Más allá de la meta: repensar la felicidad en tiempos de incertidumbre
En una época donde los algoritmos nos bombardean con imágenes de vidas perfectas y las redes sociales prometen felicidad en tres pasos sencillos, llega a Uruguay una voz que propone algo radicalmente diferente: dejar de buscar la felicidad como si fuera un trofeo por conquistar.
La psicóloga mexicana Margarita Tarragona, especialista en psicología positiva, trae consigo una invitación que suena casi revolucionaria en el contexto latinoamericano actual. No se trata de recetas mágicas ni de técnicas de autoayuda que prometen transformaciones de 30 días. Su propuesta es más profunda, más honesta: entender la felicidad como una forma de estar en el mundo, como una práctica cotidiana, como una actitud ante la vida que se construye paso a paso.
Este viaje por primera vez al territorio uruguayo forma parte del ciclo «Aprendemos Juntos» de BBVA, una iniciativa que ha ganado relevancia en América Latina precisamente por abordar temas que trascienden lo económico y tocan fibras profundas de nuestra humanidad. En compañía del escritor y comunicador Hernán Casciari, conocido por su capacidad de tejer historias que generan empatía y reflexión, Tarragona compartirá una perspectiva que viene ganando tracción en espacios académicos y comunitarios de toda la región.
El contexto de una búsqueda que nunca termina
Vivimos en sociedades que han naturalizado la idea de que la felicidad es un destino, un lugar al que llegaremos cuando logremos ciertos objetivos: el trabajo ideal, la pareja perfecta, el cuerpo deseado, la cifra de dinero suficiente. La cultura del logro permea cada aspecto de nuestras vidas, desde la educación hasta las relaciones personales. Y en ese afán, generamos una trampa insidiosa: cada meta alcanzada se convierte rápidamente en un punto de partida para la siguiente meta, condenándonos a un ciclo infinito de insatisfacción.
Esta dinámica es particularmente visible en América Latina, donde conviven presiones culturales de éxito económico con legados de desigualdad que hacen que muchos sienta que la felicidad es un lujo que no pueden permitirse. En Uruguay, país con índices de desarrollo elevados pero también con crecientes desafíos de salud mental, estas reflexiones cobran especial relevancia.
La propuesta de Tarragona no niega la importancia de establecer objetivos o de trabajar por mejoras concretas en nuestras vidas. Más bien, sugiere un cambio de perspectiva fundamental: entender que el bienestar no es el resultado final de una ecuación, sino el proceso mismo de vivir con intención, presencia y significado.
La psicología positiva como respuesta local
La psicología positiva, disciplina en la que Tarragona se especializó, surge hace apenas dos décadas como una corriente que buscaba equilibrar el enfoque tradicional de la psicología en lo patológico y lo disfuncional. Si bien nace en contextos académicos estadounidenses, ha encontrado en América Latina un terreno fértil para desarrollarse, porque nuestra región tiene una particular capacidad para encontrar luz en contextos de adversidad.
Cuando una psicóloga mexicana, cuya región enfrenta desafíos de seguridad y violencia inimaginables, habla sobre construir vidas significativas y dichosas, no lo hace desde la ingenuidad. Lo hace desde la resistencia, desde la comprensión profunda de que la felicidad genuina es acto político: elegir vivir plenamente a pesar de, en medio de, incluso frente a la adversidad.
Un encuentro que trasciende el formato
El diálogo entre Tarragona y Casciari promete ser más que una conferencia tradicional. Casciari, con su trayectoria de comunicador sensible a las historias humanas, probablemente llevará esta conversación hacia territorios personales, cotidianos, donde los conceptos se encarnan en experiencias reales. Es en esos espacios, en esos encuentros genuinos entre pensadores y audiencias, donde realmente ocurren los cambios de perspectiva.
Para quienes en Uruguay buscan redimensionar su relación con la productividad, el éxito y el bienestar, esta propuesta llega como una brújula necesaria. Una invitación a desacelerarse, a mirar alrededor con ojos frescos, a reconocer que la felicidad no es un premio que ganan los mejores, sino un derecho de todos aquellos dispuestos a vivirla conscientemente.
La felicidad, después de todo, es lo que sucede mientras nos ocupamos de otros asuntos. O mejor aún: es lo que sucede cuando finalmente nos ocupamos de vivir.
Información basada en reportes de: Diario EL PAIS Uruguay