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El dilema de la coherencia: feminismo selectivo y la realidad de las mujeres

¿Podemos reclamar derechos para unas mujeres mientras ignoramos la barbarie que sufren otras? Una pregunta incómoda que va más allá de las trincheras políticas.
El dilema de la coherencia: feminismo selectivo y la realidad de las mujeres

El dilema de la coherencia: feminismo selectivo y la realidad de las mujeres

Existe una pregunta que incomoda porque toca el nervio de nuestras contradicciones más evidentes: ¿por qué algunos movimientos sociales se movilizan apasionadamente por ciertos temas mientras permanecen silenciosos ante atrocidades similares ocurridas en otras latitudes? Esta interrogante, lejos de ser una simple provocación política, expone una grieta profunda en cómo construimos nuestras agendas de justicia social.

La cuestión no es menor. Cuando hablamos de derechos de las mujeres, estamos tratando un asunto fundamental: la dignidad humana sin matices ni geografías. Sin embargo, la realidad muestra que nuestro compromiso con esta causa fluctúa según variables que poco tienen que ver con la gravedad de los hechos y mucho con la utilidad política de cada caso.

Un contexto que demanda claridad

Desde 2021, cuando los talibanes retomaron el control de Afganistán, las mujeres de ese país enfrentan un retroceso histórico. Prohibiciones para trabajar, estudiar, salir sin acompañante: se trata de un borrado sistemático de derechos. Simultáneamente, en Irán, el levantamiento iniciado tras la muerte de Jina Mahsa Amini en 2022 reveló represión brutal contra mujeres que simplemente demandaban libertad. Torturas, ejecuciones, desapariciones. Los números son desgarradores y verificables.

¿Dónde estaban las manifestaciones masivas? ¿Dónde los espacios de denuncia internacional? En comparación con la movilización que reciben otras causas, el contraste resulta perturbador. Y es aquí donde la provocación política, más allá de su tono, toca algo real.

El feminismo que elige sus batallas

Existe un fenómeno que los movimientos sociales raramente admiten: la selección de narrativas según conveniencia ideológica. No se trata de cinismo deliberado necesariamente, sino de algo más sutil: el impacto visual, mediático y político de cada causa varía. Una marcha del 8 de Marzo tiene valor simbólico local inmediato. Una campaña por iraníes o afganas implica cuestionar alianzas incómodas o reconocer enemigos menos claros.

Desde América Latina, entendemos estas complejidades. Nuestros movimientos feministas han tenido que navegar entre reivindicaciones locales urgentes—feminicidios, desigualdad salarial, acceso al aborto—y una solidaridad internacional que a menudo se fragmenta según líneas políticas. Las mujeres colombianas que denuncian violencia sexual en conflictos armados, las mexicanas desaparecidas, las centroamericanas migrantes: sus historias compiten por atención con agendas que no siempre las priorizan.

La incómoda verdad sobre la coherencia

Quien cuestiona la selectividad no necesariamente busca minimizar ninguna lucha. Busca, simplemente, exigir coherencia. Si el compromiso feminista es genuino, no puede ser un accesorio de conveniencia política. No puede servir solo cuando su uso es electoralmente rentable.

La pregunta provocadora tiene mérito precisamente porque obliga a responder: ¿qué nos mueve realmente? ¿La justicia universal o la posición que nos beneficia? ¿La defensa de derechos o la defensa de una tribu política?

Hacia una posición más exigente

Esto no significa abandonar las luchas locales. Al contrario. Significa reconocer que la justicia para las mujeres no es divisible. No puede ser un lujo que nos permitimos solo cuando es cómodo.

La solución no es contentarse con discursos vacíos de intención. Tampoco es reducir manifestaciones legítimas a hipocresía. La solución es exigir—tanto de gobiernos como de movimientos sociales—que nuestras palabras reflejen nuestras acciones, que nuestra solidaridad sea universal o que seamos honestos sobre sus límites.

Las mujeres de Teherán, Kabul, Bogotá y Ciudad de México merecen más que ser rehenes de nuestras conveniencias políticas. Merecen que les crea en serio. Y eso solo ocurre cuando dejamos de elegir nuestras batallas y empezamos a pelear todas.

Información basada en reportes de: Elespanol.com

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