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México apuesta por combustibles sostenibles en aviación para descarbonizar los cielos

Aeropuertos y Servicios Auxiliares lidera iniciativa nacional para integrar combustibles de aviación sustentables, alineándose con compromisos climáticos globales.
México apuesta por combustibles sostenibles en aviación para descarbonizar los cielos

México avanza en la transición verde del transporte aéreo

En un contexto donde la aviación representa aproximadamente el 2-3% de las emisiones de carbono globales, México comienza a tejer una estrategia concreta para reducir la huella climática de este sector crucial para la economía y la conectividad regional. Aeropuertos y Servicios Auxiliares, empresa estatal operadora de terminales aéreas, ha colocado en el centro de su agenda institucional el desarrollo e integración de Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF, por sus siglas en inglés), movimiento que refleja tanto presiones regulatorias internacionales como una apuesta genuina por alinearse con los compromisos climáticos asumidos por el país.

Los combustibles sostenibles para aviación representan una alternativa producida a partir de materias primas renovables como residuos agrícolas, aceites usados, biomasa o síntesis química. A diferencia del queroseno convencional, estos combustibles pueden reducir las emisiones de carbono en hasta un 80% durante su ciclo de vida, según estimaciones de organismos especializados. Aunque aún representan menos del 0.1% del combustible utilizado globalmente en aviación, la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) ha establecido metas ambiciosas para su adopción en las próximas décadas.

Un desafío regional con oportunidades locales

América Latina, con su vasta biodiversidad y potencial agroindustrial, enfrenta una oportunidad única pero también un dilema complejo. La producción de SAF requiere cadenas de suministro sofisticadas, tecnología de procesamiento avanzada e inversión significativa en infraestructura. Para México específicamente, esto abre posibilidades en regiones productoras de biomasa, desde el norte con residuos de cosechas hasta el sureste con potencial de biomasa forestal responsable. Sin embargo, el riesgo latente es replicar errores históricos: impulsar monocultivos o usar tierras destinadas a alimentos, lo que agravería la inseguridad alimentaria ya presente en el país.

La iniciativa de ASA se inscribe en un movimiento más amplio. En 2023, Brasil comenzó pruebas de SAF en vuelos comerciales aprovechando su industria azucarera. Colombia está explorando potencial en residuos de palma. Argentina examina opciones a partir de granos. Estos primeros pasos sugieren que la región no espera que las soluciones lleguen desde afuera, sino que construye capacidades propias.

Regulación, mercado y realidades operativas

La Unión Europea ya implementa mandatos para mezclar porcentajes crecientes de SAF en el combustible de aviación. Estados Unidos ofrece incentivos fiscales. México, sin embargo, requiere aún de un marco regulatorio claro que defina estándares de sustentabilidad certificados, evite greenwashing y establezca incentivos para operadores aéreos que adopten estos combustibles. El costo actual del SAF sigue siendo 2-4 veces superior al queroseno convencional, lo que sin política pública de apoyo recae inevitablemente en precios de boletos aéreos.

Para que la iniciativa de ASA prospere, será fundamental: primero, establecer alianzas con productores agrícolas e industriales nacionales; segundo, garantizar que la cadena de valor respete criterios ambientales rigurosos (no deforestación, protección hídrica, respeto a derechos indígenas); tercero, crear esquemas de financiamiento que hagan viable la transición sin comprometer la competitividad de las aerolíneas mexicanas; y cuarto, coordinar con la autoridad ambiental para que estos combustibles contribuyan efectivamente a las metas de reducción de emisiones del país.

El vuelo apenas comienza

México tiene capacidad para ser más que observador en la transición global hacia aviación descarbonizada. El liderazgo de ASA en este terreno es bienvenido, pero será insuficiente sin políticas públicas transversales, inversión privada y gobernanza que equilibre ambición ambiental con viabilidad económica y justicia social. Los cielos mexicanos pueden ser más verdes, pero solo si esta transición se construye con claridad, rigor y diálogo genuino con todas las partes.

Información basada en reportes de: Milenio

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