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Millones de mexicanos permanecen invisibles para el sistema financiero

Mientras el crédito al consumo crece, una brecha profunda deja fuera a millones de mexicanos del acceso a servicios bancarios formales.
Millones de mexicanos permanecen invisibles para el sistema financiero

La paradoja del crecimiento crediticio en México

En México existe una realidad económica dual que afecta directamente el bolsillo de millones de personas: mientras algunos sectores del crédito experimentan expansión, una porción significativa de la población sigue excluida del sistema financiero formal. Esta desconexión entre el crecimiento macroeconómico y el acceso real a servicios bancarios es uno de los desafíos más urgentes que enfrenta la economía mexicana.

El dato revelador: el crédito destinado al consumo registró un aumento anual del 7.6 por ciento en enero, mostrando aparentemente vitalidad en esta línea de financiamiento. Sin embargo, este crecimiento oculta una verdad incómoda: para la mayoría de los mexicanos, este dinero simplemente no existe. No porque no quieran acceder a él, sino porque el sistema tradicional les ha cerrado las puertas.

¿Quiénes quedan fuera del radar financiero?

Según datos de instituciones de microfinanzas y estudios del Banco Mundial, aproximadamente 56 millones de mexicanos carecen de una cuenta bancaria activa o acceso a servicios financieros formales. Estos son trabajadores informales, pequeños comerciantes, jornaleros, empleadas domésticas y emprendedores que sostienen una parte importante de la economía del país, pero que permanecen invisibles para la banca tradicional.

Para estas personas, la exclusión financiera significa pagar más por todo. Sin acceso a crédito formal, recurren a prestamistas informales que cobran tasas de interés que pueden alcanzar 20, 30 o incluso 50 por ciento anual. Un comerciante que necesita capital para ampliar su negocio no puede acceder a un crédito bancario porque no tiene historial crediticio ni garantías que respalden su solicitud. Entonces, pide dinero prestado a quien sea, pagando un precio extraordinario.

El impacto en la vida diaria

Imaginemos a Rosa, una vendedora de comida en las calles de una ciudad mexicana. Gana lo suficiente para vivir, pero no tiene dinero ahorrado. Un día, su hijo se enferma gravemente y necesita 15,000 pesos para la operación. Rosa no puede pedir un crédito en un banco: no tiene empleo formal, no tiene nómina, no tiene referencias crediticias. Entonces, debe acudir a un prestamista que le ofrece 15,000 pesos a cambio de que devuelva 22,500 pesos en seis meses. El costo emocional y financiero es devastador.

Este escenario se replica decenas de veces cada día en las ciudades y pueblos de México. La exclusión financiera no es un problema académico; es una barrera que impide que millones de personas accedan a oportunidades básicas de mejora económica.

Las cifras revelan un sistema fragmentado

El crecimiento del 7.6 por ciento en crédito al consumo beneficia primordialmente a trabajadores formales con ingresos comprobables, tarjetahabientes y personas con historial crediticio establecido. Mientras tanto, el 60 por ciento de la población económicamente activa en México trabaja en la informalidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Esta fragmentación del sistema crediticio genera una paradoja perversa: mientras se promueve el consumo a través del crédito para quienes ya tienen acceso, se perpetúa la pobreza de quienes no lo tienen. El consumo financiado se convierte en un privilegio de minorías.

Comparación regional: un problema latinoamericano

México no está solo en este dilema. En toda América Latina, la exclusión financiera afecta a aproximadamente 240 millones de personas adultas. En países como Perú, Bolivia y Nicaragua, la situación es aún más severa. Sin embargo, en economías más desarrolladas de la región, como Chile y Costa Rica, se han implementado soluciones innovadoras que han reducido significativamente la brecha de acceso.

Hacia soluciones concretas

El camino hacia la inclusión financiera requiere innovación más allá de los bancos tradicionales. Las fintech, las cooperativas de crédito y los programas de microfinanzas han demostrado ser herramientas efectivas. Algunas iniciativas mexicanas han logrado proporcionar créditos a pequeños emprendedores usando modelos alternativos de evaluación crediticia basados en el historial de pagos de servicios básicos, no solo en nóminas formales.

Sin embargo, estas soluciones aún son insuficientes y fragmentadas. Se necesita voluntad política para regular y fortalecer estas opciones, garantizando que lleguen efectivamente a quienes más las necesitan.

El costo de dejar a millones atrás

La exclusión financiera frena el crecimiento económico nacional. Cuando millones de potenciales emprendedores no pueden acceder a capital, se pierden innovaciones, empleos y dinamismo económico. Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estima que la exclusión financiera en América Latina reduce el crecimiento del PIB en aproximadamente 0.7 puntos porcentuales anuales.

El crecimiento del 7.6 por ciento en crédito al consumo es positivo, pero incompleto. Una economía verdaderamente saludable es aquella donde el acceso al crédito es una oportunidad real para todos, no un privilegio para pocos. Mientras México siga dejando fuera del radar financiero a decenas de millones de personas, seguirá perdiendo su verdadero potencial económico.

Información basada en reportes de: El Financiero

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