El pacto tácito del silencio
Hay un momento en toda sociedad democrática donde la política se detiene. O al menos, eso pretendemos creer. Cuando mueren seis personas en circunstancias que pudieron evitarse, cuando familias enteras ven colapsar en segundos no solo una pasarela sino también sus futuros, surge esa breve pausa donde acusarse mutuamente parece —temporalmente— obsceno.
Lo que ha sucedido en El Bocal de Santander es precisamente eso: un recordatorio brutal de que nuestras instituciones fallan no por accidente, sino por decisiones. Decisiones sobre qué infraestructuras mantener, cuáles ignorar, dónde invertir presupuestos limitados. Y esas decisiones tienen apellido, cargo y responsabilidad política clara.
La tregua como confesión de culpabilidad
Lo inquietante no es que el debate político se pause durante el duelo. Lo inquietante es que la alcaldesa ya anticipe públicamente que esa pausa terminará. «No nos pegaremos políticamente mientras estemos en la fase inicial», vino a decir. Como si delimitara un tiempo de caducidad para el respeto, como si estableciera una fecha en el calendario después de la cual la responsabilidad vuelva a ser moneda de cambio electoral.
Esa confesión adelantada es, en realidad, un síntoma de enfermedad más profunda. Implica que todos saben, sin decirlo explícitamente, que hay culpables identificables. Que las administraciones comprenden que cada una tiene su cuota de negligencia. Y que, una vez pase el funeral y se cierren los periódicos, comenzará el verdadero juego: quién se acusará primero, quién logrará trasladar responsabilidad, quién saldrá mejor parado electoralmente de esta tragedia.
Mantenimiento: la política del olvido
El mantenimiento nunca fue glamoroso en política. No hay cintas de inauguración en puentes reparados. No hay fotos de autoridades cortando cintas en pasarelas reforzadas. El mantenimiento es lo invisible, lo que funciona cuando funciona y solo se nota cuando colapsa. Es por eso que es siempre el primer rubro que se recorta en tiempos de crisis fiscal, el que se posterga año tras año, el que se convierte en una deuda que eventualmente cobra vidas.
Una perspectiva desde América Latina
Quienes observamos desde Latinoamérica reconocemos este patrón. Hemos visto colapsos de pasarelas en Bogotá, puentes en Medellín, estructuras en Lima. Y luego, esa danza familiar: los señalamientos políticos diferidos, las culpas compartidas estratégicamente, las investigaciones que avanzan lentamente mientras los vivos siguen caminando por infraestructuras que podrían fallar nuevamente.
La diferencia es que Santander tiene instituciones que, al menos, investigarán. Que habrá un proceso judicial. Que la autopsia de la negligencia será documentada. Eso es un lujo que no tienen muchas ciudades en nuestro continente.
Lo que debería suceder después del luto
Una verdadera responsabilidad política no espera a que pase la fase de duelo. No se auto-limita. Implica reconocer públicamente qué administración tuvo qué responsabilidad, qué inversiones no se hicieron, qué inspecciones fallaron, qué sistemas de alerta no existían.
Implica, además, que mientras dure la investigación, los políticos no jueguen con los resultados. Que no busquen culpables externos cuando los internos son evidentes. Que no usen esta tragedia como munición en la próxima campaña electoral.
La pregunta que persiste
¿Cuánto tiempo debe durar esa tregua? ¿Dos meses? ¿Seis? ¿Hasta después de las próximas elecciones? La alcaldesa no especificó. Quizás porque sabe que la política del silencio temporal es más cómoda para todos: les da tiempo a los abogados, a los peritos, a los funcionarios para preparar sus defensas. Mientras tanto, la verdad espera bajo escombros que tardan en ser removidos completamente.
Lo que sí está claro es que la tregua política es, en sí misma, un acto político. Un acuerdo tácito que revela que todos conocen el juego, sus reglas y sus consecuencias. Y que, en el fondo, ninguno está verdaderamente interesado en romper esa tregua porque todos tienen algo que proteger.
Eso, quizás, sea lo más triste de todo.
Información basada en reportes de: Eldiario.es