El camino hacia la universalidad sanitaria en México
La discusión sobre cómo garantizar que todos los mexicanos tengan acceso equitativo a servicios de salud no es nueva, pero ha adquirido renovada relevancia en los últimos meses. Asa Cristina Laurell, investigadora reconocida en políticas sanitarias, ha planteado una pregunta fundamental que trasciende lo meramente administrativo: ¿cómo construir realmente un sistema universal que funcione?
La premisa central es clara entre especialistas en salud pública: la necesidad de un modelo de cobertura universal es indiscutible. Según la Organización Panamericana de la Salud, los sistemas fragmentados perpetúan desigualdades y generan gastos ineficientes. Sin embargo, el verdadero debate se concentra en la metodología, la financiación y los mecanismos operativos que harían viable esta transformación.
Decretos y cambios institucionales
Recientemente, desde la esfera ejecutiva se ha anunciado la próxima publicación de un decreto destinado a impulsar estas reformas. Aunque los documentos aún no se materializan, señala una intención política de avanzar. Este tipo de instrumentos legislativos son comunes en procesos de transformación sanitaria latinoamericana, aunque su efectividad depende de factores como financiamiento adecuado, coordinación entre niveles de gobierno y capacidad instalada.
En contexto regional, países como Costa Rica y Uruguay han logrado sistemas con cobertura cercana al 100%, combinando instituciones públicas sólidas con regulación de prestadores privados. En cambio, experiencias como la de Brasil enfrentan desafíos permanentes de infraestructura y recursos, a pesar de su modelo constitucional de salud como derecho.
¿Qué implica la universalidad sanitaria?
Un sistema universal no significa simplemente tener un único proveedor de servicios. Implica garantizar que toda persona acceda a atención preventiva, curativa y de rehabilitación sin sufrir consecuencias financieras catastróficas. Según la Organización Mundial de la Salud, esto requiere tres elementos: cobertura poblacional (todos incluidos), cobertura de servicios (prestaciones integrales) y protección financiera (sin pagos directos ruinosos).
México actualmente cuenta con múltiples instituciones: el Instituto Mexicano del Seguro Social para trabajadores formales, la Secretaría de Salud para población abierta, sistemas estatales independientes e instituciones privadas. Esta fragmentación genera ineficiencias, duplicidades y sobre todo, exclusiones. Poblaciones indígenas, trabajadores informales y migrantes frecuentemente quedan en los intersticios del sistema.
Los desafíos concretos
Expertos identifican varios obstáculos críticos. Primero, la insuficiencia presupuestaria: México invierte aproximadamente 5.5% del PIB en salud, cifra inferior al promedio de países de la OCDE. Segundo, la distribución geográfica desigual de recursos, concentrados en ciudades grandes. Tercero, la capacitación de personal sanitario, especialmente en zonas rurales.
Además, la rectoría sanitaria requiere institucionalidad fuerte. Los decretos funcionan cuando hay capacidad administrativa real para implementarlos, supervisarlos y adaptarlos según evidencia. Transitar hacia lo universal implica cambios legislativos, regulatorios y presupuestarios simultáneos.
Lecciones del continente
El debate latinoamericano muestra que no existe una fórmula única. Algunos países priorizan fortalecer el sector público; otros buscan modelos mixtos con regulación estricta. Lo común es que las reformas requieren 10-15 años para consolidarse, enfrentan resistencias gremiales y políticas, y demandan inversión sostenida independientemente de ciclos electorales.
Perspectiva prospectiva
Lo importante es que México tenga claridad sobre qué entiende por universalidad y establezca métricas verificables: cobertura poblacional real, acceso a medicamentos, tiempos de espera, mortalidad evitable. Sin monitoreo permanente, los decretos quedan como intenciones.
La conversación iniciada sobre sistemas universales es positiva. El siguiente paso debe ser transformarla en hojas de ruta con financiamiento explícito, responsables identificados y cronogramas realistas. Solo así la universalidad dejará de ser aspiration para convertirse en experiencia cotidiana de millones de mexicanos.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx