La paradoja de Font: renovación con caras heredadas
Víctor Font se presenta como el reformador que el FC Barcelona necesita. Su discurso promete modernización, transparencia y eficiencia en la gestión. Pero hay un detalle incómodo en su propuesta: su equipo directivo está integrado principalmente por hijos de antiguos directivos del club. Una composición que, lejos de ser anecdótica, plantea preguntas fundamentales sobre cómo entendemos la gobernanza en las grandes instituciones deportivas del siglo XXI.
La candidatura de Font llegaba cargada de expectativas. Tras años de crisis institucional, financiera y deportiva en el Camp Nou, los socios esperaban cambios radicales. Pero cuando se destapó la composición del equipo de confianza, emergió una contradicción: ¿cómo se renueva realmente una estructura cuando buena parte de quienes la integran provienen del mismo círculo que generó los problemas?
El fenómeno de las dinastías deportivas
Este patrón no es exclusivo del Barcelona ni del fútbol español. En América Latina, hemos visto cómo instituciones deportivas importantes perpetúan estructuras donde el apellido y las conexiones históricas prevalecen sobre el mérito documentado. Basta mirar los consejos directivos de algunos de los principales clubes brasileños, argentinos o mexicanos para encontrar patrones similares: directivos que llegan al poder gracias a lazos familiares o a su proximidad con administraciones anteriores.
Lo preocupante es que este modelo contradice frontalmente los principios modernos de gobernanza corporativa. Cualquier empresa privada de tamaño mediano estaría sometida a escrutinio si su junta directiva fuera principalmente ocupada por herederos de antiguos consejeros. Los inversores lo cuestionarían, los auditores lo flagrarían, los accionistas lo impugnarían. Pero en las instituciones deportivas, especialmente en clubes de propiedad mutualista o con estructuras complejas de socios, estas prácticas persisten.
¿Competencia o continuismo disfrazado?
La pregunta incómoda es si estos dirigentes fueron seleccionados exclusivamente por su competencia o si su apellido jugó un papel. Font podría argumentar que conoce el trabajo de estas personas, que tienen experiencia previa en el club, que entienden su cultura. Argumentos válidos, pero insuficientes en un contexto donde la credibilidad institucional está en el piso.
El Barcelona no es una PyME familiar donde los herederos naturalmente toman las riendas. Es una institución con 125 años de historia, más de 140.000 socios, presupuestos de cientos de millones de euros y una influencia que traspasa las fronteras deportivas. Merece un nivel de rigor en la selección de liderazgos que vaya más allá de las conexiones históricas.
El contexto de crisis que lo explica (pero no lo justifica)
Entendemos el porqué. En momentos de incertidumbre, los candidatos tienden a rodarse de gente en la que confían. Y sí, la confianza es importante en la gestión de crisis. Pero existen mecanismos para combinar ambas cosas: incorporar perfiles externos con demostrada expertise, establecer procesos de selección basados en competencias específicas, crear sistemas de gobernanza que limiten el poder personalista.
Lo que Font propone es, en el fondo, una solución tradicional a problemas complejos. Y eso es lo que genera escepticismo: si el remedio incluye los mismos ingredientes que causaron la enfermedad, ¿realmente hay cambio?
Lo que importa desde la perspectiva latinoamericana
Para los aficionados y especialistas en América Latina, esto es especialmente relevante. Muchos de nuestros clubes replican estos patrones constantemente. Ver cómo una institución del prestigio del Barcelona navega estas decisiones nos dice algo sobre qué esperar en nuestro contexto. Si el Barcelona tolera (o celebra) este modelo de liderazgo hereditario, ¿por qué deberíamos exigir algo diferente a Boca, River, América o Universitario?
La verdadera renovación requiere algo más incómodo: reemplazos genuinos, procesos abiertos de selección, disposición a traer sangre nueva que no provenga de las elites tradicionales. Eso es lo que aún no hemos visto en la propuesta de Font. Y mientras tanto, el juego de las sillas ejecutivas sigue siendo el mismo.
Información basada en reportes de: Mundodeportivo.com