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España arma una alianza tech contra el duopolio EEUU-China

Madrid negocia con Brasil, Canadá, México e India para crear un camino propio en IA. ¿Realismo geopolítico o espejismo tecnológico?
España arma una alianza tech contra el duopolio EEUU-China

La tercera vía que nadie pidió (pero algunos necesitan)

Mientras Estados Unidos y China se reparten el tablero de la inteligencia artificial como dos potencias nucleares en plena Guerra Fría 2.0, España acaba de anunciar algo que suena a estrategia de supervivencia: una alianza con Brasil, Canadá, México y potencialmente India para desarrollar tecnología de IA «independiente». El Gobierno español ha sellado acuerdos bilaterales con varios de estos países bajo la promesa de construir lo que denominan una «tercera vía».

Pero hagamos una pausa aquí. Porque conviene entender qué hay realmente debajo de estos titulares que hablan de «alianzas» y «revoluciones tecnológicas».

El contexto: por qué esto importa (aunque suene raro)

La realidad es que la concentración del desarrollo de IA en manos estadounidenses y chinas ya tiene consecuencias tangibles. OpenAI, Google DeepMind, Meta de un lado. Alibaba, Baidu, Tencent del otro. Mientras tanto, el resto del mundo observa cómo se escribe el futuro sin invitación a la mesa.

Para un país como España —ni superpotencia tecnológica ni potencia global, pero miembro de la UE con cierta capacidad de inversión— la situación es incómoda. Los algoritmos que moldean cómo consumimos información, cómo se seleccionan nuestros trabajos, cómo funcionan nuestras ciudades inteligentes: todo eso viene decidido desde Silicon Valley o desde Shenzhen. La dependencia no es solo económica; es epistémica.

Brasil, a su vez, representa algo diferente: una economía emergente con demandas locales específicas (agricultura de precisión, gestión de recursos naturales, servicios financieros inclusivos) donde una IA diseñada para mercados desarrollados no encaja. Canadá, aunque cercano a EEUU, ha mostrado resistencia ante la hegemonía estadounidense en regulación tecnológica. México vive la presión de ser vecino de la superpotencia. India, con su ecosistema tech propio, siente que está rezagada en la carrera por desarrollar modelos propios.

¿Qué significa realmente esta «alianza»?

Aquí es donde la crítica se vuelve necesaria. Cuando leemos que España sella «acuerdos» con estos países, la pregunta que debería hacernos es: ¿acuerdos para qué exactamente?

Si hablamos de colaboración en investigación, capacitación de talento o estándares regulatorios comunes, eso tiene sentido. La Unión Europea ya está avanzando con su AI Act, un marco regulatorio propio que varios de estos países podrían adoptar o adaptar.

Pero si esperamos que España, con un ecosistema tech modesto comparado con las grandes potencias, lidere el desarrollo de modelos de IA competitivos a escala global… bueno, eso es narrativa política más que realismo tecnológico.

El desafío es brutal: entrenar un modelo de IA de clase mundial requiere capacidad computacional masiva (servidores, energía), datos masivos (y de calidad) y talento altamente especializado. Los costos de desarrollo de un modelo competitivo se miden en cientos de millones de dólares. España no está en esa liga. Brasil tampoco. Ni siquiera juntos tienen el músculo financiero de un solo fondo de venture capital estadounidense importante.

La narrativa que nos venden (y la realidad detrás)

Lo que probablemente está sucediendo es más modesto pero potencialmente más útil: un posicionamiento político-regulatorio. Estos países buscan establecer que existe una alternativa al «todo o nada» entre EEUU y China. Quieren voz en la gobernanza global de IA. Quieren que sus marcos regulatorios y valores culturales influyan en cómo se desarrolla esta tecnología, aunque no construyan los modelos más avanzados.

España, dentro de la UE, tiene ventaja aquí. El bloque europeo sí tiene poder regulatorio real. Si estos acuerdos con Latinoamérica y Canadá fortalecen una posición común sobre cómo debe gobernarse la IA a nivel internacional—privacidad, transparencia, derechos laborales, sesgo algoritmo—entonces la jugada tiene sentido estratégico.

Por qué importa para Latinoamérica (más allá del comunicado de prensa)

Para México, Brasil e India, esta alianza representa algo específico: la oportunidad de no ser únicamente mercados consumidores de tecnología foránea, sino participantes en su diseño y gobernanza.

Brasil, por ejemplo, está desarrollando un sector tech nativo considerable. Tiene startups de IA, investigadores de calidad mundial dispersos en universidades. Lo que le falta no es capacidad de innovación, sino escala y poder de mercado para competir globalmente. Una alianza que vertebre inversión, talento compartido y mercados coordinados entre estos países podría cambiar eso.

México vive una situación más delicada: cercano geográficamente a EEUU pero economía menos diversificada en tech. Una alianza que lo acerque a Brasil e India lo vincula con ecosistemas más dinámicos.

Las preguntas que quedan abiertas

¿Habrá financiamiento real detrás de estos acuerdos? ¿O son principalmente declaraciones de intención? ¿Qué pasa con la competencia entre estas economías—no es Brasil rival de México en varios sectores? ¿Cómo se resuelve eso en una «alianza»?

Y la más incómoda: ¿puede existir realmente una alternativa tecnológica «independiente» cuando los chips más avanzados los fabrica TSMC en Taiwán, bajo presión de EEUU, y China controla muchas materias primas?

Veredicto provisional

Esta alianza es probablemente menos revolucionaria de lo que suena en el comunicado de prensa, pero posiblemente más importante de lo que la cobertura superficial sugiere. No van a competir con OpenAI. Pero podrían influir significativamente en cómo se regula, se distribuyen los beneficios y se gobiernan los riesgos de una tecnología que ya está redefiniendo el mundo.

Si realmente se articulan en algo concreto—investigación conjunta, estándares compartidos, mercados coordinados—esto podría representar un rechazo a la idea de que la IA es un destino que solo pueden escribir Washington y Pekín. Y en geopolítica tecnológica, tener voz propia, aunque sea limitada, es más de lo que tenían hace poco.

Lo que hay que vigilar ahora no es el comunicado. Es qué sucede en los próximos meses. Porque las alianzas se demuestran con dinero y decisiones, no con palabras.

Información basada en reportes de: Eldiario.es

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