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En el camino: cuando el cine mexicano expone las grietas profundas

Tras recorrer decenas de festivales, la película de David Pablos llega a salas comerciales con una mirada sin concesiones sobre las realidades del norte mexicano.
En el camino: cuando el cine mexicano expone las grietas profundas

Una road movie que duele donde duele

Hay películas que llegan a los cines como noticias que esperábamos escuchar. En el camino, la ópera prima de David Pablos que se estrena este fin de semana en carteleras comerciales, pertenece a esa categoría incómoda de obras que preferiríamos no necesitar, pero que resultan vitales en momentos como estos.

Tras navegar por más de cuarenta festivales cinematográficos internacionales, acumulando reconocimientos y conversaciones que trascendieron los espacios dedicados al cine de arte, esta película ha llegado el momento de enfrentarse al público masivo. No es un detalle menor. Significa que lo que ocurre en pantalla ha logrado captar la atención de críticos, curadores y colegas alrededor del mundo, pero también que el director y su equipo decidieron que estas historias merecen ser vistas más allá de los circuitos especializados.

El norte como personaje de la verdad

El norte de México, esa región que existe simultáneamente en postales turísticas y en titulares de sucesos, se convierte en En el camino en algo más que geografía: es un personaje. Es testigo y protagonista de las fracturas que atraviesan la sociedad actual. El formato de road movie, ese viaje que estructura la narrativa, permite que la cámara de Pablos capture no solo los espacios, sino los silencios entre las personas, los gestos que revelan lo que las palabras ocultan.

Pablos habla de una herida abierta. La expresión no es casual. Las heridas abiertas no cicatrizan cuando se ignoran; duelen más cada vez que alguien las toca, pero su exposición es también la única forma de tratarlas. En ese sentido, el cine tiene una responsabilidad que otras artes a veces eluden: la de mirar directamente.

Intimidad en contexto de crisis

Una de las cualidades más notables de este filme parece ser su capacidad de mantener la intimidad mientras habla de lo estructural. No es fácil navegar esa tensión. Muchas películas que abordan problemas sociales terminan perdiendo los rostros de las personas en la abstracción de lo político. Otros proyectos se sumergen tanto en lo personal que pierden horizonte contextual. En el camino, según las lecturas que ha dejado en su trayecto por festivales, consigue ambos registros.

Esto importa porque vivimos en un momento donde la sociedad mexicana se debate entre relatos contradictorios: el del progreso y la estabilidad que proponen ciertos discursos oficiales, y el de la precariedad, la violencia y el desplazamiento que experimenta en la piel una parte significativa de la población. El cine de Pablos no elige un bando retórico; simplemente observa con rigor lo que existe.

El recorrido como metáfora

Que esta película haya pasado por cuarenta festivales antes de llegar a las salas comerciales habla de algo más que éxito en circuitos especializados. Habla de una obra que viajó, que fue vista, que generó conversación. Cada festival representa una ciudad, una audiencia, un contexto diferente. Eso es también un viaje, una acumulación de miradas sobre el mismo objeto.

Ahora llega el momento más importante: el encuentro con ese público que compra boletos en taquilla, que elige esta película entre otras opciones, que entra a una sala oscura sin necesariamente esperar estar incómodo. Porque En el camino parece ser eso: incómoda en el sentido más profundo, en el que te obliga a reconocer algo que preferías no ver.

Lo que significa en este momento

A principios de 2025, cuando las noticias se repiten en ciclos cada vez más acelerados y la fatiga por la realidad es real, una película que se atreve a filmar las heridas sin anestesia se convierte en un acto político. No porque sea panfletista o didáctica, sino porque insiste en que lo que ocurre en el norte mexicano importa, que las historias de quienes habitan esos territorios merecen ser contadas con la seriedad que reservamos para otros relatos.

David Pablos ha invertido tiempo, recursos y sensibilidad en esta obra. El público tiene la oportunidad de encontrarse con ella. Quizás ese encuentro sea incómodo. Pero las mejores películas siempre lo son.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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