Las instituciones y poder no existen solo en documentos o decretos. Viven también en las imágenes que circulan, en los gestos cuidadosamente ensayados, en la narrativa visual que cada día se construye alrededor de quienes ocupan posiciones de autoridad. Lo que sucede en España con la casa real ofrece lecciones relevantes para entender cómo funcionan los mecanismos de legitimación política en Occidente, incluida América Latina.
En las últimas semanas ha cobrado visibilidad un debate sobre la forma en que se construye y comunica la imagen de los monarcas españoles Felipe VI y Letizia. Observadores políticos han señalado que la estética y la organización de los eventos públicos que rodean a la corona parecen seguir patrones visuales que recuerdan a los utilizados durante el régimen franquista. Específicamente, se ha hecho referencia a cómo el NO-DO —el noticiario cinematográfico oficial de la dictadura— estructuraba sus reportajes: con una coreografía precisa, ángulos de cámara estratégicos y una narrativa que siempre posicionaba al poder de manera reverencial y casi teatral.
¿Qué son las instituciones y poder en la comunicación visual?
Para comprender esta preocupación, es necesario preguntarse: ¿cuándo la comunicación institucional cruza la línea hacia la politización? Las instituciones y poder están íntimamente ligadas a cómo se presentan al público. Una fotografía oficial, un video de actividades reales, la forma en que se editan y distribuyen estos contenidos, no son simplemente documentación. Son herramientas que construyen percepciones, que refuerzan o cuestionan legitimidades.
En México, hemos sido testigos de dinámicas similares. Basta recordar cómo diferentes administraciones han montado sus campañas de comunicación, cómo se fotografía y filma al presidente en actos públicos, cómo se construye una narrativa visual del poder. La pregunta de fondo es la misma: ¿las instituciones y poder se comunican o se teatralizan?
El caso español toca un nervio histórico importante. La dictadura de Francisco Franco utilizó deliberadamente la propaganda cinematográfica y fotográfica para consolidar su dominio. El NO-DO era, en esencia, cine político: cada plano estaba diseñado para reforzar la idea de un liderazgo indispensable, un orden inquebrantable, una nación bajo control. Décadas después, cuando algunos analistas observan similitudes en las estrategias de imagen de instituciones democráticas, surge la pregunta incómoda: ¿hemos dejado realmente atrás esas prácticas?
Instituciones y poder: entre la democracia y la ceremonia
Las instituciones y poder en sistemas democráticos enfrentan un dilema permanente. Necesitan comunicar autoridad —porque sin ella pierden efectividad— pero deben hacerlo respetando principios de transparencia y sometimiento a la ley. La línea es fina. Una coronación, una ceremonia de Estado, un acto protocolario: ¿son expresiones legítimas de institucionalidad o mecanismos de fetichización del poder?
En América Latina, esta tensión ha sido particularmente visible. Gobiernos democráticos que heredaron tradiciones autoritarias a menudo reproducen patrones visuales de legitimación similares a los de sus predecesores dictatoriales. Es común ver presidentes en poses que sugieren omnipotencia, rodeados de símbolos que enfatizan su distancia de los ciudadanos ordinarios, en espacios diseñados para abrumar antes que para establecer diálogo. Las instituciones y poder tienden a replicarse a sí mismas, incluso cuando cambian de manos.
El debate español cobra relevancia para México porque toca un tema que afecta la calidad de nuestras democracias: la capacidad de las instituciones públicas de comunicarse de manera que fortalezca la confianza ciudadana sin caer en la propaganda. ¿Cuándo una fotografía oficial se convierte en un instrumento de manipulación? ¿Cuándo la coreografía institucional deja de ser protocolo y se vuelve herramienta política?
La responsabilidad de quiénes ocupan instituciones y poder
Quienes asesoran a figuras públicas en cómo presentarse tienen responsabilidades éticas. Cada decisión sobre iluminación, encuadre, contexto y narrativa afecta cómo millones de personas perciben a las instituciones. En una democracia madura, esta comunicación debe ser honesta y accesible, no distante ni ceremonial hasta el punto de alienar a los ciudadanos.
El análisis que ha surgido en España sirve como advertencia: las instituciones y poder pueden degradarse cuando se prioriza la imagen sobre la sustancia, la coreografía sobre la rendición de cuentas. En México, donde la confianza institucional ya es frágil en muchos sectores, el riesgo es aún mayor. La gente necesita ver a sus instituciones como herramientas al servicio de la ciudadanía, no como templos de veneración.
La preocupación que expresan observadores españoles no es frivolidad. Es vigilancia democrática. Recordar que las instituciones y poder pertenecen al pueblo, no al revés. Que la comunicación oficial debe inspirar confianza mediante la transparencia, no admiración mediante el espectáculo.
Reflexiones para México: cómo debería comunicarse el poder
Para periodistas, ciudadanía y analistas políticos en México, este debate invita a desarrollar una mirada crítica sobre cómo se comunican las instituciones y poder en nuestro país. No se trata de perseguir a figuras públicas, sino de exigir que la comunicación institucional refuerce, no debilite, los valores democráticos.
Las instituciones y poder ganaron legitimidad histórica cuando dejaron de ser patrimonio de dinastías y se convirtieron en espacios de servicio público. Esa promesa se sostiene solo si la comunicación que hacen refleja esa realidad: autoridades accesibles, procesos transparentes, rendición de cuentas. La coreografía puede tener su lugar en ceremonias, pero nunca debe reemplazar la sustancia de la democracia.
El caso español es una lección. Las instituciones y poder que olvidan de dónde vinieron corren el riesgo de reproducir los errores del pasado, aunque sea sin intención. En México, tenemos la oportunidad de aprender de eso y construir una comunicación institucional que sea realmente democrática: cercana, honesta y siempre subordinada a la voluntad ciudadana.
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Información basada en reportes de: Eldiario.es

