Las voces que resuenan desde los bordes
En las últimas décadas, la Ciudad de México ha experimentado una transformación paradójica. Mientras su centro histórico y sus zonas privilegiadas consolidaban su posición como epicentro cultural del país, en sus periferias germinaba una explosión creativa que permanecía invisible para las grandes instituciones. Ahora, una exposición en el Centro Nacional de las Artes propone lo que muchos artistas y críticos vienen señalando desde hace años: que el arte mexicano contemporáneo no puede seguir mirando únicamente hacia adentro, hacia sus espacios consagrados.
La muestra que se presenta en la Galería Central parte de una premisa incómoda pero necesaria. Existe una geografía del arte en México que replica, con asombrosa precisión, la geografía de la desigualdad. Lo que se considera digno de ser exhibido, coleccionado y legitimado tiende a originarse en espacios específicos, mientras que las expresiones artísticas que emergen en contextos de vulnerabilidad económica permanecen relegadas al circuito informal, a las redes sociales, a los muros, a los espacios comunitarios.
Migración y transformación: el contexto de la creación periférica
Para entender esta exposición es necesario considerar los procesos que han marcado a la ciudad en las últimas dos décadas. La migración interna desde el campo hacia las zonas metropolitanas ha acelerado la expansión urbana de manera descontrolada. Millones de personas se han asentado en territorios que, técnicamente, no estaban preparados para recibirlos. En estos espacios, donde frecuentemente faltan servicios básicos, donde la violencia es una realidad cotidiana y donde las oportunidades económicas son limitadas, ha florecido sin embargo una actividad artística vibrante.
Los jóvenes creadores de estas zonas no esperan a que las galerías las legitimen. Crean desde la necesidad, desde la urgencia de expresar experiencias que no encuentran reflejo en el arte institucional. Producen en colaboración, de manera horizontal, aprovechando los recursos disponibles. Su trabajo documenta la transformación urbana desde una perspectiva que los espacios de poder cultural habitualmente ignoran.
Desigualdad como punto de partida, no de llegada
Lo que hace relevante esta iniciativa del CNA es que reconoce algo fundamental: la desigualdad no es simplemente un tema que el arte deba representar, sino un factor que determina desde dónde y cómo se produce el arte. No se trata solamente de exponer obras que hablen sobre pobreza o marginación, sino de crear las condiciones para que quienes viven estas realidades tengan acceso a los espacios de legitimación cultural.
Esta reflexión resuena en toda Latinoamérica. En ciudades como São Paulo, Bogotá, Lima y Buenos Aires, fenómenos similares ocurren: arte que surge de las favelas, las comunas, las villas miseria, permaneciendo invisible para las élites culturales hasta que eventualmente es descubierto, domesticado y mercantilizado. La pregunta que emerge es incómoda: ¿cuándo dejará la cultura de ser un espejo de la desigualdad y comenzará a ser un instrumento de transformación social?
Un espacio necesario en el centro
Que una institución como el CNA abra sus puertas para esta conversación representa un giro importante. No es un acto de caridad ni de condescendencia, sino el reconocimiento de que la narrativa del arte mexicano es incompleta sin estas voces. Es un acto de justicia cultural, aunque sea tardío.
La exposición invita a repensar qué consideramos arte, dónde lo buscamos, quién tiene derecho a producirlo y bajo qué condiciones. En un momento donde las plataformas digitales han democratizado la distribución de contenido visual, donde cualquiera puede exhibir su trabajo en línea, la pregunta por la legitimación institucional podría parecer anacrónica. Sin embargo, sigue siendo importante. El acceso a espacios físicos, a recursos de producción, a apoyo económico, a cobertura mediática sigue siendo desigual.
Los artistas de las periferias no necesitan que el centro valide su existencia. Simplemente necesitan que se reconozca que están ahí, que han estado ahí todo el tiempo, creando desde sus realidades, transformando sus contextos. Esta exposición es un primer paso hacia esa visibilidad que no debería haber tardado tanto en llegar.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx