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México advierte a Trump: modernizar el T-MEC, no destruirlo

Empresarios mexicanos piden evitar una renegociación de fondo del tratado comercial. El cambio de gobierno en EE.UU. genera incertidumbre en las cadenas productivas.
México advierte a Trump: modernizar el T-MEC, no destruirlo

El dilema comercial que mantiene en vilo a México

A sus familias les preocupa el empleo. A los pequeños empresarios, mantener sus negocios. A las grandes corporaciones, sus márgenes de ganancia. Todos ellos comparten una ansiedad común en México: qué pasará con el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífica (T-MEC), el acuerdo comercial que sostiene buena parte de la economía del país.

La razón es simple y toca el bolsillo: aproximadamente 1 de cada 4 empleos en manufactura depende directa o indirectamente de las exportaciones hacia Estados Unidos. Cuando la estabilidad del marco legal que rige esas exportaciones se tambalea, tiembla toda la cadena. Y ahora, con cambios políticos en Washington, esa estabilidad entra en territorio incierto.

¿Qué está pidiendo México realmente?

El sector empresarial mexicano ha enviado un mensaje claro: eviten la renegociación a fondo. En su lugar, proponen modernizar los capítulos existentes del tratado, manteniéndolo como columna vertebral del comercio trilateral.

La distinción es crucial. Modernizar significa actualizar reglas específicas para adaptarse a nuevas realidades tecnológicas y comerciales. Una renegociación de fondo, en cambio, abre la puerta a cambios estructurales profundos que podrían reescribir las condiciones que han permitido que México se integre en cadenas de valor globales desde hace 30 años.

Para entenderlo en términos concretos: México exportó más de 430 mil millones de dólares en 2023, con Estados Unidos absorbiendo casi el 80% de ese total. Cualquier cambio radical en las reglas del juego podría desestabilizar esos flujos que millones de trabajadores mexicanos dependen para cobrar su salario a fin de mes.

El contexto que genera esta presión

El T-MEC entró en vigor en julio de 2020, reemplazando al viejo TLC de 1994. Su creación fue tumultuosa, con negociaciones agresivas que duraron años. Ahora, apenas cuatro años después de su implementación, surge la posibilidad de reabrirlo nuevamente.

Esto no es accidental. La administración anterior en Estados Unidos presionó fuertemente por cambios relacionados con labores, medio ambiente e inversión extranjera. México y Canadá cedieron en varios puntos. Ahora, con nuevo liderazgo político estadounidense, existe preocupación de que se abran nuevos frentes de demanda.

La experiencia histórica no es tranquilizadora. Cada renegociación comercial implica costos políticos y económicos significativos. Empresas posponen inversiones. Inversionistas extranjeros se mantienen expectantes. Los mercados financieros se vuelven volátiles.

¿Por qué la modernización es diferente?

La propuesta de modernización sin renegociación intenta navegar este dilema. Permite ajustes en áreas donde hay consenso —como comercio digital, telecomunicaciones o estándares de sostenibilidad— sin reabrir batallas sobre temas contenciosos como reglas de origen, aranceles o inversión.

Para un trabajador en una maquiladora de autopartes en Monterrey, esto significa mayor certidumbre sobre si su empresa seguirá produciendo ahí. Para un pequeño exportador agrícola, significa saber que sus productos seguirán teniendo acceso preferente a mercados estadounidenses bajo reglas conocidas.

El riesgo latinoamericano

México no negocia solo. Chile, Colombia y Perú también dependen de acuerdos comerciales con Estados Unidos. Una renegociación agresiva del T-MEC podría servir como precedente para presionar a otros países de la región. Esto amplificaría la incertidumbre en toda Latinoamérica.

Lo que sigue

Las próximas semanas serán críticas. Los empresarios mexicanos han planteado su posición. Ahora corresponde a negociadores diplomáticos defenderla. El resultado impactará directamente en salarios, empleos y oportunidades de crecimiento para millones de mexicanos que dependen del comercio internacional para prosperar.

La lección es clara: los acuerdos comerciales no son solo números en tratados. Son las raíces de la estabilidad económica cotidiana.

Información basada en reportes de: El Financiero

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