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Cuando la geopolítica llega a casa: autoritarismos globales y voto local

El ascenso de gobiernos derechistas en España refleja un patrón mundial donde potencias autoritarias y corporaciones sin escrúpulos redefinen la política democrática.
Cuando la geopolítica llega a casa: autoritarismos globales y voto local

La paradoja de elegir en tiempos de incertidumbre global

Vivimos en una era donde las decisiones que tomamos en las urnas de nuestros municipios ya no son actos políticos aislados. Están atravesados por dinámicas que trascienden fronteras, gobiernos y sistemas económicos. Cuando los españoles se preparan para votar en Andalucía, no solo eligen representantes locales; participan en una contienda ideológica global que tiene sus epicentros en Washington y Beijing, pero cuyos ecos llegan a cada rincón del planeta.

El filósofo ateniense Tucídides observó hace más de dos mil años que el conflicto es inevitable cuando una potencia establecida enfrenta el surgimiento de otra que la desafía. Esa lógica, bautizada como la «trampa de Tucídides» por académicos modernos, explica buena parte de la tensión entre Estados Unidos y China en el siglo XXI. Pero lo inquietante no es solo que dos superpotencias compitan por la hegemonía global. Lo verdaderamente preocupante es el modelo que ambas representan: gobiernos con débiles compromisos con los derechos humanos, sistemas donde la represión política coexiste con el capitalismo corporativo sin regulación.

Corporaciones sin alma, gobiernos sin brújula

En las últimas décadas, hemos presenciado el surgimiento de un capitalismo de nueva cuña. Ya no se trata simplemente de empresas que buscan ganancias dentro de marcos legales. Son conglomerados multinacionales que operan en un espacio gris donde los derechos laborales, ambientales y humanos son considerados obstáculos, no valores. Desde las minas de litio en América Latina hasta las fábricas textiles en Asia, el mismo patrón se repite: explotación normalizada, comunidades devastadas, ganancias concentradas.

Simultáneamente, los gobiernos que deberían regular estos excesos se encuentran capturados. Trump en Estados Unidos y Xi Jinping en China representan dos caras de una misma moneda: líderes que priorizan el poder nacional y corporativo sobre las libertades individuales. Uno mediante el populismo transaccional; otro, mediante el autoritarismo de partido único. Ambos erosionan instituciones democráticas. Ambos subordinan derechos humanos a objetivos geopolíticos.

España ante la encrucijada

¿Y entonces qué sucede en Andalucía? ¿Qué significa que formaciones de derechas ganen terreno en una región española? No es un fenómeno aislado. Es parte de una ola global donde opciones políticas que prometen «orden», «seguridad» y «recuperación de la identidad» avanzan electoralmente. Desde Brasil hasta Polonia, pasando por Italia y ahora España, hay un patrón: cuando la incertidumbre económica global aumenta, cuando las clases medias sienten amenazadas sus posiciones, cuando los migrantes se convierten en chivos expiatorios, la extrema derecha prospera.

Lo perverso del ciclo es que estos gobiernos, una vez en el poder, no enfrentan a las corporaciones sin escrúpulos ni crean instituciones genuinamente democráticas. Generalmente, forman alianzas con ellas. Desregulan mercados, flexibilizan derechos laborales, criminalizan la protesta.

La lección latinoamericana

En América Latina aprendimos esta lección a un costo terrible. Hemos visto cómo gobiernos autoritarios de derecha e izquierda, al llegar al poder con promesas de soluciones simples, solo profundizaban la desigualdad. Las instituciones democráticas débiles, los sistemas judiciales capturados y la ausencia de controles reales terminaban legitimando el abuso.

Cuando los andaluces voten, deberían preguntarse: ¿qué modelo de sociedad estoy eligiendo? ¿Uno donde las instituciones democráticas se fortalecen o uno donde se erosionan gradualmente? La respuesta no es local. Es global. Y sus consecuencias también.

Información basada en reportes de: Eldiario.es

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