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El olvido de piedra: el tepetlacalli prehispánico que desaparece en Tlalmanalco

Un cofre sagrado labrado en el Posclásico Tardío permanece olvidado junto a la iglesia de San Lorenzo, sin protección oficial. Su hermano gemelo reposa en Alemania desde 1904.
El olvido de piedra: el tepetlacalli prehispánico que desaparece en Tlalmanalco

En un rincón de San Lorenzo Tlalmimilolpan, delegación de Tlalmanalco, existe una piedra que guarda mil años de silencio. Empotrada junto a la iglesia católica, el tepetlacalli —«cofre de piedra» en náhuatl— permanece casi invisible para sus propios vecinos, ignorado por las autoridades y ajeno a cualquier programa de protección cultural. Es un ejemplo más del patrimonio prehispánico que se desmorona lentamente en la zona oriente de los volcanes, sin que instituciones como el Instituto Nacional de Antropología e Historia realicen acciones significativas para rescatarlo.

Un recipiente sagrado de la época mexhica

Los tepetlacalli fueron labrados durante el Posclásico Tardío, entre 1200 y 1500 de nuestra era, principalmente por la cultura mexhica. Estos cofres de piedra no eran simples recipientes: servían para guardar objetos sagrados como caracoles, jade, cenizas de niños sacrificados a deidades precolombinas, y eran fundamentales en rituales ceremoniales. Representaban la continuidad espiritual entre el mundo material y lo divino.

Lo que hace aún más significativo el tepetlacalli de San Lorenzo es su procedencia. Los originarios de estos territorios, al construirse los recintos católicos sobre sus espacios sagrados, dejaron sus símbolos prehispánicos empotrados en las nuevas estructuras, como un acto de resistencia silenciosa, de preservación de identidad bajo el peso de la conquista.

La paradoja del exilio arqueológico

Mientras el tepetlacalli de Tlalmanalco languidesce sin reconocimiento oficial, su gemelo más famoso descansa en el Museo Etnológico de Hamburgo, Alemania. Fue descubierto por el coleccionista Wilhelm Bauber en 1904 en esta misma región. Este cofre, posiblemente encargado para el tlatoani Moctezuma Xocoyotzin, contiene relieves de la Serpiente Emplumada, cráneos y fechas calendáricas significativas: Ce-Acatl (Uno Caña) y Chicome Acatl (Siete Caña). La ironía duele: la pieza mejor preservada y catalogada está a miles de kilómetros, mientras su contraparte permanece en el olvido local.

Un patrimonio que se extingue lentamente

En entrevistas con pobladores de San Lorenzo Tlalmamilolpan, la mayoría desconoce la existencia del tepetlacalli. Sus vecinos ignoran que junto a su iglesia descansa un petrograbado milenario que cuenta la historia de sus ancestros. En el recipiente sagrado aún se distinguen signos de movimiento y figuras calendáricas grabadas con precisión, pero nadie las ve.

La situación se replica en toda la zona oriente de los volcanes. Petroglifos con más de mil años de antigüedad se erosionan gradualmente, las autoridades culturales de los tres niveles de gobierno permanecen inmóviles, y el patrimonio arqueológico de municipios enteros se esfuma sin documentación ni protección. Es un silencio administrativo que grita.

Una excepción que ilumina el camino

No todo es oscuridad. En Amecameca, la presidenta municipal Dra. Ivette Topete García ha demostrado que es posible otra ruta: una que no se limita a preocuparse, sino que se ocupa activamente de preservar la historia antigua del municipio. Su gestión prueba que con voluntad política y recursos, es viable rescatar y proteger estos vestigios.

El tepetlacalli de San Lorenzo Tlalmamilolpan sigue esperando. Cada lluvia, cada cambio de temperatura, lo acerca más a la irreversibilidad. No pide regresar a Alemania, ni reclama los honores de un museo. Solo espera ser visto, documentado, preservado. Espera que sus propios hijos sepan que es suyo.

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