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China apuesta por la ‘apertura’ mientras refuerza su control tecnológico

En sus sesiones anuales, Pekín promete cooperación global pero mantiene una estrategia de autonomía digital. ¿Qué significa esto para América Latina?

La paradoja de Pekín: apertura que suena a fortaleza

Cuando los funcionarios chinos hablan de ‘autonomía y apertura’, no están necesariamente invitando a todos a la misma mesa. Durante las Dos Sesiones —el encuentro anual más importante de la política china donde se reúnen la Asamblea Popular Nacional y la Conferencia Consultiva Política— el gobierno de Xi Jinping ha estado perfeccionando un mensaje que se repite desde hace años: cooperación sí, pero bajo nuestros términos.

Para entender por qué esto importa, hay que desmenuzar qué significa ‘apertura’ en el vocabulario oficial de Pekín. No se trata de la apertura neoliberal que occidente promocionaba en los 90, donde los mercados se abren sin protecciones. Es más bien una apertura selectiva: bienvenida a los inversores, pero vigilancia total de los datos. Comercio abierto, pero cadenas de suministro bajo control estatal. Transferencia tecnológica, pero siempre filtrando qué tecnología realmente se comparte.

El contexto que necesitas: la batalla tecnológica real

Mientras Washington continúa imponiendo restricciones a empresas chinas como Huawei, SMIC y ByteDance, Pekín está consolidando lo que podría llamarse su ‘independencia tecnológica’. Las Dos Sesiones de este año suceden en un momento crucial: China está invirtiendo agresivamente en semiconductores locales, inteligencia artificial y computación cuántica. No porque quiera aislar su economía, sino porque entiende que la tecnología es poder geopolítico.

El mensaje de autonomía es, en realidad, un guiño a sus propios ciudadanos y empresas. Traducción: no dependamos tanto de tecnología extranjera. Traducción real: construyamos capacidades que nadie pueda quitarnos con sanciones.

¿Qué esconde esta narrativa de cooperación?

Los discursos sobre ‘construir juntos el futuro’ suenan bonito en los comunicados de prensa. Pero hay que observar qué está haciendo China simultáneamente. Mientras promete apertura comercial, está restringiendo el acceso a datos de ciudadanos chinos a empresas extranjeras. Mientras invita inversión, implementa regulaciones cada vez más estrictas sobre qué pueden hacer las corporaciones internacionales dentro de sus fronteras.

Esto no es hipocresía única de China —todo país grande juega este juego. Pero pocos lo hacen con la coordinación y escala de Pekín. Y pocos tienen tanto que ganar o perder en tecnología.

¿Por qué debería importarle a América Latina?

Aquí está el quid: América Latina ha sido testigo de cómo China usa estos mensajes de cooperación para construir influencia real. Inversiones en infraestructura, préstamos para megaproyectos, participación en tecnología 5G. Mientras tanto, los datos de ciudadanos latinoamericanos fluyen hacia servidores chinos, y las alternativas tecnológicas occidentales —dominadas por Meta, Google, Amazon— tampoco respetan la privacidad.

La región se encuentra atrapada entre dos potencias que hablan de apertura pero practican control. China ofrece dinero e infraestructura, pero con strings attached. Estados Unidos ofrece tecnología, pero con vigilancia integrada. Y América Latina, como siempre, debe negociar en una posición más débil.

Las preguntas que el comunicado oficial no responde

¿Qué tipo de ‘futuro compartido’ está construyendo China? ¿Uno donde sus estándares tecnológicos se vuelven globales? ¿Donde sus métodos de gobernanza digital se exportan? La historia sugiere que sí. Cuando Pekín habla de ‘abrir mercados’, también está trabajando para que esos mercados usen soluciones chinas.

La verdadera apertura requeriría transparencia en algoritmos, derecho a la privacidad, y competencia equitativa. Lo que vemos es más bien una competencia por quién controla mejor la infraestructura digital global.

Lo que viene

Los próximos años determinarán si esta ‘autonomía y apertura’ es un modelo sostenible o simplemente un rebranding de la autarquía. Lo que está claro es que cuando los gigantes tecnológicos hablan de cooperación, siempre hay un asterisco. China no es la excepción. Apenas es más honesta sobre sus objetivos geopolíticos.

Información basada en reportes de: Jornada.com.mx

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