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Cuatro décadas de honor: los tenancinguenses que merecieron la Presea del Estado

En 42 años, cuatro ciudadanos de Tenancingo han recibido el máximo reconocimiento estatal. El último: Rosario Núñez Flores, por preservar el arte del rebozo.
Cuatro décadas de honor: los tenancinguenses que merecieron la Presea del Estado

Cuatro décadas de honor: los tenancinguenses que merecieron la Presea del Estado

Hay momentos en la historia de un municipio que merecen ser recordados no por sus cifras, sino por lo que representan: el reconocimiento público al mérito. Eso es exactamente lo que significa que cuatro ciudadanos de Tenancingo hayan recibido la Presea Estado de México en poco más de cuatro décadas. Es una rareza que invita a reflexionar sobre qué distingue a estos territorios y qué nos dice sobre el valor que asignamos al trabajo persistente y la excelencia.

El camino comenzó el 24 de agosto de 1983, cuando se publicó en la Gaceta del Gobierno del Estado de México la Ley del Mérito Civil. Apenas meses después, el 2 de marzo de 1984, se realizó la primera entrega de este máximo reconocimiento. Desde entonces, el Estado ha utilizado este instrumento para honrar a quienes aportan valor tangible a la entidad.

Los cuatro pilares del mérito tenancinguense

Jorge Garcés Cruz (1985). El primero en portar esta distinción fue Don Jorge Garcés Cruz, reconocido por su fomento empresarial y económico a través de la empresa que fundó con su familia. Su legado representa el pilar económico: la creación de valor y oportunidades para otros.

Genaro Díaz Mañón (1996). Once años después, el médico cirujano Don Genaro Díaz Mañón recibió la Presea con la nominación Dr. Gustavo Baz Prada. Su trayectoria en el servicio a la sociedad ejemplifica el compromiso con la salud pública y la perseverancia en la vocación de servir.

Mucio Gómez López (2004). Aunque la ley original fue abrogada en 2001, el espíritu de reconocimiento continuó bajo el Código Administrativo del Estado. Mucio Gómez López recibió el galardón por su larga carrera en el periodismo regional, primero en Tenancingo y luego a nivel estatal desde La Tribuna del Estado de México. Su presencia señala la importancia de la información como servicio público.

Rosario Núñez Flores (2026). Y ahora, en 2026, llega la sorpresa que cierra este ciclo de cuatro décadas: Rosario Núñez Flores recibe la Presea en la categoría Impulso Económico «Adolfo López Mateos» por su maestría en la elaboración del rebozo, su preservación y su contribución a proyectar Tenancingo en los más altos ámbitos del arte popular.

¿Por qué importa este reconocimiento?

Lo que une a estos cuatro tenancinguenses no es el sector en el que trabajaron, sino algo más profundo: cada uno identificó una necesidad, una tradición o una oportunidad, y dedicó su vida a hacerla mejor. Garcés impulsó la economía local, Díaz Mañón cuidó la salud de su comunidad, Gómez López mantuvo informada a la sociedad, y Núñez Flores preservó una tradición artesanal que define la identidad de su pueblo.

En un momento en el que abundan los reconocimientos fáciles y las distinciones infladas, este registro de cuarenta y dos años cobra relevancia. No es un premio por popularidad o por una campaña mediática. Es una evaluación institucional de quién ha dejado una huella real.

Rosario Núñez Flores, artesana del rebozo, cierra este cuarteto no como un final, sino como una invitación: el mérito sigue siendo posible, el trabajo persistente sigue siendo visible, y los pueblos que reconocen a sus mejores ciudadanos preservan algo fundamental que las cifras económicas no capturan: su dignidad.

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