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El peligro de señalar periodistas: cuando el Estado se convierte en amenaza

Luciano Percastre analiza cómo la publicación de listas de periodistas por parte del Estado genera autocensura y pone en riesgo la democracia en un país donde ejercer el periodismo es de alto riesgo.
El peligro de señalar periodistas: cuando el Estado se convierte en amenaza

El linchamiento público de periodistas: una amenaza a la democracia

Cuando desde una institución del Estado se enlistan nombres, se identifican medios y se señala públicamente a quienes ejercen una posición crítica, el debate deja de ser únicamente político. Se convierte en un asunto de democracia, de libertad de expresión y, particularmente en México, de seguridad personal.

Esta es la pregunta fundamental que el poder debería responder cada vez que decide exhibir públicamente a periodistas y medios de comunicación: ¿para qué? La respuesta, aunque se presente bajo términos sofisticados como «ecosistemas de amplificación digital» o «análisis de tendencias», revela un propósito más preocupante: amedrentar a algunos e inhibir a otros.

La autocensura: el verdadero problema

La publicación de estas listas no fue una iniciativa para desmontar un complot, sino un mecanismo para generar autocensura. En un país donde ejercer el periodismo puede convertirse en una actividad de alto riesgo, cualquier señalamiento proveniente de las estructuras del Estado debe manejarse con responsabilidad extrema.

No porque los periodistas sean intocables, sino precisamente porque la crítica al poder es una de las funciones esenciales del periodismo en una democracia. No hace falta prohibir una publicación para limitar la libertad de expresión. Basta con generar un ambiente donde el periodista comience a preguntarse qué consecuencias tendrá investigar determinado tema. Basta con que una redacción prefiera callar antes que convertirse en el siguiente medio señalado públicamente.

El derecho legítimo del gobierno a responder

Un gobierno tiene todo el derecho de responder a una investigación, cuestionar una publicación, presentar datos o desmontar una acusación. Lo que resulta preocupante es que el debate público pueda transformarse en una dinámica de «ellos contra nosotros», donde periodistas y medios terminen etiquetados como enemigos políticos.

El periodista no tiene que ser amigo del gobierno. Tampoco tiene que ser enemigo. Tiene que ser crítico, analista con fundamentos e incómodo cuando sea necesario. La democracia no se fortalece cuando todos dicen lo mismo. Se fortalece cuando existen voces diferentes capaces de confrontar sus argumentos frente a una sociedad informada.

La clasificación de medios «amigos» y «enemigos»

Cualquier mecanismo institucional que pueda interpretarse como una forma de clasificación entre medios «amigos» y medios «enemigos» resulta preocupante. Hoy puede tratarse de un periodista que incomoda al gobierno; mañana puede ser un comunicador local, un investigador, un ciudadano que utiliza sus redes sociales o cualquier persona que decida levantar la voz.

Lo grave es que esto no ocurre en cualquier contexto. México es una nación donde ejercer el periodismo puede convertirse en una actividad de alto riesgo. Solo en 2026, siete periodistas han sido asesinados, sin que hasta el momento se hayan anunciado medidas para brindar mayor protección a los profesionistas de esta área.

Cuando los periodistas dejan de investigar por miedo

Una democracia puede sobrevivir a una crítica dura, a un editorial incómodo e incluso a una investigación que cuestione profundamente al gobierno. Lo que difícilmente puede soportar es una sociedad donde los ciudadanos dejan de recibir información porque quienes tienen la obligación de buscarla empiezan a tener miedo de hacerlo.

Cuando un periodista investiga, documenta y contrasta información, no trabaja únicamente para su medio. Trabaja para el ciudadano que necesita elementos para formar su propia opinión. Trabaja para quien vota, para quien exige cuentas, para quien quiere saber qué ocurre detrás de las decisiones públicas.

La pregunta de fondo para la sociedad

¿Queremos una democracia donde el poder pueda ser cuestionado sin miedo, o una democracia donde se pone en riesgo la libertad de expresión y pluralidad del debate público? Los gobiernos pasan. Los partidos cambian. Los presidentes terminan sus periodos, pero la libertad de expresión debe permanecer.

Cuando el poder señala al periodista, la sociedad tiene la obligación de mirar con atención. No para defender periodistas buenos o malos, sino para defender el derecho de todos a preguntar, investigar, criticar y conocer la verdad. La crítica al poder y la pluralidad son elementos indispensables de una democracia. Sin ellos, lo que queda no es democracia, sino autoritarismo.

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