Cuando la poesía oriental encuentra pasaporte mexicano
Elsa Cross acaba de cumplir ocho décadas y no precisamente para retirarse. Mientras muchos celebran aniversarios con retrospectivas tranquilas, esta poeta mexicana lanza una arremetida editorial de proporciones ambiciosas: un proyecto multilibro que se propone algo nada trivial en el ecosistema literario latinoamericano: hacer accesible la gran tradición poética de Asia para lectores en español.
El próximo volumen, dedicado a la mística hindú, recorre nada menos que 13 siglos de creación literaria. No es un capricho de anciana erudita ni un ejercicio académico más para engrosar catálogos universitarios. Es, de hecho, un gesto político: la decisión de que la herencia cultural oriental no sea monopolio de especialistas, sino patrimonio posible para cualquiera que lea en castellano.
La brecha de traducción que nadie menciona
Aquí conviene detenerse en una pregunta incómoda: ¿por qué en 2024 seguimos considerando «literatura universal» aquello que proviene mayormente del canon europeo y estadounidense? Las librerías mexicanas rebozan de autores nórdicos y estadounidenses, mientras que la poesía clásica de India, Persia, China o Japón permanece en guetos académicos o traducciones antiguas que parecen excavadas en archivos perdidos.
Cross no es la primera en advertir este desequilibrio. Pero su intervención tiene una particularidad: viene de alguien que ha construido una carrera entera navegando entre tradiciones. Su trabajo anterior con literaturas no occidentales le ha dado una credibilidad que trasciende el simple diletantismo. Estamos hablando de una investigadora seria, no de un turismo literario disfrazado de cosmopolitismo.
¿Por qué nos debería importar ahora?
La pregunta del título no es retórica. En un contexto donde México enfrenta fragmentación social, polarización política y una crisis de sentidos compartidos, ¿qué nos ofrece la poesía mística india de hace mil años?
Más de lo que parece. Estas tradiciones literarias ofrecen marcos conceptuales alternativos para pensar la subjetividad, la espiritualidad secular, la relación con la naturaleza y la comunidad. En tiempos de algoritmos que nos fragmentan en burbujas ideológicas, textos que contemplan la interconexión universal no son nostalgia: son respiraderos intelectuales.
Además, existe un argumento más directo: el derecho cognitivo. Las culturas orientales representan miles de millones de personas en el planeta. Que la mayoría de lectores hispanohablantes las conozca apenas superficialmente mientras digiere sin filtro la cultura anglosajona, es un déficit democrático de la circulación del conocimiento.
La ambición de un proyecto sin precedentes
Lo notable aquí no es simplemente que Cross publique un libro más sobre oriente. Es que estructura esto como un proyecto sistemático de varios volúmenes. Poesía mística de la India es apenas el inicio. Esta arquitectura de múltiples libros sugiere un compromiso a largo plazo, no una publicación aislada.
Desde el punto de vista editorial, también es interesante: ¿quién asume los riesgos de este emprendimiento en un mercado editorial mexicano cada vez más concentrado y tímido? La respuesta importa porque revela si hay todavía espacio para proyectos culturales ambiciosos que no calculan cada decisión por algoritmo de rentabilidad inmediata.
Lo que queda pendiente
No todo es celebración. Quedan preguntas sin responder: ¿Cómo evita Cross los riesgos de la apropiación cultural o la exoticización que ha plagado muchas aproximaciones occidentales a Oriente? ¿Qué voces de traductores, académicos y lectores asiáticos participan en este proceso, o es fundamentalmente una mediación mexicana?
Estas son preguntas que un proyecto como este debe enfrentar para no convertirse en lo que critica: otro acto de occidentales filtrando Oriente a través de nuestras propias lentes.
El legado de seguir buscando
A los 80 años, Cross sigue persiguiendo lo que pocos en su posición se atreven: ampliar los horizontes de lo que se lee, se piensa y se circula en español. Si el proyecto no revoluciona el mercado editorial hispanohablante (y probablemente no lo hará), al menos habrá dejado constancia de que otra geografía intelectual es posible.
En épocas de repliegues y trincheras ideológicas, eso no es poco.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx