Empresarios de México y EU cierran filas contra los boicoteos: «No es el camino»
En medio de tensiones diplomáticas y discursos polarizados que atraviesan la relación entre México y Estados Unidos, un colectivo empresarial ha decidido tomar postura clara: las organizaciones que agrupan a empresas de ambos lados de la frontera rechazaron categóricamente los intentos de sabotaje a los lazos comerciales y de cooperación bilateral.
La American Society, organismo que funciona como puente entre los sectores productivos mexicano y estadounidense, emitió un comunicado deslindándose de quienes buscan obstaculizar los vínculos económicos entre ambas naciones. El mensaje va más allá de una simple declaración: refleja la preocupación creciente del sector privado sobre las consecuencias que traería consigo el deterioro de relaciones que han sido fundamentales para la integración económica regional durante décadas.
Contexto de una relación bajo presión
Los últimos años han traído consigo un clima de incertidumbre para los negocios binacionales. Desde cambios en administraciones hasta debates sobre migración, seguridad y comercio, la relación México-Estados Unidos ha enfrentado turbulencias sin precedentes. En este escenario, las empresas que operan en ambos mercados se sienten atrapadas entre posiciones políticas irreconciliables.
Lo que hace relevante la postura de la American Society es que viene de actores que históricamente han permanecido en segundo plano del debate público. Los empresarios prefieren mantener un perfil bajo, pero esta vez sintieron la necesidad de pronunciarse. ¿Por qué? Porque entienden que los boicoteos, las sanciones comerciales desordenadas o los sabotajes sistemáticos a la cooperación afectarían directamente a sus operaciones, empleados y ganancias.
La seguridad como punto de encuentro inesperado
Lo interesante de esta postura empresarial es que no se trata de un rechazo a toda crítica o a la búsqueda de cambios. La American Society, de hecho, mantiene activa su propuesta de fortalecer mecanismos conjuntos de lucha contra la delincuencia. Esto es importante: reconoce que existen problemas legítimos que resolver entre ambas naciones, pero cree que el camino no es el enfrentamiento, sino la construcción de acuerdos estructurados.
Este enfoque refleja una realidad que a menudo queda fuera de los titulares: más allá de las grietas políticas, existe un tejido empresarial y laboral profundamente entrelazado. Millones de personas en México dependen de empleos vinculados a la inversión estadounidense o al comercio con ese país. Del lado americano, empresas mexicanas también generan empleo y riqueza.
¿Qué se juega realmente?
Los trabajadores y trabajadoras mexicanas son, finalmente, quienes cargarían con el peso de un deterioro severo en la relación bilateral. Un boicoteo efectivo traería consecuencias inmediatas: empleos perdidos, menores salarios, reducción de oportunidades. Por eso, aunque el sector empresarial defiende sus intereses, sus preocupaciones no son completamente desconectadas de las preocupaciones laborales y sociales más amplias.
Sin embargo, también es válido reconocer que cuando las grandes corporaciones hablan de «cooperación», no siempre hablan en nombre de los más vulnerables. Es importante que cualquier tratado o acuerdo binacional incluya protecciones genuinas para derechos laborales, ambientales y humanos, no solo facilidades para el comercio de élites.
Un llamado a la pragmatismo regional
América Latina enfrenta desafíos que exigen cooperación, no fracturas. La delincuencia organizada es un problema transnacional que requiere coordinación. La migración, el comercio, la innovación tecnológica: todos estos temas se resuelven mejor con diálogo que con confrontación.
La posición de la American Society, aunque motivada por cálculos empresariales, coincide con una verdad más amplia: el aislamiento raramente resuelve conflictos profundos. Aunque las corporaciones no son las voces más confiables para hablar de bienestar colectivo, esta vez acertaron en señalar que los ataques deliberados a la cooperación perjudican a personas que ya enfrentan vulnerabilidades.
Lo desafiante ahora será que cualquier acuerdo que emerja entre México y Estados Unidos incluya mecanismos reales de rendición de cuentas, protección de derechos humanos y equidad, no solo beneficios para los accionistas.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx