El espejismo de la victoria contra el crimen
Cuando las autoridades anuncian la captura de un líder criminal, los titulares hablan de golpes decisivos, de victorias en la guerra contra el narcotráfico. Las ciudades se preparan para celebrar. Pero en los mercados callejeros, en los puertos y en las rutas comerciales clandestinas, poco cambia. Los precios se estabilizan en días. Las operaciones continúan. Y la pregunta que pocos se atreven a hacer es: ¿por qué?
La respuesta está en un terreno donde los gobiernos rara vez se aventuran: la economía del crimen organizado. Mientras que las estrategias de seguridad tradicionales se enfocan en quién comete el delito, la lógica empresarial del narcotráfico responde a preguntas diferentes. ¿Dónde hay demanda? ¿Cuáles son los márgenes de ganancia? ¿Cómo optimizar rutas y costos? ¿Qué pasa cuando falta un proveedor?
Una empresa como cualquier otra, pero ilegal
El crimen organizado moderno funciona como cualquier corporación multinacional. Tiene cadenas de suministro, gestión de inventario, estructuras de distribución y, lo más importante, responde a leyes de mercado. Cuando se elimina a un competidor o se captura a un ejecutivo, el mercado simplemente se reorganiza. Nuevos actores emergen, rutas se adaptan, precios se ajustan.
En América Latina, donde operan decenas de organizaciones criminalespesadamente capitalizadas, este fenómeno es especialmente visible. Los cárteles mexicanos, las bandas colombianas y las redes peruanas no son estructuras frágiles que colapsan con una sola persona. Son ecosistemas empresariales con miles de empleados, proveedores, distribuidores y especialistas en diferentes áreas.
Cuando un líder cae, simplemente ocurre lo que sucede en cualquier industria: hay sucesión. A veces hay conflictos internos, pero el negocio no cierra. La demanda de drogas en Estados Unidos, Europa y Asia no desaparece. El dinero que genera sigue fluyendo. Las estructuras administrativas continúan operando.
Los números que revelan la ineficacia
Según datos de la ONU, la producción global de cocaína alcanzó récords históricos en 2022 y 2023, justo cuando se intensificaban las operaciones contra capos. En Colombia, donde se han capturado centenares de narcotraficantes en la última década, la superficie sembrada de coca creció más de 40% entre 2015 y 2022. En México, a pesar de miles de detenciones, el tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos no solo no disminuyó: se multiplicó.
¿Qué significa esto en términos prácticos? Que mientras gobiernos gastan miles de millones en operaciones de seguridad, inteligencia y fuerzas armadas, el mercado ilícito continúa expandiéndose. Los precios de la cocaína en las calles de Nueva York o Madrid se mantienen estables, lo que indica que la oferta se reabastece constantemente. Las ganancias anuales del narcotráfico global superan los 400 mil millones de dólares: más que el PIB de muchos países latinoamericanos.
La brecha entre seguridad y economía
El problema fundamental es que gobiernos tratan el crimen organizado como un problema de seguridad pública, cuando en realidad es un problema de economía política. La seguridad busca identificar y neutralizar amenazas. La economía busca entender incentivos, flujos de dinero y estructuras de demanda.
Una estrategia basada únicamente en seguridad puede capturar capos, pero no puede responder por qué aparecen nuevos capos. Puede destruir laboratorios, pero no puede explicar por qué hay nuevas inversiones en producción. Puede interceptar envíos, pero no puede prevenir que el dinero se reinvierta en nuevas operaciones.
Los gobiernos que han tenido mayor éxito en reducir el consumo de drogas han combinado dos enfoques: reducción de demanda mediante educación y tratamiento, y regulación de mercados para eliminar la ganancia extraordinaria que atrae a criminales. Países como Portugal y Suiza han demostrado que descriminalizar el consumo, tratar la adicción como problema de salud y generar alternativas económicas en zonas productoras funciona mejor que el enfoque puramente represivo.
¿Qué esperar después del capturado?
Mientras gobiernos latinoamericanos continúen viendo el crimen organizado como enemigo militar en lugar de como fenómeno económico, los resultados seguirán siendo los mismos: captura de líderes, celebraciones públicas, y poco cambio en las calles.
La próxima vez que vea en las noticias el anuncio del capturado de un narcotraficante importante, pregúntese: ¿cambió algo en la oferta de drogas? ¿Se redujo el dinero que estas operaciones generan? ¿Hay menos mercado para estos productos? Probablemente la respuesta sea no. Porque mientras no se aborde la raíz económica del problema, siempre habrá otro jugador dispuesto a llenar el vacío.
Información basada en reportes de: Elespanol.com