El precio de la realidad
En política económica, como en la vida, hay un momento en que los sueños chocan contra las paredes del mundo real. Esa colisión ocurrió esta semana cuando el gobierno anunció un replanteamiento significativo en sus objetivos fiscales. Lo que antes era una promesa de llegar al equilibrio presupuestario en 2030 se transformó ahora en una meta más modesta: un déficit controlado del 1,5%. El cambio no es menor. Es un sinceramiento que merece análisis sereno, sin alarmismos ni triunfalismos baratos.
La decisión del ministro de Hacienda refleja algo que economistas serios saben desde hace tiempo: los compromisos fiscales rígidos funcionan mejor en teoría que en la práctica. América Latina está repleta de ejemplos. Brasil prometió superávits primarios que nunca llegaron. Argentina intentó ortodoxias que colapsaron. México ha navegado tensiones constantes entre gasto social y sostenibilidad. El contexto importa, y mucho.
Lo que el ajuste revela
Aceptar un déficit estructural del 1,5% en 2030 no es capitulación, aunque algunos lo interpreten así. Es reconocer que una economía moderna requiere inversión pública. Infraestructura, educación, salud, seguridad social: todas estas demandas legítimas cuestan dinero. El cero déficit es un eslogan atractivo para carteles electorales, pero raramente resuelve los problemas que mantienen despiertos a ciudadanos reales.
Sin embargo, hay una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿este ajuste es una corrección prudente o una rendición ante presiones políticas? ¿Se basa en nuevas proyecciones macroeconómicas rigurosas o es un acto de desesperación frente a la presión del ciclo electoral? La transparencia en cómo se llegó a esta cifra será crucial para la credibilidad del mensaje.
El consultorio de expertos externos
Mientras tanto, el gobierno enfrenta nuevas observaciones del Consejo Fiscal Asesor sobre su proyecto de reactivación económica. Este escenario es instructivo. En Chile, como en varios países de la región, los gobiernos han optado por consultar a instituciones técnicas externas para blindar sus decisiones. Es una estrategia inteligente: la expertise internacional aporta distancia emocional y credibilidad.
Pero también plantea un interrogante sobre la soberanía en la toma de decisiones. ¿Quién decide realmente qué es bueno para una economía: los expertos locales, los consultores externos, los mercados financieros o la ciudadanía? La respuesta probablemente sea: todos, pero en un orden que varía según los países y los contextos políticos.
El contexto global que nadie menciona
Hay algo importante que no aparece en los comunicados oficiales: el mundo cambió desde que se formuló la meta de 2030. La inflación golpeó más fuerte de lo esperado. La crisis climática empieza a exigir inversiones inesperadas. Las tensiones geopolíticas crean incertidumbre. La inteligencia artificial promete disrupciones laborales sin precedentes. En este escenario, rigidez presupuestaria podría ser un lujo que los países en desarrollo no pueden permitirse.
La comparación con otros países es reveladora. Perú, Colombia, Uruguay: todos enfrentan dilemas similares entre consolidación fiscal y demandas sociales urgentes. No hay fórmula mágica, pero hay lecciones sobre qué funciona y qué no.
Lo que viene: el verdadero test
El anuncio es un paso. La prueba será la ejecución. ¿Se mantendrá disciplinariamente el déficit del 1,5%? ¿O será un objetivo que se dilata según las circunstancias políticas de cada año? La historia fiscal de América Latina sugiere que los números iniciales rara vez se cumplen tal como se anuncian.
Lo sano en una democracia es que estos ajustes se discutan abiertamente. Que los ciudadanos entiendan las disyuntivas reales. Que no se oculte bajo retórica técnica las decisiones sobre cuánto invertir en qué, y quién paga. El sinceramiento de metas fiscales puede ser una oportunidad para esa conversación más profunda, si el gobierno está dispuesto a tenerla.
El equilibrio perfecto en las cuentas públicas es un mito. Lo que importa es que los números reflejen prioridades deliberadas, no fruto de la improvisación. Eso, aún está por verse.
Información basada en reportes de: Www.df.cl