El desnudo como acto político
Hay momentos en que el arte abandona su pretensión de neutralidad y se convierte en espejo incómodo. La apertura de ARCO 2027 representa uno de esos instantes donde la creación artística trasciende la galería para dialogar—o más bien, para acusar—con el presente político.
La obra central de esta reflexión es «Pan, trabajo, libertad», del pincel de Kubra Khademi, una artista que conoce de cerca la devastación de ver cómo el mundo observa sin intervenir. Sus lienzos presentan figuras desnudas de mujeres que ocupan posiciones de poder global: Ursula von der Leyen, Angela Merkel, Hillary Clinton. El desnudo aquí no es erotismo ni vulnerabilidad romántica, sino exposición de una verdad política: la desnudez de una responsabilidad abandonada.
Afganistán, el olvido de Occidente
Desde el colapso del gobierno afgano hace apenas tres años, la atención mediática occidental ha menguado dramáticamente. Las imágenes de aeropuertos caóticos, de mujeres que perdían acceso a la educación y el trabajo en cuestión de días, cedieron paso a otras crisis, otras tragedias más cercanas al prime time. Pero en Afganistán, la realidad no se desvanece con las cámaras de televisión.
Para las mujeres afganas, la situación representa un retroceso civilizatorio sin precedentes en décadas. Prohibidas de trabajar en la mayoría de sectores, excluidas de universidades, confinadas a roles cada vez más restrictivos bajo el régimen talibán. Y mientras esto sucede, ¿dónde están las voces que alguna vez mostraron preocupación por los derechos de las mujeres?
El arte como señalamiento
Khademi, que ella misma ha sufrido represalias por su obra comprometida, articula una pregunta incómoda: ¿por qué el silencio? Merkel, que gobernó Alemania durante una década; von der Leyen, liderando las políticas europeas; Clinton, voz histórica del feminismo occidental. Sus ausencias en el debate público sobre Afganistán—o sus posiciones tibias—quedan plasmadas en la carne pintada de sus efigies.
Esta estrategia artística no es nueva, pero resulta efectiva precisamente por su claridad. Cuando el arte político evita la metáfora opaca y la alegoría cómoda, cuando nombra directamente, incomoda. Y eso es exactamente lo que propone ARCO en su apertura: incomodidad reflexiva.
Una perspectiva desde América Latina
Para quienes observamos desde América Latina, la obra adquiere resonancias adicionales. Nuestro continente conoce bien cómo los gobiernos y líderes internacionales practican el selectivismo moral: intervienen aquí, se desentienden allá, según cálculos geopolíticos que raramente priorizan los derechos de las poblaciones más vulnerables.
Venezuela, Nicaragua, Honduras. Las mujeres de estos países han experimentado represión, acoso, pérdida de libertades. ¿Dónde estaban entonces los gestos de solidaridad internacional que sí se movilizan para otras crisis? La obra de Khademi toca así un nervio más profundo: la hipocresía de un sistema que clama por universalidad de derechos mientras practica geografías selectivas del cuidado.
Arte que dialoga con la urgencia
ARCO, como feria, ha evolucionado hacia una plataforma donde lo artístico entrelaza más explícitamente con lo político. Esta edición parece ratificar esa tendencia: no es suficiente crear belleza o provocar contemplación estética. El arte demanda ahora participar en la construcción de memoria, en el señalamiento de responsabilidades.
Kubra Khademi nos recuerda que hay un costo a la indiferencia. Que el silencio, especialmente de quienes tienen voz amplificada, es también un acto político. Y que a veces, desnudar al poder—literalmente, en el lienzo—es la única forma de hacer visible lo que los discursos eufemísticos intentan ocultar.
La feria abre mañana. Las obras estarán allí, incómodas, hermosas, acusadoras. La pregunta es si el mundo—especialmente aquellos retratados en ese desnudo político—estará dispuesto a mirarse de frente.
Información basada en reportes de: Elperiodico.com