La excepción que confirma la regla en Latinoamérica
En el ecosistema de emprendimiento tecnológico de América Latina, abundan las historias de fracaso y las promesas incumplidas. Pero ocasionalmente emerge un caso que obliga a prestar atención: una empresa que no solo sobrevive, sino que escala de manera sostenible en mercados complejos. Este es el caso de Toku, la plataforma de pagos y servicios financieros que ha logrado posicionarse como uno de los mayores levantamientos de capital jamás concretados por una emprendedora en Chile.
Lo interesante no es solo el número—aunque US$ 8 mil millones en transacciones anuales es cifra digna de mención—sino el contexto en el que se logró. Estamos hablando de una empresa que opera en tres países con regulaciones distintas, culturas empresariales diferentes y grados variables de madurez en adopción digital. No es exactamente el escenario ideal que prometían los gurús de startups hace una década.
Más allá del capital: el verdadero desafío de crecer en tres países
La narrativa corporativa típica celebra los números: 250 empleados, 500 clientes empresariales, miles de millones procesados. Pero la pregunta que todo analista debe hacerse es: ¿por qué esto importa y qué nos dice realmente?
Primero, existe un problema estructural en Latinoamérica que cualquier fintech debe resolver: la desconfianza en sistemas de pago digitales. A diferencia de Asia o Europa, donde la digitalización financiera llegó con infraestructura bancaria preexistente, aquí el camino fue más tortuoso. Que una empresa logre que 500 empresas confíen en procesar transacciones a través de su plataforma no es un detalle menor. Significa haber navegado regulaciones bancarias, haciendas públicas suspicaces y una cultura empresarial acostumbrada al efectivo.
Segundo, la expansión a tres países simultáneamente revela algo sobre la naturaleza de los desafíos latinoamericanos. No es solo replicar un modelo: cada mercado exigió adaptaciones. Brasil tiene regulación abierta para fintechs pero competencia feroz. México presenta un panorama regulatorio diferente. Chile, aunque más pequeño, tiene su propia complejidad. Gestionar esto requiere un tipo distinto de capital: el capital de paciencia, algo que los inversionistas acelerados de Silicon Valley raramente poseen.
La pregunta incómoda: ¿por qué funcionó cuando otros fracasaron?
Aquí es donde la perspectiva crítica resulta necesaria. La biografía corporativa convencional hablaría de visión, determinación y buen timing. Probablemente hay algo de verdad en eso. Pero también conviene preguntarse: ¿qué privilegios estructurales permitieron que este equipo lograra lo que otros no?
El capital levantado no aparece de la nada. Cristina Etcheberry y su equipo tuvieron acceso a rondas de inversión, probablemente contaron con mentores, tal vez participaron en aceleradoras. El acceso a capital en América Latina sigue siendo desigual: concentrado en ciudades grandes, sesgado hacia ciertos sectores y definitivamente más fácil para quienes tienen redes previas.
Dicho esto, escalar operaciones en tres países sin quebrar en el intento es un logro que merece reconocimiento. Las fintech latinoamericanas suelen fracasar cuando intentan crecer demasiado rápido o cuando subestiman la complejidad regulatoria. Que una empresa llegue a procesar miles de millones anuales sugiere que aprendió a navegar esas complejidades—o al menos, que encontró socios que las entienden.
Lecciones para el ecosistema (y lo que se deja de lado)
Si hay enseñanzas aquí, algunas son obvias: persistencia, adaptabilidad, capacidad de atracción de talento. Otras son más sutiles. Por ejemplo, la importancia de no obsesionarse con el crecimiento exponencial a toda costa. Una empresa que emplea a 250 personas en tres países está generando empleos reales en Latinoamérica—algo que muchas startups unicornio nunca logran, prioridades de escala global mediante.
Pero conviene también cuestionarse qué historias no escuchamos. ¿Cuántas fintechs con ambiciones similares no consiguieron capital en ronda A y tuvieron que cerrar? ¿Cuántos emprendedores latinoamericanos con ideas igualmente válidas no tuvieron las redes correctas? La historia de éxito de una emprendedora no invalida estas preguntas; simplemente las subraya.
Hacia dónde mira el sector ahora
La consolidación de Toku como un actor relevante en fintech latinoamericana también señala una tendencia: el mercado de pagos B2B sigue siendo un terreno fértil, menos saturado que el retail. Mientras que las billeteras digitales para consumidores personales se multiplicaron—y muchas desaparecieron—las soluciones para empresas encontraron un nicho menos competitivo.
Esto no significa que el trabajo esté terminado. Regulaciones más estrictas, competencia de actores globales, y ciclos económicos volátiles en la región seguirán siendo factores de riesgo. La pregunta ahora es si Toku logra mantener su posición de liderazgo o si, como ha ocurrido con otras fintechs latinoamericanas, cede terreno a la competencia internacional o a cambios regulatorios inesperados.
Lo que está claro es que la historia de esta empresa ofrece datos valiosos para entender cómo se construye tecnología en Latinoamérica: con menos dinero que en EE.UU., más regulación que en Asia, pero con una resiliencia que, ocasionalmente, produce resultados notables.
Información basada en reportes de: Www.df.cl