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53 naciones se comprometen a abandonar los fósiles mientras Oriente Medio arde

Colombia y Brasil lideran una histórica cumbre para acelerar la transición energética global. El conflicto en Irán refuerza la urgencia de dejar atrás el petróleo y el carbón.
53 naciones se comprometen a abandonar los fósiles mientras Oriente Medio arde

La urgencia que no se puede ignorar: el mundo dice adiós a los combustibles fósiles

Mientras las tensiones geopolíticas en Oriente Medio amenazan con desestabilizar el suministro global de petróleo, un grupo de 53 naciones ha decidido tomar un camino diferente. En las costas de Santa Marta, Colombia, se está gestando una de las alianzas más ambiciosas del siglo XXI: el compromiso de abandonar progresivamente los combustibles fósiles que han alimentado la economía mundial durante dos siglos.

Para usted en la calle, esto significa una cosa clara: los precios de la energía que paga en su recibo de electricidad, lo que gasta en gasolina y hasta el costo de los alimentos que compra podrían cambiar radicalmente en las próximas décadas. Y no necesariamente hacia arriba.

¿Qué está pasando realmente en Santa Marta?

La Primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles representa un hito sin precedentes. No se trata apenas de declaraciones abstractas sobre cambio climático, sino de un acuerdo operativo donde países productores de petróleo, importadores de energía y economías emergentes se sientan juntos alrededor de la misma mesa.

Colombia, una de las mayores economías de América Latina y un país históricamente dependiente de la exportación de crudo, está liderando junto con Brasil —que asume la presidencia de la COP30— un giro estratégico radical. Imagínelo así: es como si Saudi Arabia anunciara que cierra sus pozos petroleros. El cambio de paradigma es de esa magnitud.

Por qué el conflicto en Irán acelera todo esto

La geografía de la energía mundial es frágil. Irán controla el 4,8% de las reservas petroleras globales, mientras que el Estrecho de Ormuz —por donde pasa el 21% del petróleo comercializado internacionalmente— está en su poder. Cuando las tensiones escaldan, como está ocurriendo ahora, el mercado tiembla.

Cada vez que hay un enfrentamiento en esa región, los precios de la gasolina suben en las bombas de toda América Latina. Un barril más caro significa que usted paga más por el transporte, que los productos básicos encarecen, que la inflación sube. Esta vulnerabilidad ha llevado a los líderes a una conclusión ineludible: depender del petróleo es depender de la geopolítica, y eso es un riesgo que ningún país puede seguir asumiendo.

El lado latinoamericano de la historia

Para Colombia, esta transición es particularmente delicada. El petróleo representa aproximadamente el 40% de los ingresos fiscales del país. Pero los líderes colombianos han entendido algo crucial: una transición ordenada y planificada es mejor que una crisis energética impuesta por factores externos.

Brasil, por su parte, ya posee una matriz energética bastante diversificada —con hidroeléctrica como principal fuente—, lo que le permite ser un actor más flexible en negociaciones globales. Juntos, estos dos gigantes latinoamericanos están enviando un mensaje claro: la región no espera instrucciones de Europa o Estados Unidos. Actúa.

¿Qué significa esto en números concretos?

Los datos hablan de una revolución lenta pero inevitable. Las energías renovables ya representan el 29% de la generación eléctrica global, un porcentaje que crece anualmente. En América Latina, la energía eólica y solar se han vuelto más barata que el carbón y el gas natural en la mayoría de los países.

La inversión global en energía limpia alcanzó los 1,7 billones de dólares en 2023. Para comparar, la inversión en combustibles fósiles fue de 1,1 billones. El dinero ya se está moviendo hacia donde sopla el viento.

¿Cuándo verá usted los cambios?

No hay magia aquí. Esta transición llevará décadas, no años. Pero la dirección está fijada. Los próximos 15 años serán críticos: para 2040, el mundo deberá haber reducido significativamente su dependencia de fósiles, o enfrentará consecuencias climáticas cada vez más costosas.

Para usted, significa inversiones en energía solar para el hogar, autos eléctricos más accesibles, empleos nuevos en sectores verdes y sí, también ajustes económicos en regiones que vivieron del petróleo. Pero también significa un mundo menos rehén de las guerras por petróleo y energía más predecible y barata a largo plazo.

La pregunta incómoda

¿Confiaremos en que esta alianza de 53 naciones realmente cumplirá? La historia de las cumbres climáticas es mixta. Pero lo que diferencia a esta conferencia es que no es un llamado a los gobiernos a hacer algo intangible. Es un acuerdo entre productores y consumidores de energía para reorganizar una de las industrias más importantes del planeta. Eso sí genera presión real.

Santa Marta no es solamente una reunión diplomática. Es el punto de inflexión donde el mundo finalmente admite que el siglo del petróleo está terminando, con o sin conflictos en Irán. La pregunta ahora es qué tan suave o traumática será esa transición para sus ingresos, su trabajo y su bolsillo.

Información basada en reportes de: Eldiario.es

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