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México acelera transiciones sin contacto: ¿modernización o exclusión financiera?

Tres de cada diez pagos con tarjeta ya ocurren sin tocar el dispositivo. Pero mientras las grandes ciudades abrazan la tecnología, persisten brechas de acceso que amenazan con profundizar desigualdades.
México acelera transiciones sin contacto: ¿modernización o exclusión financiera?

El boom del pago sin contacto en México: más rápido, pero ¿para quién?

México está experimentando una transformación acelerada en cómo sus ciudadanos intercambian dinero. Según datos recientes, el 30% de las transacciones con tarjeta en el comercio local ya ocurren sin contacto físico. Es un salto significativo que refleja tanto la adopción de nuevas tecnologías como cambios profundos en el comportamiento del consumidor mexicano, especialmente después de la pandemia que aceleró esta tendencia de manera dramática.

Este fenómeno no sucede en el vacío. Convergen al menos tres fuerzas simultáneamente: empresas como Visa invirtiendo en infraestructura de pago sin contacto, comercios minoristas implementando nuevas terminales, y consumidores que descubrieron la conveniencia de pagar con un gesto. Pero aquí está el punto crítico que merece atención: mientras se celebra esta modernización, hay una narrativa que no siempre se cuestiona lo suficiente.

La carrera de las fintech y las corporaciones: ¿progreso inclusivo o captura de mercado?

Las grandes empresas de pagos tienen claros incentivos para impulsar estas transacciones. Cada movimiento sin contacto genera datos, cada dato es monetizable, y cada punto de contacto digital es una oportunidad para servicios adicionales. No es malo per se, pero es importante reconocerlo. Cuando Francisco Valdivia, ejecutivo de Visa México, habla de una «estrategia de ampliación», está describiendo expansión de mercado. El lenguaje corporativo suele ser neutro, pero siempre persigue objetivos comerciales específicos.

México enfrenta una realidad peculiar en América Latina: posee tecnología de pago de clase mundial en ciudades metropolitanas, pero aproximadamente el 56% de su población adulta sigue siendo excluida del sistema bancario formal. Mientras la Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara avanzan hacia ecosistemas de pago casi completamente digitalizados, municipios en estados como Guerrero, Chiapas y Oaxaca permanecen mayormente en economía de efectivo.

¿Qué significa realmente el «30% sin contacto»?

Este número es engañosamente simple. Requiere desglosatrlo: ¿Qué tipo de comercios? Predominantemente grandes cadenas, restaurantes corporativos, gasolineras con presencia nacional. ¿Qué tipo de consumidores? Aquellos con acceso a tarjetas bancarias, crédito, smartphones compatibles. ¿Qué ciudades? Las usuales.

El pago sin contacto es una mejora genuina en experiencia de usuario. Es más rápido, más higiénico, menos susceptible a fraude de proximidad. Pero también es un recordatorio de cómo la modernización se distribuye desigualmente. Un vendedor ambulante en Iztapalapa no se beneficia de infraestructura de pago sin contacto porque no tiene acceso a las terminales. Una pequeña tienda de barrio no puede costear los equipos. Los consumidores en zonas rurales simplemente no tienen dónde usarlo.

El contexto latinoamericano: lecciones desde la región

Comparemos: Brasil aceleró su adopción de pagos instantáneos (Pix) de manera tan agresiva que en dos años logró penetración masiva incluso en micronegocios. Argentina lidia con inflación que hace que la digitalización sea un lujo, no una opción. Colombia ha visto cómo las billeteras móviles ganaron tracción en ciudades pero estancamiento en municipios. Chile lidera en Latinoamérica en adopción de pagos sin efectivo, pero con costos de acceso que excluyen a los más pobres.

México está en el medio: capacidad tecnológica instalada, pero sin políticas públicas que garanticen acceso equitativo. Eso importa porque define quién captura el valor de la digitalización.

Las preguntas incómodas que deberían hacerse

¿Dónde están los datos sobre cómo esto afecta a comercios informales? ¿Qué pasará con los trabajadores de puntos de venta cuando la automatización avance aún más? ¿Por qué no hay regulaciones claras sobre quién posee y monetiza los datos de estas transacciones? ¿Cuál es la estrategia pública—no corporativa—para garantizar que la Veracruz rural acceda a estas herramientas?

El avance tecnológico es real. El pago sin contacto es superior al efectivo en muchos aspectos. Pero confundir adopción tecnológica con progreso inclusivo es un error costoso que México no puede permitirse.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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