El Estado de México vive una crisis sanitaria sin precedentes. Con casi 17 millones de habitantes, la demanda de servicios médicos supera ampliamente la capacidad instalada de hospitales y clínicas, mientras enfermedades crónicas y desigualdad territorial ponen en jaque a una infraestructura que ya muestra signos de agotamiento. A pesar de los esfuerzos del gobierno estatal, la sociedad sigue esperando respuestas más efectivas.
Un sistema desbordado: los números hablan por sí solos
Los indicadores son alarmantes. El Estado de México cuenta con apenas 0.9 camas por cada mil habitantes, muy por debajo del promedio recomendado por la Organización Mundial de la Salud (3 por cada mil). Esta brecha se agudiza en municipios del oriente como Nezahualcóyotl, Chimalhuacán, Ixtapaluca, La Paz y Valle de Chalco, donde la salud pública se ha convertido en un tema de supervivencia cotidiana.
El Hospital General de Nezahualcóyotl es un ejemplo crudo de esta realidad: sus pasillos funcionan como salas improvisadas y los pacientes esperan horas, incluso días, para ser atendidos. El déficit de camas y equipos médicos es evidente en toda la entidad.
Escasez de profesionales: un reto sin solución inmediata
La falta de médicos y enfermeras agrava el panorama. En municipios periféricos, la atención especializada es casi inexistente. Las condiciones laborales precarias y la rotación constante de personal dificultan la retención de profesionales de la salud.
La Secretaría de Salud estatal ha anunciado programas de formación acelerada en enfermería y medicina general, pero especialistas en oncología, pediatría y geriatría siguen siendo insuficientes para atender a una población que crece constantemente.
Enfermedades crónicas: la epidemia silenciosa
Obesidad, diabetes e hipertensión son las principales causas de muerte en el Estado de México. En el oriente mexiquense, donde la pobreza y el acceso limitado a alimentos saludables predominan, los índices son particularmente alarmantes:
- Diabetes: 14% de la población adulta
- Hipertensión: 18%
- Obesidad: más del 30%
Los programas de prevención aún no logran penetrar en comunidades marginadas, donde la atención primaria es débil y la cultura de la salud preventiva es mínima.
Negligencias documentadas por la CNDH
La mala atención médica en el Estado de México es un problema crítico documentado por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), que ha emitido múltiples recomendaciones al IMSS por negligencias que han provocado fallecimientos de pacientes.
Los principales factores que agravan esta situación incluyen:
- Retrasos administrativos y diagnósticos: Casos donde se demoraron meses en programar estudios esenciales o se omitió integrar diagnósticos en expedientes clínicos.
- Falta de vigilancia y seguimiento: Pacientes fallecidos tras sufrir agravamientos por la falta de supervisión durante la hospitalización.
- Infraestructura deficiente: Hospitales en condiciones deplorables, desabasto de medicamentos y equipos.
La CNDH ha reportado incidentes graves en hospitales como el HGZ-58 en Tlalnepantla, el HGR-58 en Tlalnepantla y el HGZ-57 en Cuautitlán Izcalli, donde las negligencias derivaron en muertes evitables.
¿Luz al final del túnel? Las reformas en marcha
En el presente año, la gobernadora Delfina Gómez renovó el gabinete estatal, incluyendo la Secretaría de Salud, con el objetivo de fortalecer la operación del sistema. Paralelamente, el Congreso local impulsa una nueva Ley de Salud que busca garantizar el derecho universal a la atención médica con un enfoque preventivo y digital.
La propuesta incluye:
- Telemedicina para zonas rurales y periféricas
- Campañas de detección temprana de enfermedades crónicas
- Modernización de hospitales y mejora de infraestructura
Un punto de inflexión: entre la esperanza y la realidad
El Estado de México se encuentra en un punto crítico. La nueva Ley de Salud y la renovación del gabinete son pasos importantes, pero la realidad en los hospitales y comunidades muestra que el reto es monumental.
La transición hacia un sistema preventivo, integral y digital será clave para cerrar la brecha entre la capacidad instalada y las necesidades reales de la población. Sin embargo, solo será posible si se acompaña de inversión suficiente y atención prioritaria a las zonas más vulnerables. De lo contrario, el sistema continuará deteriorándose, incapaz de responder a las expectativas de 17 millones de mexiquenses que claman por un servicio de salud digno y eficiente.