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Feminismo en tiempos de crisis: el 8M entre la incertidumbre global

Las mujeres mexicanas marcharán el 8M navegando un panorama complejo: guerras internacionales, auge de gobiernos autoritarios y polarización política que redefinen las prioridades del movimiento feminista.

Cuando la calle se vuelve trinchera de derechos

Cada 8 de marzo, las calles de México se tiñen de morado. Pero este año, como nunca antes, esas movilizaciones llegan cargadas de una complejidad que rebasa las fronteras nacionales. Las mujeres que salen a marchar lo hacen en un contexto donde los conflictos armados internacionales, el resurgimiento de discursos de extrema derecha y la erosión de derechos conquistados crean un escenario turbulento que permea hasta nuestras ciudades.

No se trata simplemente de conmemorar un movimiento histórico. El feminismo mexicano contemporáneo se enfrenta a la paradoja de defender logros mientras ve cómo en otras partes del mundo retroceden garantías que parecían irreversibles. Las restricciones al aborto en Estados Unidos, los ataques a derechos reproductivos en países europeos, y la militarización de conflictos que afectan desproporcionadamente a mujeres y niñas, crean un espejo incómodo donde nuestras luchas locales se reflejan amplificadas.

Diversidades que conviven en una marcha

Lo que caracteriza a las movilizaciones feministas contemporáneas en México es justamente su heterogeneidad. Ya no existe un feminismo monolítico. En las calles confluyen mujeres indígenas demandando territorio y autonomía, trabajadoras del hogar exigiendo derechos laborales, madres de desaparecidos buscando justicia, jóvenes trans visibilizando sus identidades, y profesionistas cuestionando techos de cristal en espacios de poder.

Esta multiplicidad es fortaleza y desafío simultáneamente. Fortaleza porque refleja la complejidad real de las opresiones que experimentan las mujeres mexicanas según su clase, raza, origen y contexto. Desafío porque mantener unidos estos hilos narrativos requiere de una política de alianzas permanente, donde las demandas de unas no invisibilicen las de otras.

El contexto político: entre la esperanza y la alarma

A nivel global, la irrupción de movimientos ultrarreaccionarios representa una amenaza tangible para los espacios democráticos donde el feminismo puede respirar. En Latinoamérica hemos visto cómo gobiernos con tintes autoritarios restringen el acceso a información sobre derechos sexuales y reproductivos, criminalizan el aborto incluso en casos de violencia sexual, y desfinanciaban políticas de igualdad de género.

México, por su parte, experimenta una transición política particular. Con un nuevo gobierno que ha prometido prioridades de transformación social, las feministas se encuentran en una posición delicada: exigir cumplimiento sin perder capacidad crítica. El movimiento no puede permitirse ser cooptado ni tampoco marginado. Las calles del 8M serán espacios donde se dirima esta tensión.

Violencia y seguridad: la agenda que no desaparece

Mientras el mundo se enfoca en conflictos geopolíticos lejanos, en México la violencia de género permanece como crisis silenciosa y sistemática. Cada día desaparecen mujeres, cada semana hay feminicidios, la violencia sexual sigue siendo un arma de control en contextos de conflictividad. El 8M no es solo un acto de reivindicación política abstracta, es una respiración colectiva de quienes viven bajo amenaza cotidiana.

La guerra no está solo en Ucrania o Palestina. Existe en los hogares donde la violencia doméstica es normalizada, en los espacios públicos donde el acoso es rutina, en las instituciones que revictimizan a las sobrevivientes de violencia sexual.

Mirar hacia adelante sin perder el piso

El desafío para el feminismo mexicano en este 8M es simultáneamente modesto y ambicioso: mantener la capacidad de visibilizar lo invisible, de nombrar lo innombrable, y de construir solidaridades que trasciendan fronteras mientras anclan demandas profundamente locales.

No se trata de elegir entre luchar por lo global o por lo local. Las mujeres mexicanas que marchen el próximo 8 de marzo demostrarán, una vez más, que sus cuerpos, sus voces y sus acciones son territorios donde convergen las luchas del mundo. Y que desde esos territorios, es posible imaginar y construir otro futuro.

Información basada en reportes de: El Financiero

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