Jueves, 23 de julio de 2026 Edición Impresa
Recientes
Laredo: la puerta que México y EE.UU. disputan en la batalla por la logísticaLa reflexión de un capo: la advertencia desde la celda que interpela al paísEl fútbol como distracción: análisis crítico de la política y el deporte en América LatinaAlerta en Costa Rica: cómo el estrés y obesidad están transformando la salud digestivaIMSS ejecuta plan de expansión hospitalaria con 21 obras en marchaUna palabra podría desmantelar 50 años de protección animal en EE.UU.Polarización global: cómo la política argentina divide a celebridades internacionalesAlajuelense pierde pieza clave: futbolista se marcha a competir en el extranjeroLaredo: la puerta que México y EE.UU. disputan en la batalla por la logísticaLa reflexión de un capo: la advertencia desde la celda que interpela al paísEl fútbol como distracción: análisis crítico de la política y el deporte en América LatinaAlerta en Costa Rica: cómo el estrés y obesidad están transformando la salud digestivaIMSS ejecuta plan de expansión hospitalaria con 21 obras en marchaUna palabra podría desmantelar 50 años de protección animal en EE.UU.Polarización global: cómo la política argentina divide a celebridades internacionalesAlajuelense pierde pieza clave: futbolista se marcha a competir en el extranjero

Cuando Washington designa terroristas: La ofensiva diplomática que golpea a Lula

EE.UU. incluye dos mega-organizaciones criminales brasileñas en su lista antiterrorista. Lula lo ve como una intromisión que ignora la realidad del país.
Cuando Washington designa terroristas: La ofensiva diplomática que golpea a Lula

La declaratoria que sacude Brasilia

A veces las decisiones que parecen técnicas son, en realidad, profundamente políticas. La incorporación del Comando Vermelho y el Primeiro Comando da Capital a la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras por parte de Estados Unidos es uno de esos momentos donde una clasificación administrativa se convierte en un acto diplomático de considerables consecuencias.

Para el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, esta decisión Washington no es neutral. La administración brasileña la ha interpretado como una interferencia en asuntos internos, una forma velada de cuestionar su capacidad para gobernar y, más aún, de erosionar su credibilidad internacional justo cuando el país intenta reposicionarse como actor relevante en la geopolítica latinoamericana.

Más allá de las etiquetas jurídicas

Conviene entender qué significa realmente esta clasificación. No estamos hablando solo de una categorización burocrática. Cuando Washington etiqueta a estas organizaciones como terroristas extranjeras, abre la puerta a un arsenal de sanciones: congelamiento de activos, restricciones para transacciones financieras internacionales, prohibiciones de viaje para miembros, y presión diplomática sobre terceros países para que adopten medidas similares.

Para el PCC y el CV, grupos que operan con sofisticación criminal en el narcotráfico continental, la medida tiene impacto inmediato. Pero el verdadero destinatario del mensaje es Brasilia: una señal sobre quién ejerce autoridad en la definición de amenazas hemisféricas y quién decide qué es aceptable en términos de seguridad regional.

El contexto que no se puede ignorar

Brazil enfrenta un dilema genuino. Estas organizaciones son, sin discusión, actores criminales de enormes dimensiones. El PCC controla fragmentos significativos del tráfico de drogas en Sudamérica. El Comando Vermelho ha demostrado capacidad logística y de coordinación que va más allá del narcotráfico convencional. Sus actos de violencia han matado civiles, policías y combatientes en confrontaciones que tiñen de rojo las periferias urbanas brasileñas.

Pero aquí comienza la complejidad. ¿Son terroristas en la acepción que la comunidad internacional otorga al término? El terrorismo implica, típicamente, la búsqueda de cambio político mediante la intimidación sistemática de poblaciones civiles. Estos grupos son criminales, son violentos, son depredadores, pero sus motivaciones son primordialmente económicas: controlar mercados de drogas, armas y dinero.

Lula tiene un punto legítimo: cuando Washington reclasifica delincuentes como terroristas según sus propios criterios geopolíticos, sin coordinación previa con gobiernos soberanos, envía un mensaje incómodo. Es una forma de dictar, desde el norte, cómo deben interpretarse las amenazas del sur.

Las repercusiones que vienen

Las consecuencias son múltiples. En lo económico, empresas brasileñas podrían enfrentar mayores escrutinios en transacciones internacionales. En lo diplomático, la designación debilita la narrativa de Lula sobre estabilidad e institucionalidad. En lo estratégico, refuerza la noción de que Washington mantiene poder unilateral para imponer sus criterios de seguridad sobre el hemisferio.

Esto ocurre mientras Brasil intenta consolidar liderazgo regional, impulsar el BRICS como contrapeso, y proyectarse como mediador en conflictos latinoamericanos. La movida estadounidense, sin importar cuán justificada sea en términos de seguridad, llega en un momento delicado para la autoridad política de Lula.

Preguntas sin respuesta fácil

¿Debería Brasil cuestionar esta decisión? Probablemente sí, no porque defienda a criminales, sino porque la soberanía implica participar en decisiones que afectan el territorio nacional. ¿Es Estados Unidos responsable de mantener seguridad regional? También. ¿Existe forma de hacerlo sin socavar gobiernos latinoamericanos democraticamente elegidos? Esa es la pregunta que debería ocupar a los diplomáticos.

Por ahora, la desconexión persiste. Washington ve amenaza terrorista. Lula ve invasión de competencias. Y los grupos criminales, mientras tanto, seguirán operando desde la penumbra, casi indiferentes a la etiqueta que usen para nombrarlos.

Información basada en reportes de: Elconfidencial.com

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →