Un crecimiento tímido en el corazón financiero de México
Mientras la economía mexicana enfrenta desafíos estructurales, el sector financiero del país mostró en 2025 un desempeño que podría describirse como sobrevivencia más que expansión. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), las ganancias acumuladas de los grupos financieros llegaron a 322 mil 815 millones de pesos, representando un aumento de apenas 2.27% en términos reales, es decir, descontando el impacto de la inflación.
Para poner esto en perspectiva: ese crecimiento es prácticamente vegetativo. En un contexto donde la inflación mexicana se mantiene en niveles superiores al 4%, un incremento de poco más del 2% significa que el sector está perdiendo capacidad adquisitiva. Es como si el dinero que ganan los bancos mañana valiera menos que hoy.
¿Qué significa esto para tu bolsillo?
Este dato aparentemente técnico tiene implicaciones directas en la vida de millones de mexicanos. Cuando los bancos crecen poco, tienden a ser más conservadores en su otorgamiento de créditos. Menos créditos significa menos acceso a financiamiento para comprar casa, auto o invertir en negocios. Las tasas de interés tienden a mantenerse altas para proteger márgenes de ganancia reducidos, encareciendo el costo de endeudarse.
Además, un sector financiero poco dinámico reduce su capacidad de innovación. Menos inversión en tecnología, menos competencia real entre instituciones, y menos opciones para usuarios que buscan mejores servicios y condiciones.
El contexto: presiones desde múltiples frentes
Este crecimiento modesto no surge del vacío. El sector financiero mexicano enfrenta una tormenta perfecta de presiones. Primero, está la volatilidad macroeconómica: el peso se ha depreciado significativamente, los rendimientos de valores de renta fija han sido presionados por las dinámicas de tasa de cambio, y la incertidumbre política ha generado salidas de capital.
Segundo, existe una competencia cada vez más feroz de plataformas fintech y empresas de tecnología que ofrecen servicios financieros sin la infraestructura costosa que mantienen los bancos tradicionales. Mientras Mercado Pago, Stripe y otras plataformas crecen a dos dígitos, los bancos tradicionales luchan por mantener su relevancia.
Tercero, hay una realidad demográfica incómoda: aproximadamente el 55% de la población adulta mexicana sigue sin acceso a servicios financieros formales. Este mercado potencial de expansión requeriría inversión significativa en inclusión financiera, algo que bancos con márgenes reducidos prefieren postergar.
Una comparación regional
En América Latina, el panorama es variado. Mientras que algunos países como Chile y Colombia han visto crecimientos de dos dígitos en sus sectores financieros, impulsados por reformas regulatorias y mayor integración digital, México se queda rezagado. Brasil, con su mercado más maduro, también experimenta desaceleración, pero desde bases más sólidas de rentabilidad.
Lo que esto sugiere es que México no está aprovechando plenamente el potencial de su sector financiero para ser motor de desarrollo económico, como ocurre en otras naciones latinoamericanas que han invertido en modernización regulatoria.
¿Qué viene adelante?
Para 2025 y años subsecuentes, la trayectoria dependerá de tres factores clave. Primero, la estabilidad macroeconómica: si el peso se estabiliza y la inflación continúa bajando, los márgenes financieros mejoran naturalmente. Segundo, las reformas regulatorias: mayor apertura a fintech, digitalización requerida, y criterios de inclusión financiera podrían reactivar el crecimiento. Tercero, la demanda de crédito: si las empresas mexicanas comienzan a invertir y consumidores recuperan confianza, el financiamiento necesario para ello beneficiará a los bancos.
Lo cierto es que un crecimiento de 2.27% es insuficiente para un sector que debería ser palanca de transformación económica. Los mexicanos merecen un sistema financiero que crezca más rápido, compita más intensamente por sus depósitos, y ofrezca mejores condiciones. Mientras eso no ocurra, la banca mexicana seguirá siendo un negocio rentable para sus accionistas, pero un freno para el potencial económico del país.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx