El precio de los cambios de timón en la política mexiquense
En las últimas semanas, el Estado de México ha sido testigo de un giro notable en la política interna de Morena. El senador Higinio Martínez, a través de su organización «Mexiquenses de Corazón», ha modificado su postura de manera abierta, realizando asambleas informativas que ahora respaldan explícitamente a la presidenta Claudia Sheinbaum y reconocen el trabajo de la gobernadora Delfina Gómez. Este cambio de discurso resulta particularmente significativo considerando los señalamientos y críticas que el mismo senador dirigía anteriormente hacia la administración estatal.
Un cambio que no es coincidencia
La política no funciona por casualidades, sino por decisiones estratégicas. El giro de 180 grados del senador Higinio sugiere que detrás de este cambio de discurso existe una «poderosa voluntad», como señala el análisis. En el lenguaje político, estas transformaciones de actitud típicamente responden a dos escenarios: bien se ha llegado a un acuerdo sobre incentivos personales, o bien se ha tomado una decisión de orden superior destinada a evitar fracturas perjudiciales para el partido.
Morena enfrenta un escenario complicado. Los índices de popularidad del partido han disminuido, mientras que crece la percepción de incongruencia entre su discurso fundacional y sus acciones internas. En este contexto, permitir que figuras internas continúen con posiciones críticas abiertamente sería contraproducente. Es más viable, desde la óptica estratégica, «limar y ceder que partir y perder», especialmente cuando las elecciones del próximo año representan un momento clave para la retención del poder.
El costo para la sociedad
Sin embargo, este cambio táctico tiene un costo político y social. Para amplios sectores de la ciudadanía, el giro de Higinio Martínez no representa una corrección de rumbos, sino evidencia de que Morena funciona bajo lógicas de intereses de grupo y personales, no bajo compromisos reales con la población. Esta percepción se refuerza cuando se observan comportamientos que desmienten el discurso público del partido.
La defensa de la soberanía, por ejemplo, ha servido en algunos casos más como justificación para acciones que están fuera del marco legal que para genuinas causas de interés nacional. Mientras tanto, figuras como el propio senador Higinio han alimentado especulaciones sobre ambiciones políticas futuras mediante arengas que lo posicionan como potencial candidato a la gubernatura, bajo la premisa de que «si el pueblo quiere», él estaría dispuesto.
Una credibilidad erosionada
El desafío fundamental para Morena radica en restaurar su credibilidad. El partido que prometía una ruptura con las prácticas políticas tradicionales se encuentra ahora enfrentando las mismas acusaciones de faccionalismo, negociaciones ocultas y priorización de intereses particulares sobre el bien común. Esta contradicción entre el discurso fundacional y la práctica política cotidiana es lo que progresivamente ha minado la confianza de un electorado que inicialmente depositó grandes esperanzas en el proyecto.
La oposición no necesita campañas incendiarias para ganar terreno. Los actos incongruentes del propio Morena —visibles en sus disputas internas, sus acuerdos no explicitados y sus cambios de narrativa— son suficientes para que la sociedad se distancie gradualmente. Este distanciamiento podría traducirse en crecimiento sostenido de la oposición, ganando primero alcaldías y diputaciones locales, para eventualmente poner en riesgo posiciones de mayor envergadura como la gubernatura o la propia presidencia.
¿Cuál es el precio real?
La pregunta que queda en el aire es si al senador Higinio Martínez «le llegaron al precio» o si le prometieron algo a cambio de su lealtad verbal. Lo cierto es que el pueblo mexicano continúa siendo quien paga los costos reales: erosión de instituciones, pérdida de confianza en los procesos políticos y profundización de la brecha entre lo que promete la clase política y lo que entrega.
Para reflexión final, como señala el analista político Jorge Zepeda Patterson: «En política, la lealtad se practica sólo cuando la traición no ofrece dividendos». Este aforismo resume precisamente el dilema de Morena en 2024: mantener la coalición interna requiere hacer concesiones, pero cada concesión visible erosiona la legitimidad del proyecto político original.