Fangoria regresa: la pista de baile como espacio de verdad
Hay momentos en la historia de la música donde ciertos artistas funcionan como espejos de su tiempo. Fangoria, el dúo conformado por Alaska y Nacho Canut, siempre ha ocupado ese lugar incómodo y necesario donde el entretenimiento se tiñe de reflexión crítica. Su nuevo trabajo, ‘La verdad o la imaginación’, no es la excepción. Es, más bien, una reafirmación de su propósito: convertir la música electrónica en un acto de resistencia cultural en un momento donde las certezas se desmorona y las narrativas oficiales se multiplican sin control.
En el contexto latinoamericano, donde la danza ha sido históricamente un lenguaje de subversión —desde las culturas ancestrales hasta los movimientos urbanos contemporáneos—, el retorno de Fangoria adquiere una dimensión particular. No se trata simplemente de un nuevo disco de la banda española. Es la persistencia de una sensibilidad que entiende que en tiempos de saturación informativa y polarización, la música y el movimiento corporal siguen siendo territorios de verdad emocional.
Entre lo real y lo imaginado
Lo interesante del nuevo material de Fangoria radica en su propuesta formal: la tensión deliberada entre lo factual y lo especulativo. En una era donde los algoritmos nos encierran en burbujas de confirmación, donde la realidad se ha vuelto casi indistinguible de su representación mediática, Alaska y Canut se atreven a cuestionar esta dicotomía misma. Su música no ofrece respuestas fáciles. En su lugar, propone un espacio donde el cuerpo puede experimentar, donde la verdad no es un destino sino un proceso.
Esta aproximación recuerda a experiencias similares en la música latinoamericana contemporánea: artistas que comprenden que la pista de baile no es un lugar de evasión, sino de encuentro con lo real. Desde el reggaeton que narra la vida en territorios marginados hasta el electrónica experimental que cuestiona los límites del género, existe en América Latina una tradición de música que baila sobre las grietas del sistema.
La lucidez como herramienta artística
Lo que distingue a Fangoria en su regreso es la ausencia de urgencia. No hay prisa por conquistar tendencias o adaptarse a modas pasajeras. Esta tranquilidad es reveladora. Sugiere una confianza en el mensaje, en la pertinencia de lo que tienen para comunicar. En un entorno donde la carrera por la viralidad consume la mayoría de las decisiones creativas, esta actitud representa un pequeño acto revolucionario.
La lucidez que caracteriza al nuevo álbum no es desapego. Es, por el contrario, una claridad que solo es posible cuando se ha vivido lo suficiente, cuando se han atravesado suficientes ciclos históricos para reconocer patrones, para ver dónde están las verdaderas batallas. Para Alaska y Canut, después de décadas en la escena, esa lucidez permite distinguir entre lo urgente y lo importante, entre lo viral y lo significativo.
El cuerpo como territorio político
Quizás el aspecto más relevante de esta propuesta reside en la revindicación del cuerpo como espacio de agencia. Cuando bailan, sus audiencias no solo se mueven al ritmo de la electrónica. Experimentan, aunque sea brevemente, una sensación de libertad. En contextos donde los cuerpos están cada vez más regulados —por vigilancia digital, por normas de género restrictivas, por sistemas que buscan domesticar la disidencia—, la pista de baile de Fangoria se convierte en un laboratorio de posibilidades.
Este es un gesto que trasciende fronteras. En Latinoamérica, donde las luchas por los derechos corporales —desde el aborto hasta la identidad de género, desde el derecho a la ciudad hasta la libertad de manifestación— son particularmente intensas, la música de resistencia tiene un peso específico. No es decorativa. Es fundamental.
Un regreso oportuno
El timing del retorno de Fangoria no es casual. Mientras vivimos en un presente fragmentado, donde la verdad se ha multiplicado en versiones incompatibles y la imaginación colectiva se consume en redes que lucran con nuestra atención, estos artistas nos recuerdan que aún podemos bailar juntos. Que aún es posible crear espacios donde lo real y lo imaginario dialogan sin jerarquías.
Con ‘La verdad o la imaginación’, Fangoria no solo nos ofrece un disco. Nos ofrece una invitación: a reclamar nuestros cuerpos, a desconfiar de las narrativas simples, a reconocer que en tiempos de incertidumbre, la danza sigue siendo un acto de fe. Una fe no ciega, sino lúcida. Una fe que baila con los ojos abiertos, cuestionando mientras se mueve, construyendo mientras imagina.
Información basada en reportes de: ELLE.com