El fenómeno Toku: cuando una idea de pagos se convierte en la apuesta más grande de Chile
En los últimos años, América Latina ha vivido una transformación silenciosa en su sistema financiero. No ocurre en los bancos tradicionales con fachadas de mármol, sino en oficinas de startups donde ingenieros y emprendedores compiten por reinventar cómo fluye el dinero. Dentro de este ecosistema, hay un nombre que aparece cada vez más en las conversaciones sobre éxito en venture capital: Toku.
Pero Toku no es un caso aislado ni una coincidencia. Representa algo más profundo sobre cómo está evolucionando el emprendimiento tecnológico en la región. Una plataforma de pagos B2B que movía hace poco más de ocho mil millones de dólares anuales, que empleaba a más de 250 personas repartidas entre tres países y que servía a 500 clientes empresariales, constituye un fenómeno digno de análisis crítico.
Lo interesante no es solo el número de dinero movilizado o la cantidad de empleados. Lo relevante es entender por qué una emprendedora sin trayectoria previa en el sector tecnológico logró construir algo que los inversores consideraban valuado en centenas de millones de dólares. Esa es la pregunta que persigue a cualquier periodista curioso en el mundo startup.
Cuando el modelo B2B gana terreno en el radar de inversionistas
Durante años, las historias de éxito en emprendimiento latinoamericano provenían de startups enfocadas en el consumidor final. Apps de delivery, marketplaces, plataformas de streaming: negocios que generaban narrativas visuales y métricas de usuarios masivos. Pero la realidad de qué tipo de empresas capturan capital institucional cuenta una historia diferente.
Las plataformas de infraestructura de pagos dirigidas a empresas ocupan un espacio peculiar. No son tan glamorosas en las portadas de revistas, pero son increíblemente rentables y estratégicas. Procesan transacciones B2B que mueven flujos de efectivo corporativos reales. Es el tipo de negocio que a los fondos de venture capital les encanta porque combina factor de escala con defensibilidad técnica y económica.
En este contexto, el ascenso de Toku refleja una maduración del mercado latinoamericano de fintech. Ya no buscamos solo democratizar finanzas para usuarios de bajos ingresos, sino también modernizar la capa de infraestructura que las empresas utilizan para transaccionar. Eso es diferente. Y es potencialmente más lucrativo.
El factor experiencia: ¿talento o narrativa conveniente?
Aquí es donde necesitamos ser críticos. El hecho de que Etcheberry llegara al mundo de fintech sin experiencia previa en el sector puede interpretarse de dos maneras radicalmente opuestas.
La versión positiva que circula en los círculos startup es la del emprendedor sin vicios mentales, sin preconcebidos sobre lo que es posible, que se atreve a construir algo que los expertos de la industria consideraban increíble. Es el relato de David contra Goliat.
Pero existe otra interpretación: quizás el acceso a capital masivo tiene menos que ver con talento sin filtros y más con factores como redes personales, timing de mercado, capacidad de rodarse con co-fundadores que sí entienden la tecnología profundamente, y obviar que vivimos en un mundo donde ciertos perfiles obtienen acceso a capital significativamente más fácil que otros. No es que Etcheberry no sea talentosa, sino que el éxito empresarial rara vez depende de un solo factor.
La realidad de escalar en tres países simultáneamente
Tener presencia operativa en Chile, México y Brasil no es un detalle menor. Es un reflejo de ambiciones serias pero también de desafíos regulatorios y de infraestructura distintos en cada mercado. México tiene un sistema de pagos que está en evolución constante. Brasil es el mercado de fintech más competitivo de la región. Chile, donde nació la empresa, enfrenta su propio set de regulaciones.
Procesar ocho mil millones de dólares anuales significa haber resuelto problemas de cumplimiento legal, seguridad cibernética, conciliación de transacciones y gestión de riesgo de fraude en múltiples jurisdicciones. Eso es operacionalmente complejo de una manera que no siempre trasciende en los comunicados de prensa.
¿Qué importa realmente en esta historia?
El fenómeno Toku importa porque evidencia que el capital de riesgo latinoamericano está apostando cada vez más a infraestructura financiera. También porque demuestra que es posible construir empresas de escala significativa servicio a empresas, no solo a consumidores. Y porque, para bien o para mal, continúa una tendencia donde el acceso a capital masivo se concentra en mercados y problemas específicos.
Lo que debería cuestionarse es si estas lecciones son replicables en otros contextos, o si nos encontramos ante un caso excepcional que ha sido elevado a mito fundacional de lo posible. La verdad probablemente esté en el medio.
Información basada en reportes de: Www.df.cl