El fantasma que no se disipa
Cuando un gobierno asume el poder prometiendo cambio, la prueba más contundente de su voluntad no está en las declaraciones sino en cómo enfrenta las heridas abiertas del pasado. En México, esa prueba tiene un nombre específico: las desapariciones forzadas. Y esta semana, un pronunciamiento de organismos internacionales volvió a poner el dedo en la llaga, revelando una brecha incómoda entre el discurso oficial y la realidad que viven miles de familias.
El informe de un comité de la Organización de las Naciones Unidas no apareció de la nada. Responde a un patrón sistémico que atraviesa décadas de política mexicana: la incapacidad —o la falta de voluntad política— de esclarecer miles de casos en los que personas desaparecen del registro oficial y sus familias quedan en un limbo legal sin respuestas. Lo que sorprende no es que exista crítica internacional, sino que esta critique a un gobierno que llegó al poder justamente con promesas de romper con esas prácticas.
Desapariciones: el delito que incomoda a los gobiernos
Latinoamérica ha sido testigo de cómo las desapariciones forzadas funcionan como herramienta política: crean terror sin dejar rastro, generan incertidumbre sin responsables visibles. Argentina, Chile, Colombia, El Salvador… la lista es larga. Cada país ha tenido que lidiar, tarde o temprano, con la exigencia internacional de esclarecer estos crímenes. La diferencia radica en cómo enfrentan esa exigencia.
México, con su particular complejidad de violencia tanto estatal como criminal, ha mantenido tradicionalmente una posición defensiva frente a críticas internacionales. Los gobiernos frecuentemente argumentan que los recursos son limitados, que las investigaciones son complejas, que hay obstáculos operativos. Estos argumentos no son completamente falsos, pero tampoco son suficientes cuando miles de familias siguen buscando a sus desaparecidos décadas después.
¿Qué revelador tiene este informe?
Los colectivos de derechos humanos que operan en el país —organizaciones que han documentado meticulosamente casos, que conocen el terreno, que hablan con las víctimas— expresan su frustración. No es una crítica menor de activistas radicales, sino de grupos que han trabajado durante años registrando evidencia. Cuando estos organismos se enfrentan abiertamente con el gobierno, algo fundamental está fallando en la política pública.
El señalamiento internacional amplifica un mensaje que estas organizaciones llevan años transmitiendo: los mecanismos estatales para investigar y esclarecer desapariciones forzadas no funcionan como deberían. Esto no significa necesariamente que el gobierno actual sea peor que sus antecesores —probablemente no lo sea—, pero sí significa que heredó un sistema roto y aún no ha logrado repararlo de manera sustantiva.
La brecha entre promesa y cumplimiento
Aquí reside la crisis política real. Un gobierno que llegó prometiendo transformación se encuentra atrapado entre dos fuerzas: la necesidad internacional de demostrar avance en derechos humanos, y la realidad de que esclarecer desapariciones forzadas requiere confrontar estructuras profundas de corrupción y complicidad estatal que trascienden a cualquier administración.
Cuando la ONU critica públicamente, no está siendo caprichosa. Está señalando que existen estándares internacionales sobre cómo se debe actuar frente a estos crímenes, y que México —nuevamente— no los está cumpliendo plenamente. Para un gobierno que buscaba diferenciarse moralmente de sus predecesores, esto duele más que una simple crítica política doméstica.
Lo que sigue
Las familias de desaparecidos no necesitan discursos sobre complejidad. Necesitan resultados. Los organismos internacionales no critican porque sí: critican porque los números no mienten. Y la sociedad civil mexicana que ha documentado estos casos sabe exactamente de qué habla.
El verdadero reto no es refutar el informe, sino responder a la pregunta incómoda que plantea: ¿está el Estado mexicano realmente comprometido con esclarecer desapariciones forzadas, o apenas busca mejorar su imagen internacional? Las acciones, no las palabras, darán la respuesta definitiva.
Información basada en reportes de: RT