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La brecha de género sigue costándole miles de millones a América Latina

Expertos de la CEPAL advierten que la desigualdad económica entre hombres y mujeres frena el desarrollo regional y perpetúa la pobreza.
La brecha de género sigue costándole miles de millones a América Latina

El costo invisible de la desigualdad

Cada 8 de marzo resurge una pregunta incómoda en América Latina: ¿cuánto nos cuesta como sociedad mantener a las mujeres fuera de las decisiones económicas? No es una pregunta retórica. Los organismos internacionales que estudian el desarrollo regional tienen números precisos, y todos apuntan en la misma dirección: la exclusión económica de las mujeres es un lastre que frena el crecimiento de toda la región.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que agrupa a 46 países del continente, ha documentado sistemáticamente cómo la brecha de género impacta directamente en el bolsillo de las familias latinoamericanas. Cuando una mujer no accede a empleos dignos, créditos o posiciones directivas, no es solo un problema individual: es un freno económico colectivo que afecta el producto interno bruto, la generación de empleo y la capacidad de las naciones para reducir la pobreza.

Números que hablan del rezago regional

Los datos son contundentes. En América Latina, la participación laboral de las mujeres ronda el 52%, mientras que la de los hombres alcanza el 75%. Esa diferencia de casi 25 puntos porcentuales representa millones de personas excluidas del mercado formal, trabajando en empleos precarios o directamente fuera de la economía oficial.

El salario promedio que perciben las mujeres en la región es entre 15% y 20% menor al de los hombres en puestos equivalentes. Para una trabajadora que gana 1.000 dólares mensuales, esto significa casi 200 dólares menos cada mes, o 2.400 dólares anuales que no ingresan a su hogar. Multiplicado por los millones de mujeres trabajadoras, estamos hablando de decenas de miles de millones de dólares que circulan menos en la economía.

La segregación ocupacional profundiza el problema. Las mujeres se concentran en sectores de menor remuneración: comercio, servicios domésticos, educación y salud. Mientras tanto, sectores de mayor productividad y salarios más altos —tecnología, construcción, manufactura pesada— permanecen mayoritariamente masculinos. Esta distribución no es casual: responde a decisiones sobre a quién se educa para qué, a patrones culturales profundos y a estructuras institucionales que no facilitan la transición de las mujeres hacia carreras técnicas y directivas.

El peso de las responsabilidades no remuneradas

Hay otro factor que los economistas muchas veces pasan por alto: el trabajo de cuidado. Las mujeres latinoamericanas dedican en promedio 3 horas diarias más que los hombres a tareas domésticas y de cuidado de menores y adultos mayores. Ese trabajo es esencial para que la sociedad funcione, pero no se traduce en ingresos ni en pensiones.

Este desequilibrio tiene consecuencias prácticas. Muchas mujeres deben elegir entre trabajar a tiempo completo o cuidar a sus hijos. Otras aceptan empleos de medio tiempo o informales que les permitan compatibilizar ambas responsabilidades, ganando menos y sin acceso a protección social. El costo de oportunidad es brutal: empleos no desarrollados, carreras no progresadas, emprendimientos que nunca despegan.

¿Qué sucede cuando las mujeres tienen más oportunidades?

Los estudios de la CEPAL muestran un patrón claro: cuando los países invierten en cerrar brechas de género —mediante educación de calidad, acceso a crédito, regulaciones que promuevan equidad salarial y políticas de cuidado compartido— el crecimiento económico acelerarse. Uruguay, Costa Rica y Chile, aunque aún lejos de la paridad, han avanzado más que otros países de la región precisamente porque priorizaron estas medidas.

Se calcula que si América Latina cerrara completamente la brecha de participación laboral entre hombres y mujeres, el PIB regional podría crecer entre 2% y 3% adicional. Para una región que promedia crecimientos modestos, eso no es marginal. Es la diferencia entre estancamiento y dinamismo, entre más pobreza y menos pobreza.

Más allá de lo moral: es economía básica

El mensaje que instituiciones como la CEPAL repiten año tras año no es principalmente moral, aunque también lo sea. Es económico. Una sociedad que deja sin desarrollar el potencial de la mitad de su población comete un acto de ineficiencia brutal.

América Latina sigue siendo una región desigual. Las mujeres siguen ganando menos, trabajando en empleos precarios, invirtiendo tiempo en cuidados no remunerados y accediendo menos a crédito y oportunidades empresariales. Mientras eso siga siendo así, toda la región paga el precio. No es un lujo cerrar brechas de género: es una necesidad económica elemental.

Información basada en reportes de: Diario EL PAIS Uruguay

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