La central que no se va: carbón vigente en Argentina mientras el mundo se desvincula
En la provincia de Buenos Aires, específicamente en San Nicolás de los Arroyos, persiste una realidad incómoda que expone las contradicciones entre los compromisos climáticos globales y las decisiones corporativas locales. Una termoeléctrica que funciona con carbón continúa operativa, desafiando las promesas públicas de abandono de este combustible fósil que ha marcado la agenda energética latinoamericana en los últimos años.
La instalación, operada por AES y su filial argentina, representa uno de los últimos bastiones de la generación termoeléctrica a carbón en el país. Lo significativo no es solo su persistencia operativa, sino lo que simboliza: la brecha entre el discurso corporativo sobre sostenibilidad y la realidad de emisiones que continúan alimentando la crisis climática regional.
Un compromiso que se desmorona
Las corporaciones transnacionales del sector energético han construido en años recientes una narrativa de transición energética responsable. Promesas de cierre de plantas a carbón, inversión en renovables, y planes de descarbonización figuran prominentemente en sus reportes de sostenibilidad y comunicados públicos. Sin embargo, la experiencia argentina ilustra cómo estas declaraciones frecuentemente se diluyen cuando colisionan con intereses comerciales y presiones del mercado energético regional.
Argentina, como muchas naciones latinoamericanas, enfrenta presiones simultáneas: la necesidad urgente de transitar hacia energías limpias para cumplir con sus compromisos internacionales, pero también la demanda inmediata de garantizar suministro eléctrico estable. Esta tensión ha permitido que instalaciones contaminantes justifiquen su continuidad argumentando seguridad energética.
Las consecuencias locales de una decisión global
Para los residentes de San Nicolás de los Arroyos, la permanencia de esta central tiene impactos tangibles y cotidianos. Las plantas termoeléctricas a carbón generan no solo dióxido de carbono—el principal impulsor del cambio climático—sino también contaminantes locales como material particulado, dióxido de azufre y óxidos de nitrógeno que degradan la calidad del aire.
Estos emisores locales tienen consecuencias sanitarias bien documentadas: incremento de enfermedades respiratorias, problemas cardiovasculares, y especialmente vulnerabilidad en poblaciones infantiles y adultos mayores. En una región donde muchas familias ya enfrentan presiones económicas significativas, el costo de salud por contaminación ambiental representa una injusticia ambiental acumulativa.
El agua también sufre impacto. Las termoeléctricas a carbón requieren enormes volúmenes de agua para enfriamiento, y San Nicolás se ubica en cercanías del río Paraná, uno de los sistemas hídricos más importantes de América del Sur. La combinación de extracción de agua y potencial contaminación térmica afecta tanto los ecosistemas fluviales como las comunidades que dependen de estos recursos.
El contexto latinoamericano de la transición energética
Argentina no está sola en este dilema. Toda América Latina transita hacia una transformación energética sin precedentes. Países como Chile, Colombia y México han acelerado el cierre de plantas a carbón, aprovechando su abundancia de recursos renovables: vientos patagónicos en el sur, radiación solar desértica en el norte andino, y potencial hidroeléctrico en múltiples regiones.
La región posee ventajas genuinas para liderar una transición verde global. Sin embargo, esta transformación requiere más que retórica corporativa: demanda planificación estatal clara, inversión en infraestructura renovable, y—crucialmente—garantías para trabajadores y comunidades que dependen actualmente del sector fósil.
¿Qué debe cambiar?
La persistencia de esta central a carbón refleja una falla sistémica. Las corporaciones necesitan cronogramas claros y vinculantes, no aspiracionales. Los gobiernos deben establecer regulaciones firmes con fechas específicas de cierre y mecanismos de fiscalización rigurosos. Simultáneamente, se requiere planificación de transición justa para trabajadores y economías locales que pierdan empleos en la generación térmica.
San Nicolás de los Arroyos merece aire limpio, agua protegida, y un futuro energético sostenible. Latinoamérica, en su conjunto, posee las herramientas tecnológicas y recursos naturales para construir ese futuro. Lo que falta no es capacidad, sino voluntad política y corporativa para cumplir las promesas que ya se hicieron hace demasiado tiempo.
Información basada en reportes de: La Nacion