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Catorce naciones desafían el poder de veto en conflictos de potencias

Iniciativa diplomática busca limitar el uso de veto en la ONU cuando potencias están involucradas en guerras, con implicaciones directas para América Latina.
Catorce naciones desafían el poder de veto en conflictos de potencias

Una grieta en el poder absoluto: el cuestionamiento al sistema de veto en la ONU

En una movida diplomática que refleja la creciente frustración con el sistema internacional de seguridad, un grupo de catorce naciones presentó recientemente una iniciativa en la Asamblea General de las Naciones Unidas buscando modificar de facto cómo operan los mecanismos de poder en el organismo multilateral. La propuesta, encabezada por España, plantea una pregunta fundamental: ¿qué sucede cuando quienes tienen poder de veto en el Consejo de Seguridad son simultáneamente protagonistas en conflictos armados?

La iniciativa se enfoca en rescatar una disposición del sistema de la ONU que ha permanecido en el olvido durante décadas. Esta norma, raramente invocada, establece que los países envueltos en disputas bélicas deberían abstenerse de participar en votaciones sobre esas mismas confrontaciones. En teoría, es una salvaguarda contra el conflicto de intereses evidente. En la práctica, ha sido sistemáticamente ignorada.

El poder del veto y sus consecuencias globales

Para comprender la magnitud de esta iniciativa, es necesario recordar cómo funciona el Consejo de Seguridad de la ONU. Cinco miembros permanentes —Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido— poseen poder de veto, lo que significa que pueden bloquear cualquier resolución con un simple voto negativo. Este mecanismo, diseñado después de la Segunda Guerra Mundial como garantía de estabilidad, se ha convertido en un instrumento de parálisis cuando esas mismas potencias están involucradas en conflictos.

Los ejemplos son numerosos y contemporáneos. Rusia ha utilizado su veto para proteger sus operaciones militares en Ucrania. Estados Unidos históricamente ha bloqueado resoluciones relacionadas con Palestina. Este patrón ha dejado al organismo prácticamente incapacitado para responder a crisis donde intervienen las grandes potencias.

¿Por qué importa esto en América Latina?

Para México y los países latinoamericanos, esta discusión podría parecer lejana, pero sus implicaciones son profundas. La región ha sufrido históricamente por la incapacidad de la ONU para actuar cuando potencias externas tienen intereses en conflicto. Desde intervenciones militares hasta sanciones selectivas, la parálisis del Consejo de Seguridad ha limitado la capacidad de América Latina para defenderse cuando enfrenta presiones geopolíticas.

Además, la iniciativa representa algo crucial para países medianos como México: la afirmación de que el sistema internacional debe basarse en reglas aplicables a todos, no en excepciones para los poderosos. Una ONU más efectiva significa mayor capacidad de negociación para naciones que dependen del derecho internacional como su principal herramienta de defensa en un mundo multipolar.

El precedente de una norma olvidada

La norma que busca rescatarse no es nueva ni radical. Existe dentro del marco legal actual de la organización. Lo innovador es que catorce países decidan insistir públicamente en su aplicación. Esta movida tiene antecedentes en debates previos dentro de América Latina, donde Brasil, México y otros han cuestionado la arquitectura de poder desigual en el sistema multilateral.

La propuesta no elimina el veto, pero lo circunscribe. Los países permanentes mantendrían su poder para intervenir en asuntos donde no tienen conflictos directos, pero deberían abstenerse cuando sean partes interesadas. Es un equilibrio que reconoce la realidad política sin abdicar de los principios de equidad.

Desafíos y realidades políticas

Naturalmente, las potencias actuales tienen poco incentivo para aceptar limitaciones voluntarias a su poder. Rusia y Estados Unidos probablemente se opondrán directamente. China podría ver en esto una oportunidad para mejorar su posición relativa. Los países europeos, como España, enfrentan sus propias contradicciones al ser miembros de la OTAN mientras critican el unilateralismo estadounidense.

Para América Latina, apoyar esta iniciativa sin ser miembro permanente del Consejo es una inversión en legitimidad futura. Si la región aspira a mayor peso en decisiones globales, debe estar del lado de quienes defienden sistemas más equitativos, incluso cuando eso contravenga los intereses de potencias actuales.

Un síntoma de cambio más amplio

Esta iniciativa refleja una realidad incómoda para el orden mundial actual: las reglas que estructuran el sistema internacional están siendo cuestionadas por actores que antes las aceptaban pasivamente. No es una revolución, pero es un recordatorio de que incluso estructuras que parecen permanentes dependen del consentimiento continuo de sus participantes.

Para México y América Latina, el mensaje es claro: cuando grandes potencias se enfrentan, nuestro espacio de acción se reduce. Iniciativas que busquen restablecer limitaciones al poder absoluto merecen apoyo diplomático, no porque garanticen un resultado inmediato, sino porque construyen un precedente hacia un sistema internacional más equilibrado y predecible.

En un mundo donde la multipolaridad es inevitable, las reglas que limitaban el poder único tienen más valor que nunca.

Información basada en reportes de: Elespanol.com

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