Cuando el feminismo se reinventa en la adversidad
Este 8 de marzo, las calles de México volvieron a teñirse de morado, pero esta vez bajo un cielo más turbulento que en años anteriores. Las marchas por el Día Internacional de la Mujer no fueron solo celebración de avances; fueron también acto de resistencia ante un escenario global convulsionado donde los derechos de las mujeres enfrentan presiones simultáneas desde múltiples frentes.
La polarización política mundial ha llegado a nuestras ciudades con una intensidad sin precedentes. En Europa, Asia y América Latina, fuerzas políticas de extrema derecha ganan terreno, trayendo consigo discursos que buscan reversar décadas de luchas feministas. Mientras tanto, guerras en Oriente Medio y Europa generan una crisis humanitaria que afecta desproporcionadamente a mujeres y niñas, recordándonos que la igualdad de género no es un lujo, sino una necesidad para la paz mundial.
La diversidad como fortaleza del movimiento
Lo que caracterizó las movilizaciones de este 2024 fue la multiplicidad de voces bajo un mismo paraguas. No fue una marcha monolítica, sino un caleidoscopio de luchas: indígenas reclamando territorios y derechos ancestrales, trabajadoras del hogar demandando formalización, madres buscando justicia por desapariciones, comunidad LGBTQ+ exigiendo reconocimiento, jóvenes preocupadas por el cambio climático que amenaza su futuro.
Esta diversidad refleja una madurez política del movimiento feminista mexicano. Ya no se trata solo de igualdad salarial o participación política, aunque estos sigan siendo urgencias innegables. Hoy se reconoce que las opresiones se interseccionan: una mujer indígena no enfrenta los mismos obstáculos que una mujer urbana de clase media; una migrante centroamericana vive realidades distintas a las de una profesionista mexicana. El feminismo que sale a las calles en 2024 entiende esto.
El contexto de México: violencia estructural y cambios políticos
Nuestro país llega a este 8M con heridas abiertas. La violencia de género sigue siendo epidemic: femicidios, desapariciones forzadas de mujeres, acoso sexual callejero que limita la libertad de movimiento. Mientras tanto, cambios en la estructura política nacional plantean interrogantes sobre qué significa avanzar hacia la igualdad en un país que sigue siendo profundamente desigual.
Las marchas de este año llevaron consignas que no pueden ignorarse: reclamos por justicia en casos de feminicidio sin resolver, demandas de presupuesto para refugios y atención a víctimas de violencia, exigencias de investigación real en casos de desaparición. No son consignas nuevas, pero adquieren mayor urgencia cuando el contexto político global se vuelve más hostil a los derechos de las mujeres.
La amenaza de la ultraderecha global
Uno de los temas centrales en las conversaciones entre manifestantes fue la preocupación por el auge de gobiernos ultraconservadores. Desde Estados Unidos hasta Brasil, desde Italia hasta Hungría, hay un movimiento coordenado de fuerzas políticas que busca limitar el acceso al aborto, reducir programas de igualdad de género y restaurar modelos familiares patriarcales. México no está aislado de estas tendencias.
Las mujeres mexicanas entienden que lo que ocurra en Washington o en otras capitales puede impactar políticas nacionales, especialmente en un país donde la influencia estadounidense sigue siendo significativa. Por eso las marchas de 2024 no fueron solo sobre México, sino un acto de solidaridad global.
Derechos reproducidos y educación sexual: batallas pendientes
Un tema que resonó fuertemente fue el acceso a educación sexual integral y derechos reproductivos. Mientras algunos países avanzan hacia la despenalización del aborto, en México sigue habiendo estados donde la ilegalidad total prevalece. Las jóvenes manifestantes clamaban por información, por autonomía sobre sus cuerpos, por futuro donde las decisiones reproductivas no sean criminalizadas.
Mirando adelante: sostenibilidad de la lucha
Las marchas son momentos de visibilidad, pero el verdadero trabajo ocurre en los 364 días restantes. Organizaciones feministas, colectivos de base, grupos de víctimas, redes de apoyo mutuo siguen tejiendo desde lo local. Desde El Caribe hasta América Central, desde México hasta el Cono Sur, el movimiento feminista latinoamericano sigue construyendo alternativas.
Este 8 de marzo de 2024 fue un recordatorio: las mujeres mexicanas siguen en la calle, siguen siendo visibles, siguen organizándose. Y lo hacen no en un contexto de victoria, sino de lucha sostenida contra adversarios reales y presentes. El feminismo mexicano no descansa, porque los derechos conquistados no están garantizados mientras exista quien quiera arrebatárnoslos.
Información basada en reportes de: El Financiero