Martes, 7 de abril de 2026 Edición Impresa
Recientes
Paraguay juega fuerte en el ajedrez global: ¿puede crecer 7% sin caer en trampas?Alerta sanitaria: el sarampión resurgente en EE.UU. revela crisis de vacunaciónNuevo ataque contra familia LeBaron en Chihuahua reaviva crisis de seguridadMéxico enfrenta brote de sarampión con 36 muertes confirmadasCandidatos sin trayectoria electoral aspiran a consejerías del INEDesapariciones forzadas: cuando la ONU expone las grietas de un gobiernoArgentina descifra los secretos de la tortuga marina más grande del planetaParaguay apunta a duplicar su crecimiento en la encrucijada geopolítica globalParaguay juega fuerte en el ajedrez global: ¿puede crecer 7% sin caer en trampas?Alerta sanitaria: el sarampión resurgente en EE.UU. revela crisis de vacunaciónNuevo ataque contra familia LeBaron en Chihuahua reaviva crisis de seguridadMéxico enfrenta brote de sarampión con 36 muertes confirmadasCandidatos sin trayectoria electoral aspiran a consejerías del INEDesapariciones forzadas: cuando la ONU expone las grietas de un gobiernoArgentina descifra los secretos de la tortuga marina más grande del planetaParaguay apunta a duplicar su crecimiento en la encrucijada geopolítica global

Frankenstein de Del Toro: ambición visual y los riesgos del exceso

La nueva adaptación del clásico de Shelley llega a los cines con la firma inconfundible del director mexicano, nominada al Oscar pero dividida entre la belleza y la desmesura.
Frankenstein de Del Toro: ambición visual y los riesgos del exceso

Cuando la visión artística se encuentra con los límites de la narrativa

Guillermo del Toro regresa a las pantallas con una propuesta que no deja indiferente: una reinterpretación de Frankenstein que trae consigo toda la ambición estética del cineasta tapatío. La nominación a la categoría de Mejor Película en los Oscar 2026 confirma lo que ya sabíamos: del Toro sigue siendo un creador que provoca conversación, que arriesga, que se atreve a dialogar con los clásicos desde una perspectiva profundamente personal.

La pregunta que emerge al contemplar esta nueva versión es una que persigue al cine de autor desde siempre: ¿cuándo la belleza visual deviene distracción? ¿Cuándo los hallazgos estéticos se convierten en obstáculos para la historia que pretendemos contar? Estas interrogantes no son menores, especialmente cuando hablamos de una novela como la de Mary Shelley, cuya potencia reside precisamente en las capas de significado que acumula.

Una lectura visual del monstruo interior

Del Toro ha demostrado a lo largo de su carrera una capacidad singular para transformar lo monstruoso en lo hermoso. Desde Hellboy hasta La forma del agua, su cine construye puentes entre lo que rechazamos y lo que merecería nuestra compasión. En Frankenstein, esa búsqueda continúa, pero con la urgencia de quien sabe que cada frame debe justificarse a sí mismo.

Lo interesante de esta adaptación reside en cómo el director mexicano posiciona su mirada dentro del contexto contemporáneo. La novela de Shelley, escrita en 1818, hablaba del horror de la creación sin control, del científico deslumbrado por su propio poder. Hoy, en tiempos de inteligencia artificial y transformaciones biotecnológicas, esos temas adquieren una resonancia perturbadora. Una película que se ocupe de estas cuestiones no es un mero ejercicio nostálgico, sino un acto de lectura urgente del presente.

El dilema entre la forma y el fondo

Sin embargo, la crítica apunta a algo fundamental: en algún momento, la precisión visual, la cuidadosa construcción de cada plano, el virtuosismo técnico, puede eclipsar la voz narrativa. Es el riesgo que corre todo creador visual cuando se aproxima a textos que trascienden su época no por lo que muestran, sino por lo que sugieren, por lo que dejan en suspenso.

Frankenstein es, en esencia, una novela sobre la soledad. La de Victor frente a su creación, la del Monstruo frente a un mundo que lo rechaza. Son momentos de intimidad devastadora, de silencio cargado de significado. La pregunta que surge es: ¿cómo traducir esa economía emocional en un medio que, en manos de del Toro, tiende a la orquestación, a la elaboración visual constante?

El contexto de una nominación

Que el film haya recibido una nominación a la Mejor Película habla de varias cosas. Primero, que la Academia continúa reconociendo la visión de directores que no temen tomar riesgos formales. Segundo, que existe un espacio, aunque cada vez más disputado, para el cine de propósito artístico dentro de los grandes estudios. Tercero, que Frankenstein como fuente inspirativa sigue siendo un territorio fértil para reflexiones sobre lo humano y lo posthumano.

En Latinoamérica, donde la influencia del cine de del Toro es particularmente notable, esta película adquiere una importancia adicional. Aquí, en nuestras geografías de realismo mágico y traumas históricos, los monstruos no son fantasía: son metáforas vivas. Un creador mexicano que se acerca a Shelley desde su propia sensibilidad es un acto de diálogo cultural que merece atención seria.

Dónde y cuándo verla

Para quienes deseen formarse su propio juicio, la película se encuentra disponible en circuito de cines comerciales y en las principales plataformas de streaming. La invitación es clara: no acudir esperando una adaptación convencional, sino una conversación entre del Toro y Shelley mediada por la pantalla.

Reflexión final

Quizás lo más valioso de Frankenstein no sea que haya logrado resolver la tensión entre forma y fondo, sino que se atreve a plantearla públicamente. En un panorama cinematográfico saturado de fórmulas probadas, una película que genera dudas, que provoca estos cuestionamientos, merece ser vista, debatida y, sobre todo, pensada. Porque eso, al final, es lo que hacemos con los clásicos: los reinterpretamos para entendernos mejor a nosotros mismos.

Información basada en reportes de: La Nacion

🗞️
Edición Impresa Leer ahora →