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Ganadería: el motor silencioso de la deforestación en México

La expansión de pastizales para crianza de ganado destruye tres de cada cuatro bosques en México. Un modelo económico que cobra factura en biodiversidad y clima.

Ganadería: el motor silencioso de la deforestación en México

Mientras la atención mediática se concentra en incendios forestales espectaculares y tala industrial, una transformación del territorio ocurre de manera casi imperceptible en México: la conversión de bosques en potreros. Según datos de la Comisión Nacional Forestal, esta práctica es responsable de más de las tres cuartas partes de toda la pérdida permanente de cobertura forestal en el país.

Las cifras revelan una realidad incómoda para la cadena productiva: la ganadería es hoy el principal impulsor de la deforestación bruta en territorio mexicano. No se trata de un fenómeno aislado ni reciente, sino de una tendencia estructural enraizada en décadas de política agraria y subsidios que priorizan la expansión ganadera sobre la conservación forestal.

Un patrón que se repite en toda América Latina

México no está solo en esta dinámica destructiva. En Brasil, Paraguay, Argentina y Colombia, la ganadería extensiva ha sido históricamente el principal factor de deforestación. La región latinoamericana, que alberga aproximadamente el 57% de los bosques tropicales del planeta, pierde miles de hectáreas anuales para dar paso a pastizales de baja densidad que alimentan principalmente mercados de exportación.

El patrón es conocido: empresas y ganaderos privados adquieren terrenos forestales, frecuentemente en zonas remotas con débil presencia estatal, y los transforman en pastizales. La operación es económicamente rápida comparada con otros usos del suelo. Un bosque tropical puede convertirse en pradera en meses, generando ingresos inmediatos mientras que la reforestación requiere décadas.

Impactos que trascienden lo forestal

La pérdida no es solamente de árboles. Cada transformación de bosque a potrero implica el colapso de ecosistemas complejos. Se destruye hábitat para jaguares, pumas, tapires y cientos de especies de aves migratorias. Se interrumpen ciclos hidrológicos que alimentan acuíferos regionales y nacionales. Se libera carbono almacenado durante siglos, acelerando la crisis climática global.

Para las comunidades indígenas y campesinas que históricamente han coexistido con estos bosques, la transformación representa la pérdida de territorios ancestrales, recursos de subsistencia y sistemas de conocimiento tradicional. En México, donde aproximadamente 25 millones de hectáreas de bosques permanecen en territorios indígenas, esta presión tiene dimensiones también de injusticia social.

Un modelo económico cuestionable

Lo paradójico es que la ganadería extensiva en México opera con eficiencia económica cuestionable. Los pastizales generados frecuentemente sustentan operaciones de baja productividad por hectárea. Un bosque tropical puede generar más valor económico sostenido a través de servicios ecosistémicos, ecoturismo, recolección de productos forestales no maderables y captura de carbono, que un potrero dedicado al ganado.

Sin embargo, el acceso a créditos agrarios, subsidios estatales y marcos legales débiles hacen que la ganadería siga siendo la opción más accesible para actores económicamente fuertes. La rentabilidad inmediata prevalece sobre la sostenibilidad de largo plazo.

Hacia un cambio de dirección

Algunos municipios en México han comenzado a implementar planes de ganadería sostenible que integran conservación forestal con producción pecuaria. Iniciativas de pago por servicios ecosistémicos, certificación de productos ganaderos responsables y transición hacia sistemas silvopastoriles muestran caminos alternativos, aunque aún marginales.

La urgencia es clara: frenar los tres cuartos de deforestación causada por ganadería no es un lujo ambiental sino una necesidad económica y climática. Para México y para toda América Latina, replantear la relación entre producción ganadera y conservación forestal no es opcional. Es la condición para que tanto los bosques como las economías rurales tengan futuro.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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