La tentación de creer que la tecnología resuelve todo

Hay un optimismo peculiar en la noticia de que el Estado de México esté evaluando usar Olinia —el vehículo eléctrico mexicano de bajo costo— para servicios de transporte comunitario. Llevar estudiantes a escuelas, facilitar acceso a consultorios médicos, conectar personas con mercados. En la superficie, suena sensato: tecnología nacional, precio accesible, solución a problemas reales. Pero la pregunta que debería preocuparnos es si estamos confundiendo una herramienta con una estrategia.

Olinia representa algo genuinamente valioso: la capacidad de innovación en Latinoamérica. Su existencia misma desafía la narrativa de que la región solo consume tecnología ajena. Un auto eléctrico de 150,000 pesos en un mercado dominado por importaciones es un logro que merece reconocimiento. Pero aquí viene lo importante: ¿qué problema estamos realmente tratando de resolver?

La movilidad no es solo un asunto de vehículos

Durante años hemos visto cómo gobiernos locales apuestan por soluciones puntuales sin enfrentar las estructuras que generan los problemas. Un auto eléctrico bonito no resuelve lo que hace falta: planeación urbana coherente, inversión en transporte público masivo, infraestructura de últimas millas y, muy importante, regulación clara sobre cómo estos servicios operarían.

El transporte en nuestras ciudades mexicanas sufre de males crónicos: congestión, inequidad en el acceso, desconexión entre zonas residenciales y servicios esenciales. Olinia podría abordar síntomas específicos, ciertamente. Una madre en una comunidad alejada podría tener una opción más segura para llevar a su hijo a clases. Un adulto mayor podría acceder a atención médica sin esperar transporte público agotador. El mercado local dejaría de ser un lujo lejos.

Pero estos son parches en una herida que necesita cirugía sistémica.

Lo que dice esta decisión sobre nuestras prioridades

Cuando una secretaría estatal colabora con un fabricante de autos para estudiar casos de uso en servicios públicos, nos encontramos en un territorio interesante. No es malo; es revelador. Sugiere que tomadores de decisiones ven en la tecnología privada una alternativa más ágil que reformar el transporte público. Y en ciertos contextos, tienen razón. El transporte público en México enfrenta crisis de financiamiento, gestión deficiente y poca innovación.

Aquí está el dilema ético: ¿podemos permitirnos celebrar pequeñas victorias tecnológicas mientras ignoramos que las comunidades más vulnerables seguirán dependiendo de sistemas quebrados? ¿Es suficiente que un vehículo eléctrico mexicano sirva rutas selectas mientras millones dependen de transporte público deteriorado?

Una oportunidad que podría ir más lejos

No se trata de rechazar la iniciativa. Al contrario. Olinia operando en el Estado de México genera datos valiosos: eficiencia energética real, aceptación comunitaria, viabilidad económica en contextos mexicanos específicos. Eso es oro puro para un país que necesita desesperadamente demostrar que la innovación local es posible.

Pero esta prueba debería ser un punto de partida para conversaciones más amplias. ¿Cómo escalamos esto? ¿Qué política pública lo sostendría a largo plazo? ¿Cómo se integra con transporte público existente en lugar de competir con él? ¿Qué garantías hay de que no se convierta en un servicio exclusivo para zonas con capacidad de pago?

La pregunta que deberíamos hacer

Quizá lo más importante sea reconocer que la tecnología sin visión es solo un gadget costoso. Olinia tiene potencial genuino. Pero su éxito no será que algunos niños lleguen puntualmente a la escuela o que algunos pacientes accedan a médicos. Su éxito será si cataliza una transformación real en cómo pensamos la movilidad urbana en México: más equitativa, más sostenible, más conectada.

Eso requiere algo que ningún auto eléctrico por sí solo puede proporcionar: voluntad política de reimaginar las ciudades. La tecnología Mexican puede ser parte de esa historia. Pero solo si la vemos como un instrumento en una estrategia mayor, no como el destino.

El Estado de México tiene ahora la oportunidad de demostrar que sabe la diferencia.

Información basada en reportes de: Xataka.com.mx