Las voces de Acteal rompen el silencio en el Día de la Mujer
En las calles de San Cristóbal de Las Casas resonaron los gritos de justicia de cuatrocientas mujeres que, organizadas bajo la bandera de la Sociedad Civil Las Abejas de Acteal, salieron a marchar el pasado 8 de marzo. No fue una manifestación más; fue el grito desgarrador de una comunidad que lleva años padeciendo una violencia sistémica que las autoridades parece ignorar deliberadamente.
Acteal, municipio de Chenalhó en los Altos de Chiapas, es un territorio marcado por la tragedia. Estas mujeres no marcan el Día Internacional de la Mujer como una efeméride abstracta, sino como una oportunidad urgente para denunciar lo que viven cada día: el acecho del crimen organizado, los feminicidios que se cuentan pero no se esclarecen, los secuestros que rompen familias, y una violencia machista que se entrelaza con la impunidad.
Cuando la violencia toma rostro de mujer
En Chiapas, como en muchas regiones del país, la intersección entre la violencia de género y la criminalidad organizada crea un escenario apocalíptico para las mujeres. No se trata solo de violencia doméstica, aunque también existe. Es una violencia multifacética que incluye desapariciones forzadas, trata de personas, homicidios y un sistema de justicia que falla constantemente en protegerlas.
Las mujeres de Acteal conocen bien esta realidad. Sus historias no aparecen en los titulares nacionales con la frecuencia que merecen. Mientras ciudades grandes reciben atención mediática sobre casos de feminicidios, en los territorios rurales e indígenas de Chiapas, la violencia continúa bajo un velo de invisibilidad que la potencia aún más.
Las Abejas: tejiendo resistencia comunitaria
La Sociedad Civil Las Abejas de Acteal no es una organización cualquiera. Su existencia misma es un acto de resistencia. Surgió en un contexto de conflictividad histórica en Chiapas, consolidándose como un colectivo que defiende los derechos humanos desde la perspectiva de las comunidades indígenas y campesinas más vulnerables.
Que sean precisamente estas mujeres las que tomen las calles el 8 de marzo no es casual. Es una declaración política: que la lucha feminista no puede desconectarse de la realidad de las mujeres que viven en territorios en disputa, que sufren violencia estatal e criminal simultáneamente, y que exigen ser escuchadas con la misma intensidad que cualquier otra mujer en el país.
Feminicidios sin rostro, justicia sin camino
Uno de los aspectos más alarmantes es la falta de claridad en los casos de muertes violentas de mujeres. Muchos feminicidios en zonas como Chiapas quedan clasificados simplemente como homicidios, diluyéndose en estadísticas que no reflejan la verdadera dimensión de la crisis. Las familias de las víctimas se quedan sin respuestas, sin culpables identificados, sin justicia.
El secuestro es otra arista del terror. Cuando una mujer desaparece en regiones controladas por grupos criminales, la probabilidad de que regrese viva disminuye dramáticamente. Y si regresa, las cicatrices psicológicas y físicas marcan su vida para siempre. Estas son las amenazas cotidianas que enfrentan las mujeres de Acteal.
Un grito que exige respuesta estatal
Las autoridades deben preguntarse por qué es necesario que cuatrocientas mujeres salgan a las calles para exigir protección básica. ¿Por qué sus denuncias no generan investigaciones inmediatas? ¿Por qué los recursos de prevención y atención no llegan a estos territorios con la urgencia que merecen?
La marcha de las mujeres de Acteal no es solo un acto conmemorativo. Es una interpelación directa al Estado mexicano sobre sus responsabilidades incumplidas. Es la exigencia de que los derechos humanos lleguen también a las montañas de Chiapas, a las comunidades indígenas, a los espacios que históricamente han sido abandonados por la justicia oficial.
Latinoamérica clama por lo mismo
Lo que sucede en Chiapas se replica en territorios similares de América Latina. Desde Guatemala hasta Perú, las mujeres rurales e indígenas enfrentan una violencia amplificada por la pobreza, la marginalización y el crimen organizado. Las voces de Acteal, entonces, no son solo un reclamo local; son parte de un clamor continental por justicia y protección.
Este 8 de marzo, mientras muchas ciudades celebraban con marchas simbólicas, las mujeres de Acteal recordaron al país que la igualdad de género no es un lujo para territorios ricos y seguros, sino una necesidad urgente en espacios donde la vida misma está en riesgo.
La marcha continúa
Cuatrocientas mujeres marcharon. Sus nombres deberían resonar en los despachos de secretarías, en las fiscalías, en los medios de comunicación nacional. Porque cada una de ellas representa a muchas otras que no pudieron estar presentes: las desaparecidas, las asesinadas, las que tienen miedo de salir de casa.
La lucha de las mujeres de Acteal es la lucha por ser vistas, escuchadas y protegidas. Es la demanda de que el Estado cumpla su función básica de garantizar la vida y la seguridad de todas sus ciudadanas, sin importar dónde vivan o qué idioma hablen. Esa es la deuda pendiente que México tiene con Chiapas.
Información basada en reportes de: Jornada.com.mx