro.

La cercanía de las elecciones amplificará estos conflictos. Sin un control discursivo efectivo, la administración seguirá confirmando los motes que la persiguen. No será la prensa quien dañe al gobierno; serán sus propias acciones.

Reflexión final

La política, como dijo Edmond Thiaudière, es «el arte de disfrazar de interés general el interés particular». El problema surge cuando ese disfraz se vuelve tan transparente que nadie cree. Eso es exactamente lo que sucede hoy en Palacio Nacional, donde la narrativa oficial se desmorona no por la crítica de los medios, sino por la incapacidad del poder para gobernarse a sí mismo.

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →