El grito de las mujeres que conocen el dolor
En las calles de San Cristóbal de Las Casas resonó nuevamente la voz de quienes se rehúsan a callar. Cuatrocientas mujeres de la organización Sociedad Civil Las Abejas de Acteal tomaron las avenidas en conmemoración del Día Internacional de la Mujer, portando carteles y consignas que denunciaban una realidad que lacera las comunidades indígenas chiapanecas: la violencia machista que cobra vidas, familias y esperanzas cada día.
Este movimiento no surge del vacío. Las Abejas de Acteal cargan en su historia colectiva una de las heridas más profundas de México contemporáneo. En 1997, la masacre de Acteal dejó 45 personas asesinadas, la mayoría mujeres y menores de edad. Más de dos décadas después, esas mismas mujeres y sus hijas continúan exigiendo justicia, verdad y un alto a la violencia que persiste en sus territorios.
Violencia que no cesa: feminicidios y desapariciones
La marcha de este 8 de marzo no fue un acto simbólico vacío. Fue un grito de denuncia contra los feminicidios que siguen sumándose a las estadísticas nacionales con rostros, nombres y familias destrozadas. Fue también un reclamo por los secuestros que sacan a mujeres de sus comunidades, frecuentemente ligados a redes de trata de personas que operan en Chiapas sin castigo efectivo.
En Chiapas, frontera sur donde convergen rutas de violencia organizada y vulnerabilidades estructurales, las mujeres indígenas enfrentan una triple discriminación: por ser mujeres, por ser indígenas y por habitar territorios donde el Estado ha mostrado históricamente una presencia selectiva y poco protectora.
Las cifras son desgarradoras. México sigue siendo uno de los países latinoamericanos con mayor cantidad de feminicidios. En Chiapas específicamente, la violencia hacia las mujeres se entremezcla con conflictos agrarios, competencia entre grupos criminales y una impunidad que llega al 90 por ciento en casos de violencia de género. Las mujeres mayas y de otras etnias son particularmente vulnerables porque sus denuncias frecuentemente no son escuchadas, sus idiomas no son comprendidos en instituciones de justicia, y sus derechos son considerados secundarios en un sistema que ha priorizado históricamente otros intereses.
La resistencia de quienes enfrentan lo inefable
Pero Las Abejas de Acteal representan algo más que víctimas. Son constructoras de memoria, defensoras de derechos humanos que se niegan a permitir que la violencia normalice sus vidas. Su organización ha trabajado durante décadas en procesos de sanación comunitaria, exigencia de justicia y acompañamiento a víctimas.
La marcha del 8-M de este año se sumó a movimientos similares en toda Latinoamérica, donde millones de mujeres salieron a las calles para visibilizar la violencia que padecen. Pero la de Chiapas tiene particularidades: es la voz de comunidades que además de enfrentar violencia de género, enfrentan abandono estatal, marginación económica y despojo territorial.
Un llamado que trasciende fronteras
El mensaje de estas 400 mujeres es claro: la violencia contra ellas no es inevitable, no es cultural, no es responsabilidad suya. Es resultado de sistemas que perpetúan la desigualdad, de impunidad institucional y de la falta de voluntad política para transformar las relaciones de poder que colocan a las mujeres en situación de riesgo.
En un contexto donde México registra un feminicidio cada tres horas, donde el 66 por ciento de las mujeres ha experimentado algún tipo de violencia, y donde las comunidades indígenas enfrentan tasas aún más alarmantes, el movimiento de Las Abejas de Acteal representa una luz de dignidad. Es la insistencia en que otro México es posible, donde la vida de las mujeres sea sagrada, donde la justicia sea real, y donde la impunidad finalmente termine.
Estas mujeres marcharon por sus compañeras asesinadas, por sus hijas secuestradas, por las que aún esperan verdad y justicia. Marcharon también por una transformación profunda que solo es posible cuando nos miramos a los ojos y decimos: aquí, en estas calles, en nuestras comunidades, la violencia no tiene cabida.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx