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Cuando Cortés se arrodilló ante los frailes: el acto de humildad que cambió la conquista

En 1524, Hernán Cortés besó las manos de Fray Martín de Valencia en Amecameca. Este gesto de humildad fue tan impactante que los indígenas reconocieron la autoridad espiritual de los franciscanos.
Cuando Cortés se arrodilló ante los frailes: el acto de humildad que cambió la conquista

Un gesto de poder: la rendición de Cortés ante lo sagrado

El 23 de junio de 1524, en el pueblo de Amecameca —dos jornadas antes de la Ciudad de México—, ocurrió una escena que marcaría el rumbo de la conquista espiritual de Nueva España. Hernán Cortés, el hombre más poderoso de la región, se arrodilló ante Fray Martín de Valencia, líder de la primera misión franciscana que llegaba a México. No fue un acto de derrota militar, sino un símbolo profundo de sometimiento a la autoridad eclesiástica.

El relato que cambió percepciones

Según el documento histórico de Fray Gerónimo de Mendieta, escrito en 1596, el acontecimiento fue así: «Y llegados que fueron los benditos Padres a un pueblo que se dice Amecameca… saliólos a recibir el Capitán D. Fernando Cortés, con mucha gente de á caballo y muchos españoles a pie, y en viéndolos venir, se apeo del caballo».

Cuando los frailes se acercaron, Cortés «hincóse de rodillas el capitán delante del Padre Fray Martín de Valencia» y procedió a besarle el hábito y las manos «con grandísima humildad y reverencia». Ordenó luego que todos los españoles bajo su mando—tanto los de a caballo como los de a pie—hicieran lo mismo, sin excepción.

El impacto entre los indígenas

Lo que sucedió después fue crucial para la evangelización. Los indios que presenciaron la escena quedaron asombrados. «Verdaderamente estos deben ser hombres santos y del cielo, pues aquel gran señor que nos conquistó y a quien todos tememos, se les humilla y les besan las manos», dijeron los naturales.

Este momento transformó la percepción indígena sobre los frailes. Los pueblos originarios, viendo que el mismo conquistador que los había subyugado militarmente rendía honores a los religiosos, reconocieron en ellos una autoridad superior. Así, «tomaron los naturales grandísimo concepto y reverencia a los frailes, y se les aficionaron en extremo».

Perpetuado en un mural histórico

El impacto fue tan significativo que Fray Juan de Romanones, guardián del convento de Amecameca, ordenó pintar esta escena en el claustro alto del templo en 1571. La decisión no era casual: algunos españoles comenzaban a perder respeto por los religiosos, y era necesario recordarles el ejemplo de humildad de su propio capitán.

La pintura fue ejecutada por Juan Gerson, un artista indígena talentoso originario de Tecamachalco, quien capturó en la obra la solemnidad del momento. Fray Gerónimo de Mendieta, quien presenció el mural, lo documentó en su Historia Eclesiástica Indiana, terminada de escribir en 1596 pero publicada hasta 1870.

Un legado que se desvanece

Hoy, el mural histórico que decoraba el exterior del Ex-Convento de San Luis Obispo de Tolosa desaparece lentamente. Solo quedan las sombras de los Doce Frailes Franciscanos que llegaron por los sinuosos caminos de Amecameca. Sin embargo, la lección que representó ese acto de arrodillamiento perduró: la autoridad espiritual que transformó la conquista de México en una conquista de almas.

Fuente: Historia Eclesiástica Indiana, Fray Gerónimo de Mendieta, OFM. Libro III, Capítulo 11 (1596).

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