Lunes, 7 de septiembre de 2026 Edición Impresa
Recientes
Traslado de urgencia: El caso que expone violencia dentro de cárceles mexicanasMovimiento feminista mexicano: arte y protesta en las calles de la capitalBarcelona emerge como epicentro europeo de innovación farmacéutica y saludPetro en México: diplomacia progresista y diálogos regionalesCuando la fe desafía la destrucción: el enigma de 1921 en la BasílicaNoruega pierde al monarca que reinventó la corona en tiempos de cambio¿Qué pasó con el Lula de los 90? Brasil y la encrucijada nicaragüenseBarcelona emerge como hub farmacéutico europeo, según ejecutiva internacionalTraslado de urgencia: El caso que expone violencia dentro de cárceles mexicanasMovimiento feminista mexicano: arte y protesta en las calles de la capitalBarcelona emerge como epicentro europeo de innovación farmacéutica y saludPetro en México: diplomacia progresista y diálogos regionalesCuando la fe desafía la destrucción: el enigma de 1921 en la BasílicaNoruega pierde al monarca que reinventó la corona en tiempos de cambio¿Qué pasó con el Lula de los 90? Brasil y la encrucijada nicaragüenseBarcelona emerge como hub farmacéutico europeo, según ejecutiva internacional

De migrantes a motos: cómo una fintech desafía el crédito tradicional en Latinoamérica

Galgo pasó de financiar venezolanos a mover 7.500 motos mensuales. Su inversión de Uber marca un giro en cómo el capital de riesgo ve el acceso financiero en la región.
De migrantes a motos: cómo una fintech desafía el crédito tradicional en Latinoamérica

De migrantes a motos: cómo una fintech desafía el crédito tradicional en Latinoamérica

En 2019, cuando Diego Fleischmann e Ignacio Canals lanzaron Galgo, nadie apostaba demasiado por financiar a migrantes venezolanos en un contexto donde los bancos tradicionales miraban hacia otro lado. Era un nicho considerado riesgoso, sin historial crediticio, sin garantías convencionales. Pero precisamente ahí, en ese espacio rechazado por la banca clásica, encontraron un mercado real con necesidades urgentes.

Lo que comenzó como una solución específica para una población vulnerable evolucionó hacia algo más ambicioso. Hoy, Galgo no solo otorga créditos: ha construido un modelo de financiamiento para el transporte informal, uno de los sectores más dinámicos y menos bancarizados de América Latina. La compañía financia aproximadamente 7.500 motocicletas mensuales distribuidas entre Chile, Colombia y México. No es un número menor considerando que estamos hablando de trabajadores que dependen de sus vehículos para subsistir.

El capital llega, pero ¿a qué precio?

Con más de cien millones de dólares en capital levantado y una inversión adicional de 350 millones en financiamiento, Galgo ha entrado en una fase diferente. La participación de Uber en esta ronda de inversión no es casual. El gigante de la movilidad ha estado explorando nuevas formas de entrar en el negocio financiero a través de sus plataformas. Para Uber, invertir en una fintech que estructura créditos para conductores potenciales es una jugada estratégica: asegura oferta de vehículos y conductores dentro de su ecosistema.

Aquí emerge la pregunta incómoda que pocas celebridades de las startups quieren hacer: ¿qué significa realmente que un gigante tecnológico estadounidense controle o influya en el acceso al crédito de trabajadores informales en Latinoamérica? Históricamente, hemos visto cómo el capital extranjero llega con promesas de inclusión financiera, pero frecuentemente termina capturando valor a costa de comunidades vulnerables.

El modelo de negocio: ¿inclusión o extractivismo financiero?

El modelo de Galgo apunta a algo genuino: personas que no tenían acceso formal al crédito ahora pueden acceder a él. Eso es real. Un trabajador informal de Bogotá o Lima que maneja una moto para trabajar en plataformas digitales ahora tiene opciones que antes no existían. Eso importa.

Pero el contexto latinoamericano obliga a ser escéptico. El transporte informal es un sector donde márgenes de ganancia son ajustados y la precariedad es estructural. Cuando una plataforma global financia motos y luego captura el flujo de datos de esos trabajadores, cuando condiciona el acceso al crédito a trabajar preferencialmente en su plataforma, estamos ante un modelo donde la inclusión viene atada a la dependencia.

Fleischmann ha construido algo operacionalmente competente. La capacidad de procesar aplicaciones de crédito a escala, de generar perfiles de riesgo en comunidades sin historial bancario, es genuinamente complejo. Pero la complejidad operativa no equivale a equidad estructural.

¿Por qué esto importa ahora?

Latinoamérica tiene una crisis de acceso financiero real. Más de 50% de la población adulta está excluida del sistema bancario formal. El transporte informal mueve millones de dólares diarios pero permanece invisible para las instituciones financieras tradicionales. En ese vacío, startup como Galgo llegan con soluciones que funcionan mejor que nada.

Pero cuando esas soluciones vienen acompañadas de capital estadounidense y control corporativo, necesitamos preguntar sobre términos de largo plazo. ¿Quién retiene la información de estos trabajadores? ¿A qué tasa realmente se cobra el crédito cuando se contabilizan comisiones ocultas? ¿Qué sucede si Uber decide cambiar su estrategia de mercado?

El éxito de Galgo es real. Su impacto ha llegado a cientos de miles de personas. Pero éxito no siempre significa equidad. A veces significa que el capital internacional encontró una manera más eficiente de extraer valor desde la periferia, solo que con mejor relaciones públicas.

Eso no invalida lo que hacen. Pero obliga a mantener los ojos abiertos.

Información basada en reportes de: Www.df.cl

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →