La voz que detuvo los pozos: Yuvelis Morales y la lucha por el territorio colombiano
En las entrañas del Magdalena Medio colombiano, donde la tierra respira petróleo y gas desde hace décadas, una mujer joven de apenas 26 años logró algo que parecía imposible: organizar a las comunidades para frenar la expansión del fracking, esa técnica extractiva que promete riqueza pero deja heridas abiertas en los territorios.
El Premio Goldman para el Medio Ambiente 2026, uno de los reconocimientos más prestigiosos en la defensa ambiental a nivel mundial, ha llegado a las manos de Yuvelis Morales. No es una coincidencia. Detrás de este galardón existe una historia de coraje, de noches sin dormir, de asambleas comunitarias y de una joven que decidió que su voz valía más que el miedo.
Un territorio en disputa
El Magdalena Medio no es solo un nombre geográfico. Es un tejido vivo de comunidades indígenas, campesinas y afrodescendientes que han habitado estas tierras durante generaciones. Durante años, las empresas petroleras y gasíferas han visto esta región como un mercado más, un lugar donde extraer recursos sin considerar el costo para quienes viven allí.
El fracking, esa práctica que fractura las capas subterráneas para liberar gas natural y petróleo, llegó a Colombia con promesas de empleo y desarrollo económico. Pero Yuvelis Morales vio más allá de los discursos corporativos. Observó el envenenamiento de acuíferos, la contaminación del agua que beben los niños, el daño a los ecosistemas y la desintegración del tejido social de sus comunidades.
La organización como herramienta de resistencia
Lo que distingue a Yuvelis no fue solo su capacidad de ver el problema, sino su determinación de convertir esa visión en acción colectiva. En un contexto donde los activistas ambientales en Colombia enfrentan amenazas reales, persecución y en algunos casos, violencia, esta joven lideresa decidió convocar, dialogar y movilizar a su gente.
Sus estrategias fueron diversas: desde talleres informativos en comunidades rurales donde explicaba los riesgos del fracking con palabras claras, hasta la articulación de redes de mujeres que se convirtieron en las guardianas del territorio. Comprendía que la lucha ambiental no podía ser exclusivamente técnica o política; tenía que ser profundamente comunitaria, enraizada en el saber popular y la experiencia cotidiana de quienes habitan estas tierras.
Un premio que es también responsabilidad
El Goldman Environmental Prize llega en un momento crucial para América Latina. Mientras la región sigue siendo vista como una despensa de recursos para ser explotados, líderes como Yuvelis Morales demuestran que existe otra posibilidad. La resistencia organizada, la educación comunitaria y la defensa del territorio no son obstáculos al desarrollo, sino el verdadero camino hacia una prosperidad que respete la vida.
Este reconocimiento internacional amplifica la voz de una generación de jóvenes latinoamericanos que rechaza la falsa disyuntiva entre economía y ecología. Yuvelis no dice que no haya empleo, dice que el empleo verdadero no puede construirse sobre la destrucción ambiental que empobrece a las futuras generaciones.
Más allá del premio: la batalla continúa
Es importante señalar que el premio Goldman, aunque significativo, no cierra la lucha. En Colombia, las presiones sobre los territorios continúan. Los gobiernos siguientes pueden cambiar de postura, las empresas pueden buscar nuevas estrategias de expansión, y los activistas como Yuvelis seguirán enfrentando riesgos.
Sin embargo, su reconocimiento internacional crea un escudo de visibilidad. El mundo ahora conoce su nombre, su causa y su valentía. Eso importa en contextos donde la represión contra defensores ambientales es una realidad documentada.
La historia de Yuvelis Morales es también la historia de cientos de comunidades en México, Perú, Bolivia y otros países que resisten la expansión extractivista. Es la historia de mujeres que comprenden que defender el agua es defender la vida, que proteger el territorio es proteger el futuro, y que la verdadera riqueza no está bajo tierra, sino en la tierra misma, en su capacidad de dar vida.
A los 26 años, Yuvelis no solo ha ganado un premio. Ha demostrado que los jóvenes latinoamericanos no aceptarán heredar un planeta destruido. Su voz, amplificada ahora por el reconocimiento mundial, continúa resonando en el Magdalena Medio y más allá, recordándonos que otro futuro es posible cuando la gente se organiza, se une y decide que su territorio, su agua y su dignidad no están en venta.
Información basada en reportes de: DW (English)


