La producción de electrónicos en México enfrenta un incremento de costos operativos que alcanza hasta el 25 por ciento, según advierte la Cámara Nacional de la Industria Electrónica de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (Canieti). Este aumento directo de gastos responde a un único factor: el deterioro de las condiciones de seguridad en diversas regiones del país donde se concentra la manufactura de componentes y dispositivos electrónicos.

El problema no es académico ni abstracto. Representa una amenaza concreta para la competitividad de México en un mercado global donde márgenes de ganancia son ajustados y donde la eficiencia operativa define quién permanece y quién se va. Para una industria que históricamente ha posicionado a México como una potencia de manufactura en América Latina, estos sobrecostos generados por la inseguridad pueden significar la diferencia entre mantener una operación o relocalizarla hacia otros países.

¿Cómo la violencia impacta directamente los gastos de producción?

Los costos adicionales que enfrenta la producción de electrónicos en México no derivan de factores macroeconómicos tradicionales como fluctuaciones en el tipo de cambio o aumentos salariales. Se trata de gastos directamente vinculados a medidas de seguridad que las empresas deben implementar para proteger sus operaciones, inventarios, personal y cadenas de suministro.

Estos incluyen sistemas de vigilancia reforzados, personal de seguridad adicional, transporte blindado para mercancías, seguros especializados con coberturas más amplias, reaseguros internacionales, auditorías de seguridad externa, protecciones perimetrales mejoradas y protocolos de emergencia. Cuando la inseguridad obliga a una planta manufacturera a duplicar o triplicar su gasto en estas medidas preventivas, el impacto se refleja inmediatamente en el costo de cada componente producido.

Una empresa que fabrica circuitos integrados, pantallas, componentes para telefonía o dispositivos de red debe trasladar estos costos de seguridad al precio de venta. En mercados competitivos, eso reduce márgenes o lo hace invendible. En ambos casos, el resultado es el mismo: la empresa reconsiderará si vale la pena seguir operando en esa ubicación.

La inversión extranjera se aleja del país

La advertencia de Canieti va más allá de números actuales. Identifica un riesgo futuro crítico: la violencia está frenando la llegada de nuevos capitales internacionales hacia México. En un sector donde las decisiones de inversión se toman años en avance, donde los gobiernos de Estados Unidos, Corea del Sur, Taiwán, Japón y Europa monitorean permanentemente la estabilidad de potenciales ubicaciones manufactureras, una reputación de inseguridad operativa es un factor descalificador.

Entre 2015 y 2023, México capturó inversión extranjera directa en manufactura electrónica gracias a su proximidad con Estados Unidos, su mano de obra disponible, tratados comerciales como el T-MEC y su experiencia en cadenas de suministro. Esa ventaja comparativa se erosiona cuando los inversionistas deben incorporar un 25 por ciento adicional en presupuestos de seguridad antes de abrir una planta.

Las alternativas existen y son competitivas: Guatemala, Honduras, Costa Rica y República Dominicana también buscan capturar esta manufactura. Vietnam y Tailandia ofrecen costos laborales aún menores. India emerge como destino. Si México pierde esta oportunidad de atracción de inversiones, la producción de electrónicos en México podría contraerse de forma estructural, con efectos en empleo y exportaciones durante décadas.

Un problema de economía política local

El incremento de costos en la producción de electrónicos en México es síntoma de un problema más profundo: la fragmentación de capacidades de seguridad pública. No afecta solo a esta industria. El comercio minorista, la distribución, la logística, agricultura y turismo también reportan sobrecostos derivados de inseguridad. Pero la manufactura electrónica es particularmente sensible porque sus márgenes internacionales no pueden absorber indefinidamente aumentos de 25 por ciento.

Canieti, como gremio empresarial, expresa una preocupación legítima: que sin medidas visibles de mejora en seguridad, la decisión de nuevos inversionistas será trasladarse a otros destinos. No es una amenaza; es un diagnóstico económico basado en lógica empresarial estándar.

La respuesta requiere coordinación entre gobiernos federal, estatales y municipales en aquellas zonas donde se concentra esta industria. Sonora, Chihuahua, Nuevo León, Jalisco y Baja California han sido históricamente polos de manufactura electrónica. Si la inseguridad persiste en estas regiones, la inversión se irá donde pueda operar con menores riesgos.

Contexto para el lector mexicano

Este reporte toca un punto sensible en la competitividad de México. El país ha invertido décadas en posicionarse como proveedor confiable de manufactura electrónica para América del Norte. La producción de electrónicos en México genera empleo directo en cientos de miles de personas y empleo indirecto en proveedores, logística y servicios.

Cuando Canieti reporta que costos suben 25 por ciento por inseguridad, no es una cifra abstracta. Significa que un trabajador en una planta de componentes electrónicos podría enfrentar despidos si la empresa decide reducir operaciones. Significa que municipios que dependen de impuestos de estas industrias verían reducción de ingresos. Significa que la cadena de innovación tecnológica que México había comenzado a construir se debilita.

El sector privado, a través de Canieti, está comunicando claramente que existe un umbral de tolerancia. La producción de electrónicos en México puede absorber algunos costos de inseguridad, pero no indefinidamente. Pasado cierto punto, las empresas se van. Y una vez que se van, reconstruir esa capacidad manufacturera toma años.

Información basada en reportes de: El Financiero