La paradoja peruana: elecciones que nadie toma en serio
Perú enfrenta este domingo una jornada electoral que debería ser uno de los momentos más trascendentes de su vida democrática. Sin embargo, existe un fenómeno inquietante en el tejido social del país: amplios sectores de la población han llegado a naturalizar la política como un espectáculo desconectado de sus realidades concretas. No es una exageración dramática. Es el diagnóstico de observadores de la región que han estudiado durante años la particular enfermedad democrática peruana.
Cuando la gente trata las decisiones sobre quién gobernará como si fuera un reality show sin importancia real, estamos ante un síntoma de algo mucho más profundo que meros cambios de gobierno. Estamos frente a una erosión de la confianza en la política como instrumento de cambio. Y eso, amigo lector, es peligroso en formas que no siempre comprendemos a primera vista.
La desconexión que nadie quería reconocer
Durante décadas, los analistas políticos latinoamericanos han documentado la volatilidad electoral peruana: gobiernos que llegan con apoyo mayoritario solo para colapsar en meses, candidatos que emergen de la nada para desaparecer igual de rápido, instituciones políticas débiles que no logran conectar con sus representados. Pero hay algo distinto en lo que está ocurriendo ahora. No es simplemente volatilidad. Es indiferencia.
Cuando millones de ciudadanos observan procesos electorales como si estuvieran viendo un canal de televisión que pueden apagar cuando quieran, la democracia entra en territorio peligroso. Porque la democracia no funciona como entretenimiento. Requiere participación genuina, deliberación seria y la convicción de que nuestro voto impacta nuestras vidas. Si esa convicción desaparece, la legitimidad del sistema se evapora con ella.
¿Cómo se llega a este punto?
No es misterio. Perú ha experimentado una serie de gobiernos que prometieron cambios profundos y entregaron poco. Ha visto cómo la corrupción sistemática atraviesa todas las instituciones políticas, creando un cinismo comprensible en la población. Ha presenciado cómo los medios de comunicación, frecuentemente, priorizan el espectáculo sobre el análisis. El resultado es predecible: la gente se retrae.
Pero hay una dimensión adicional. La política en Perú, como en buena parte de América Latina, se ha convertido en un juego de élites donde los ciudadanos ordinarios apenas se reconocen. Los debates no abordan lo que realmente preocupa a la gente: empleo de calidad, educación accesible, salud funcional, seguridad ciudadana. En cambio, se repiten consignas, se intercambian acusaciones, se cultiva el resentimiento. ¿Sorprende entonces que muchos simplemente se desconecten?
Las consecuencias de la indiferencia política
Aquí es donde el columnista debe ser honesto: una ciudadanía que ve la política como un show mediático irrelevante es una ciudadanía vulnerable. Vulnerable a demagogos que prometen soluciones simples a problemas complejos. Vulnerable a gobiernos que no sienten presión real de sus representados para actuar correctamente. Vulnerable incluso a quienes buscan erosionar las instituciones democráticas desde dentro.
La historia latinoamericana está llena de ejemplos: cuando las instituciones democráticas pierden legitimidad ante los ojos de los ciudadanos, emergen alternativas que parecen atractivas pero que suelen resultar en autoritarismo disfrazado. No es determinismo. Pero es un riesgo real.
¿Qué se necesita para revertir esto?
La pregunta es incómoda porque no tiene respuestas fáciles. No basta con que aparezcan candidatos carismáticos o mensajes inspiradores. Se requiere, literalmente, reconstruir la credibilidad de las instituciones políticas. Eso significa gobiernos que cumplan con sus promesas. Significa combate real a la corrupción, no solo discursos. Significa políticos que hablen de los problemas reales de la gente, no de sus propias ambiciones. Significa, también, una ciudadanía dispuesta a involucrarse nuevamente.
Perú tiene el potencial para hacerlo. Tiene una sociedad civil activa, periodismo de investigación dedicado, académicos y líderes locales que trabajan por cambios reales. Pero necesita que sus ciudadanos vuelvan a creer que la política importa, porque la verdad es que siempre ha importado. Solo que algunos se cansaron de esperarlo.
Información basada en reportes de: Latercera.com