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El imperio económico militar cubano bajo presión: qué es GAESA y por qué importa

Un conglomerado empresarial vinculado a las fuerzas armadas controla sectores clave de la economía cubana. Washington apunta a debilitarlo.

El pulpo empresarial que sostiene la economía cubana

Detrás de los hoteles cinco estrellas que salpican La Habana, las gasolineras, los restaurantes y buena parte del comercio mayorista en Cuba existe una estructura empresarial única en América Latina: un conglomerado económico directamente vinculado a las fuerzas armadas. Esta red, conocida como GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.), representa uno de los nudos más complejos de la economía cubana contemporánea y se ha convertido en el centro de una disputa geopolítica que afecta desde el turismo hasta el abastecimiento de alimentos en la isla.

Para el ciudadano cubano promedio, GAESA es invisible pero omnipresente. Cuando un turista se hospeda en uno de los resorts de lujo distribuidos por La Habana, está contribuyendo a este sistema. Cuando se compra combustible en las estaciones de gasolina, o cuando se cena en establecimientos de alto nivel, los ingresos fluyen hacia esta estructura. Se estima que GAESA controla entre el 10% y el 20% del producto interno bruto de Cuba, lo que la convierte en un actor económico de primera magnitud en una isla donde el estado sigue siendo el principal empleador.

Una estructura que nació de la necesidad

Para entender GAESA es necesario retroceder a los años noventa. Cuando desapareció la Unión Soviética, Cuba perdió su principal fuente de subsidios y entró en una profunda crisis económica conocida como el «Período Especial». Las fuerzas armadas cubanas, bajo el mando de Raúl Castro, que era ministro de defensa, encontraron en el sector empresarial una vía para generar ingresos y mantener su influencia política y económica.

Lo que comenzó como una estrategia de supervivencia se consolidó en un modelo que persiste hasta hoy. A diferencia de otros países latinoamericanos donde militares y civiles tienen roles claramente separados, en Cuba la frontera entre lo castrense y lo empresarial se diluyó. Los generales no solo planificaban estrategia militar; también presidían consejos de administración. Las ganancias del turismo y el comercio se convirtieron en flujos de recursos que financiaban tanto operaciones militares como pensiones y beneficios para la oficialidad.

Sectores clave bajo control militar

GAESA no es un simple holding. Funciona como una red descentralizada que opera en múltiples sectores. El turismo representa su cara más visible: administra resorts, hoteles boutique y restaurantes dirigidos a extranjeros con poder adquisitivo. El comercio exterior, especialmente la importación de alimentos y bienes de consumo, constituye otro pilar fundamental. También controla distribuidoras de combustible, puertos y servicios logísticos.

Este modelo genera aproximadamente 500 millones de dólares anuales en divisas, según estimaciones de analistas internacionales. En un país donde la escasez de divisas es crónica y limita la importación de alimentos, medicinas y combustible, estos ingresos resultan estratégicos. Sin embargo, también generan desigualdad: mientras algunos cubanos acceden a bienes y servicios de lujo en pesos convertibles, la mayoría de la población enfrenta racionamientos y carencias.

Washington toma la ofensiva

La administración estadounidense ha intensificado en años recientes su estrategia de presión contra GAESA. Mediante sanciones dirigidas, congela activos, prohíbe transacciones financieras con sus subsidiarias y busca aislarla del sistema bancario internacional. La estrategia geopolítica es clara: si se debilita el flujo de ingresos a GAESA, se reduce la capacidad del gobierno cubano para mantener cohesión política y control social.

Para contexto latinoamericano, esto refleja un patrón más amplio. Varios gobiernos de la región tienen vínculos entre estructuras de defensa y empresas comerciales, pero ninguno con la magnitud y centralidad que posee GAESA en Cuba. Venezuela cuenta con similar interpenetración entre fuerzas armadas y economía, pero fragmentada entre diferentes actores. En Cuba existe una coherencia y jerarquía militar que facilita la coordinación.

El impacto en la calle

¿Qué significa esto para un cubano común? En primer lugar, restringe el acceso. Los servicios de GAESA operan en dólares o pesos convertibles, fuera del alcance de salarios en moneda nacional que promedian entre 2000 y 3000 pesos mensuales. Segundo, concentra la riqueza: las ganancias no se reinvierten necesariamente en infraestructura pública o bienestar social, sino que refuerzan a la institución militar. Tercero, limita la diversificación económica: mientras GAESA domina sectores clave, emprendedores privados encuentran difícil competir o expandirse.

Las sanciones estadounidenses agravan esta realidad. Al reducir los ingresos de divisas, el gobierno debe recortar importaciones, lo que aumenta la escasez y alimenta la inflación. Paradójicamente, esto afecta más a los ciudadanos comunes que al establishment que controla GAESA, que tiene acceso preferente a recursos.

Perspectivas inciertas

El futuro de GAESA dependerá de cómo evolucionen las dinámicas políticas cubanas. Una posible transición política podría llevar a su desmantelamiento o transformación. Reformas económicas podrían abrirla a competencia privada. Pero por ahora, el conglomerado militar-empresarial sigue siendo el actor económico más poderoso de la isla, navegando entre presiones externas e internas.

Para observadores regionales, GAESA representa un caso de estudio sobre cómo instituciones militares pueden adaptarse y prosperar más allá del campo de batalla, transformando su poder político en influencia económica. Un modelo que, como demuestran las realidades cotidianas de La Habana, genera tanto ingresos como desigualdad.

Información basada en reportes de: Elperiodico.com

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